Vicky Luengo vuelve a ponerse en la piel de Antonia Scott en Loba Negra, la segunda temporada de Reina Roja, que llega hoy a Prime Video, con la actriz y Hovik Keuchkerian de nuevo al frente del reparto. En esta nueva entrega, basada en la segunda novela de Juan Gómez-Jurado, sus personajes viajan a la Costa del Sol para investigar la desaparición de la esposa de un mafioso ruso, un caso que se complica con la aparición de una asesina a sueldo.
El regreso de la actriz llega después de un año especialmente intenso: acaba de cerrar la gira de Prima facie y prepara ya una nueva obra de teatro, Un drama romántico, escrita y dirigida por Lucía Carballal y que se estrenará en 2027. Pero si hay un lugar al que Vicky Luengo le gusta volver, es a Mallorca. Nació en Palma y vivió allí hasta los cuatro años, antes de marcharse con su familia a Barcelona, donde creció. La isla, sin embargo, sigue formando parte de su vida y de su memoria.
En una entrevista concedida a Mallorca Global Mag, Vicky Luengo explicaba que de adulta ha vuelto a la isla “menos de lo que me gustaría, solo algún verano” y que todavía tiene familia allí. Cuando le preguntaron por los lugares que más recuerda, no dudó: “Cuando era pequeña iba mucho a Alcúdia y a sus playas”.
Alcúdia es una de las bahías más bellas de todo el Mediterráneo, llena de calas solitarias, restos arqueológicos y puertos marineros a rebosar de encanto. La localidad que le da nombre conserva buena parte de su carácter medieval tras una muralla de alrededor de 1,5 kilómetros de perímetro y 6 metros de altura media. Pasear por sus calles permite descubrir antiguos casals, casas señoriales y la iglesia de Sant Jaume, que formaba parte del sistema defensivo de la villa. Junto a ella está la capilla del Santo Cristo, del siglo XV, y el museo parroquial, donde se conserva un retablo de la Virgen con San Sebastián y San Bernardino.
De la ciudad romana a una mansión llena de arte
A poca distancia del casco histórico aparecen las ruinas de Pollentia, la antigua ciudad romana que conserva parte de su trazado y permite imaginar cómo era este asentamiento: el anfiteatro excavado en la roca, una calle porticada y diferentes construcciones de carácter civil.
Otro alto en el camino es el Museo Sa Bassa Blanca, una singular mansión fortaleza situada junto a la bahía y vinculada a la pareja de artistas Yannick Vu y Ben Jakober. Su colección mezcla épocas y lenguajes: hay obras de Picasso y Chillida, un artesonado de Tarazona del siglo XV, esculturas de animales repartidas por el jardín, un autorretrato de Miquel Barceló y una colección de retratos infantiles de miembros de la realeza europea de los siglos XVI al XIX.
La Albufera y la gran playa de la bahía
Desde Alcúdia, la costa conduce hacia uno de los grandes espacios naturales del norte de Mallorca: el Parque Natural de s'Albufera, uno de los humedales insulares más importantes del Mediterráneo. Sus itinerarios señalizados se pueden recorrer a pie o en bicicleta y permiten acercarse a un territorio donde se han registrado más de doscientas especies de aves, entre ellas fochas cornudas, calamones, garzas y cigüeñuelas.
Frente al parque se extiende la playa de Muro, uno de los grandes arenales de la bahía. A sus aguas turquesas se suma una propuesta gastronómica muy mallorquina: sentarse en alguno de los restaurantes de playa y disfrutar de la cocina mediterránea.
Playas vírgenes y caminos junto al mar
La playa de Coll Baix muestra una cara más tranquila de la bahía. Está en el cabo del Pinar y el acceso final se hace a pie desde el refugio des Coll Baix, después de una bajada de unos 20 minutos. El recorrido termina en una cala de arena gruesa, aguas transparentes y paredes rocosas.
La costa continúa hacia Sa Canova, otra playa virgen bien conservada, y la cala del Camps, donde aparecen antiguos varaderos de roca y un búnker de la Guerra Civil. En el otro extremo de la bahía, desde la urbanización de Betlem, parte el camino que conduce hasta Es Caló. Son tres kilómetros que llevan hasta este pequeño puerto-refugio bajo el cabo de Farrutx, un buen lugar para contemplar el atardecer con la sierra de Tramontana al fondo.
Kilómetros de litoral intacto
Cerca de Can Picafort, ya en Santa Margalida, la playa de Es Comú permite adentrarse en un paisaje de dunas protegido por pasarelas. Y muy cerca está la finca de Son Real, propiedad del Gobierno balear, que conserva cuatro kilómetros de litoral intacto.
La finca cuenta con un centro de interpretación gratuito dedicado a la vida tradicional y a la historia del lugar, además de varios itinerarios para recorrer a pie o en bicicleta. Uno de sus elementos más singulares es la necrópolis talayótica, con 110 tumbas junto al mar.
En barco para buscar delfines
La bahía también puede descubrirse desde el agua. Empresas como Click-Mallorca (click-mallorca.com) organizan excursiones en barco con salida y llegada al puerto de Alcúdia, además de recorridos en catamarán. Entre las posibilidades está dedicar unas horas al avistamiento de delfines y cambiar la perspectiva de una costa que Victoria Luengo conoció de niña desde la orilla.
Para completar el recorrido, queda la mesa. En Alcúdia está la cocina de Maca de Castro (macadecastro.com), una de las referencias gastronómicas de la isla, mientras que en la playa de Muro, Can Gavella (cangavella.com) mantiene una propuesta mediterránea en primera línea. Dos maneras distintas de acercarse a Mallorca y, quizá, de entender por qué aquel rincón del norte de la isla quedó asociado para siempre a los recuerdos de infancia de una actriz que hoy vuelve de vez en cuando, sí, aunque sea con menos frecuencia de la que le gustaría.













