Los Grandes Duques de Luxemburgo atraviesan uno de los momentos más dulces de su historia con motivo de la consolidación de su reinado, el cual dio comienzo el pasado mes de octubre tras la abdicación de quien había sostenido los cimientos de la Corona durante casi tres décadas. Ahora, convertidos en protagonistas de su propio destino, Guillermo y Stéphanie han ejercido de anfitriones en el primer banquete de Estado de su mandato. Un acontecimiento de lo más especial en el que el encanto de la pareja ducal ha brillado en una gran noche de gala celebrada en el histórico Palacio Gran Ducal, haciendo gala de un estricto protocolo regio y desempolvando algunas de las alhajas más destacadas del joyero de la Casa de Nassau-Weilburg.
Una noche de gala en dos ejes del mundo
Mientras Felipe VI y Doña Letizia acaparaban todas las miradas con el histórico recibimiento en Madrid a Emmanuel y Brigitte Macron, presidente y primera dama de la República Francesa, en el corazón de Europa los Grandes Duques Guillermo y Stéphanie de Luxemburgo vivían su propio momento de máximo esplendor. La pareja ducal ha ejercido de anfitriona durante la primera visita de Estado de su reinado, recibiendo con los máximos honores al presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y a su esposa, Suzanne Innes-Stubb. Un encuentro del más alto nivel que no solo consolida el nuevo rumbo institucional del pequeño país del Benelux tras el relevo en el trono, sino que también confirma sus alianzas estratégicas dentro de la Unión Europea en una cita marcada por el estricto protocolo regio y las joyas más destacadas de la dinastía que se han convertido en protagonistas de esta velada de excepción.
La cena ha puesto así el broche de oro a una jornada de intensa actividad institucional, marcada por los honores militares, la emotiva ofrenda floral y una destacada agenda cultural compartida por las dos primeras damas. Se trata, además, de un acontecimiento de notable relevancia diplomática, pues hacía dieciocho años que un mandatario finlandés no realizaba una visita oficial al Gran Ducado, un hito ante el cual los anfitriones han desplegado sus mejores galas. En lo que respecta al apartado joyero —que en estas solemnes citas cobra un protagonismo equivalente al de los propios vestidos de gala—, la gran duquesa Stéphanie ha brillado con luz propia al rescatar la emblemática tiara de zafiros de la gran duquesa Josefina Carlota.
Esta magnifica pieza, integrada por deslumbrantes diamantes en talla pera y delicados zafiros procedentes del legado de la gran duquesa Hilda de Baden, destaca por un diseño de corte contemporáneo y una versatilidad excepcional, pues concebida originalmente como collar, puede transformarse en diadema según lo requiera la ocasión. Una cualidad que evoca los primeros retratos oficiales de Josefina Carlota en los años setenta y que la propia Stéphanie ya puso de manifiesto al lucirla en forma de gargantilla durante los festejos por el 80º cumpleaños de los reyes de Noruega en 2017 y en la visita de Estado de los Reyes de los Países Bajos un año después.
Esta cena de gala sirve, además, como la antesala perfecta de la próxima gran cita internacional de los reyes Felipe y Letizia: su visita de Estado a Finlandia, el mismo país que estos días cobra protagonismo en Luxemburgo. Será el próximo mes de octubre cuando Don Felipe y Doña Letizia pongan rumbo al país nórdico para realizar este viaje de Estado, un desplazamiento con un claro trasfondo diplomático que reforzará la sintonía entre Madrid y Helsinki y estrechará aún más los lazos entre ambos países y que llevará a Doña Letizia a vestirse gala y a deslumbrar como ya nos tiene acostumbrados.








