Los Grandes Duques de Luxemburgo continúan sumando hitos históricos desde su acceso al trono el pasado mes de octubre. Ahora, Guillermo y Stéphanie han iniciado una nueva etapa con el traslado de la que ha sido su residencia durante los últimos años. Pequeños pasos con los que, de la mano de los príncipes Charles y François, consolidan su papel como nuevos Grandes Duques del país, abrazando una tradición ligada al inicio de su reinado.
El paso definitivo como Grandes Duques
Guillermo y Stéphanie han protagonizado una de las imágenes más emotivas desde que el pasado mes de octubre diese inicio su reinado, tras la abdicación del Gran Duque Enrique. Con una gran sonrisa, y de la mano de los pequeños príncipes Charles y François, se han despedido del que ha sido su hogar los últimos años, el Castillo de Fischbach, el que ha sido su hogar desde 2020. Una mudanza tan tradicional como simbólica, en la que a partir de ahora pondrán rumbo hacia el Castillo de Berg, todo ello enmarcado en una gran celebración —por parte del pueblo de Fischbach— en la que además han inaugurado un monumento en honor al Gran Duque Guillermo, que el pequeño François ha desvelado al mundo ante la atenta mirada de sus padres.
Una despedida que los Grandes Duques de Luxemburgo han entrelazado en plenas celebraciones con las denominadas Joyeuses Entrées —las Cinco Entradas—, una tradición histórica que simboliza el acercamiento entre los nuevos Grandes Duques y la ciudadanía, propiciando un intercambio directo y cercano con la población que oficializa el reinado del nuevo soberano. Este nuevo hogar se convertirá en escenario de la nueva vida de la Gran Familia Ducal y provocará la salida de los Grandes Duques Enrique y María Teresa de la que ha sido su hogar en los últimos años, para dar paso a quienes ahora inician una nueva etapa en Luxemburgo. Ellos se trasladarán hasta el Castillo de Fischbach, para comenzar —de cierta manera— una nueva etapa de su retiro dorado.
La aparición de los pequeños Charles y François
Ha sido durante la recepción en los jardines del Castillo donde la pareja real se ha despedido de quienes han formado parte de su vida en estos últimos años. Allí, los pequeños príncipes han logrado acaparar todas las miradas, rodeándose de abrazos, banderas de Luxemburgo y gestos que no han pasado desapercibidos. Con gran complicidad, los pequeños han aparecido del brazo de su padre e incluso de la mano de la Gran Duquesa Stéphanie, previo a los juegos que han dado inicio al legado más simbólico de la Familia Gran Ducal.
Unas imágenes que llegan tras el reciente cumpleaños del pequeño Charles, y en las que tanto él como François han vuelto a dejar escenas de lo más espontáneas y naturales. Desde correr entre los asistentes con pequeñas banderas luxemburguesas hasta tocar un tambor o descubrir junto a sus padres el monumento dedicado al Gran Duque Guillermo, los hijos de los nuevos soberanos han mostrado su faceta más cercana durante una jornada marcada por el ambiente familiar y la cercanía con los ciudadanos.
Los detalles del nuevo hogar familiar
Los orígenes dinásticos de la Casa Nassau-Weilburg se entrelazan con esta residencia real, que nada tiene de novedosa. Sus orígenes se remontan al año 1845 —tratándose de una propiedad estatal— que en origen perteneció al rey Guillermo II de Holanda, aunque el diseño actual responde a la edificación producida entre los años 1907 y 1911, tras la completa demolición que sufrió en el siglo XX a causa de problemas estructurales. Asimismo, el castillo sufrió la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial, padeciendo graves daños que llevaron a la remodelación del edificio en 1964. No obstante, las paredes de este solemne castillo guardan profundas historias, pues el edificio ha sido testigo del nacimiento de tres soberanos del Gran Ducado: las grandes duquesas María Adelaida y Carlota, y el gran duque Juan.
Ahora, aunque estas paredes no hayan visto nacer al futuro Gran Duque de Luxemburgo, el pequeño Charles —el príncipe heredero más joven del mundo—, de apenas seis años, sí será testigo del crecimiento tanto de él como del pequeño François, pudiendo correr a través de los salones principales del castillo, formados por elementos de porcelana, plata y lámparas de cristal —legado de la gran duquesa Isabel Mijáilovna de Rusia—, que pertenece al Estado luxemburgués desde 1934. Asimismo, y aunque sea una edificación estrictamente privada, se sabe que en el interior hay una Gran Escalera que forma el eje central del edificio, así como los pisos superiores, que albergan las estancias privadas de los Grandes Duques. Un complejo rodeado de jardines que, ahora, será el lugar donde la pareja real comenzará una nueva vida.











