La última parada del metro de Bilbao esconde una villa ballenera del siglo XIII con la playa más quieta de Vizcaya


Aunque perdió su puerto por culpa de un banco de arena, el lugar ganó a cambio un arenal sin corrientes, un casco antiguo de tres calles y una costa con huellas de dinosaurio.


Puente de Plentzia, Vizcaya© Shutterstock
9 de septiembre de 2026 a las 13:33 CEST

El litoral vizcaíno dibuja a lo largo de un sinfín de kilómetros una pared continua de acantilados contra la que el Cantábrico rompe una y otra vez. Solo se interrumpe cuando algún río consigue abrirse paso hasta el mar, como es el caso del Butrón, que escarbó una de esas grietas que baja desde el interior de Uribe Kosta y desemboca formando una bahía protegida donde el agua entra en calma. En esa curva del estuario, sobre la orilla derecha, se levantó hace más de 700 años una población que llegó a armar barcos balleneros, que vio arder sus casas dos veces y que hoy vive de forma completamente distinta. 

Vista de Plentzia desde el puente, Vizcaya© Shutterstock

Para conocerla, buenas noticias: su accesibilidad es tan fácil que basta con bajar a cualquier estación del centro de la capital vizcaína, subirse a un vagón de la línea 1 y esperar a que el convoy acabe su recorrido. Cuando las puertas se abran por última vez, la ciudad habrá desaparecido del paisaje y lo que esperará al otro lado del andén son marismas, embarcaciones fondeadas y un pueblo al que se accede cruzando un puente peatonal.

Los orígenes de Plentzia

Los orígenes de Plentzia (que en sus orígenes se llamó Placencia de Butrón) son señoriales y estrictamente comerciales. Lope Díaz II de Haro concedió rango de villa al puerto en 1236 con la intención de impulsar el comercio, especialmente el transporte de la lana castellana que se exportaba hacia Flandes. A cambio, esta población recibió el Fuero de Logroño, garantizándole la libertad de comerciar y colocando a sus vecinos bajo protección directa del rey, lejos de la nobleza local. Sus marinos se especializaron desde el principio en la caza de ballenas y la madera de los bosques circundantes permitió desarrollar pronto una notable industria de astillero, que ni el incendio de 1437 ni otro posterior lograron frenar.

Sin embargo, las guerras del XIX y la crisis de la pesca de altura marcaron el declive, pero el golpe definitivo lo dio la propia naturaleza. La acumulación de un enorme depósito de arena en la desembocadura dejó la bocana practicable únicamente para embarcaciones de muy escaso calado, muriendo así un puerto que dejó paso a un arenal. Fue entonces cuando la proximidad a Bilbao y a Algorta atrajo a una clase social nueva que empezó a instalarse aquí en periodos vacacionales, y la villa marinera se reconvirtió en villa de veraneo. La transformación coincidió con la llegada del ferrocarril en 1893 y desde 1901 hubo servicios directos con la capital, integrándose en la red metropolitana hace tres décadas.

Paseo en vasco por la costa en el entorno de Plentzia, Vizcaya© Shutterstock
Paseo en vasco por la costa en el entorno de Plentzia.

Tres calles paralelas 

El casco antiguo conserva el esqueleto medieval, algo sorprendente para un municipio que ha crecido tanto en el último siglo. La villa se planteó sobre tres calles paralelas al cauce —Barrenkale, la de abajo; Artekale, la de en medio; y Goienkale, la de arriba—, cortadas por dos cantones transversales que conectaban la plaza de la iglesia con la orilla. Todo ello estuvo rodeado por una muralla cuyo único vestigio en pie es el arco de Santiago. Bajo ese arco se reunían los marineros para tomar decisiones, aprovechando la vista privilegiada sobre la ría. Al lado se alza la iglesia de Santa María Magdalena, levantada entre el siglo XV y principios del XVI, un templo gótico austero de tipo salón, de tres naves sin abovedar, rematado por una torre del XVI.

Panorámica de Plentzia, Vizcaya© Shutterstock

A pocos metros, la casa-torre Torrebarri guarda la pieza más singular del conjunto, el escudo de armas del linaje Múgica-Butrón, renovado en 1603, que incorpora una inscripción en euskera considerada una de las epigráficas más antiguas conservadas en esta lengua. El texto, entre bravucón y amenazante, presume de la ferocidad de los Butrón con sus enemigos y advierte al pueblo de que esté en guardia. Enfrente, el edificio que fue consistorio alberga hoy el Museo de la Villa, que merece una visita larga a través de una colección que supera las 1.450 piezas, buena parte de ellas donadas por familias del pueblo, descendientes de aquellos que frecuentaron las rutas comerciales hasta Filipinas. 

Una vida marcada por el agua

Al bajar del metro, se ha de cruzar a la orilla contraria para entrar al pueblo, y esto se hace cruzando la pasarela construida entre 1991 y 1992 en sustitución del puente viejo. La estructura metálica de unos 150 metros, con dos arcos inclinados que se juntan en la parte superior y sostienen el tablero mediante tirantes de acero, fue diseñada por el ingeniero Javier Manterola. Río arriba, en el parque Legarrondo, sobrevive el ingenio más antiguo del municipio, el molino de mareas de Gazteluondo, construido en 1506 y el más antiguo de su clase en todo el territorio. 

Puente de Plentzia, Vizcaya© Shutterstock
Puente de Plentzia

Su funcionamiento resume bien la relación de este pueblo con el agua, porque la presa se llenaba al subir la marea y, cuando el mar se retiraba, el agua almacenada salía hacia la ría accionando el rodete que molía el grano. De este modo, el molino no dependía del viento ni del caudal del río, sino del calendario lunar. El arenal que queda a continuación apenas experimenta corrientes gracias a la orientación de la bahía, lo que lo convierte en uno de los más seguros del litoral vasco, con unas aguas cuya calma contrasta con la de casi todas las playas vecinas. 

Un espigón lo separa de la playa de Gorliz, pero en marea baja ambos se funden en un solo arenal continuo. Presidiendo el conjunto se alza un edificio blanco convertido en sanatorio helioterápico para enfermos de tuberculosis ósea en 1923. En 2012, tras años de una reforma que respetó su imagen exterior, se inauguró en él la Estación Marina de la Universidad del País Vasco. 

Playa de Plentzia, Vizcaya© Shutterstock
Playa de Plentzia.

Marismas donde observar aves y acantilados con huellas de dinosaurio

A escasos metros del aparcamiento de la estación se extiende el espacio natural más valioso de todo el estuario. Las marismas de Txipio son zonas costeras bajas inundadas a diario por las mareas y cubiertas de vegetación salina, y funcionan como área de refugio y descanso para las aves migratorias. Desde mediados del siglo XIX la marisma fue rellenada artificialmente y drenada mediante canales rectilíneos para cultivarla, y cuando quedó abandonada un siglo después, la entrada de agua salada desencadenó un proceso de regeneración natural. Bajando desde Barrika hacia el pueblo, un pequeño mirador con paneles informativos permite observar a las aves que se han adueñado del lugar.

En el otro extremo de la bahía, al final del paseo de Gorliz, aparecen las llamadas dunas petrificadas de Astondo, una formación en la que los estratos dibujan ángulos distintos según la dirección que tenía el viento al sedimentar y en la que se han hallado restos fósiles de más de 6.000 años. Desde allí arranca un sendero que asciende entre pinares hasta el cabo Billano, pasando junto a las ruinas del fortín de Azkorriaga, levantado en el siglo XVIII para defender la bahía y conocido popularmente como el castillito roto, y junto a los restos de una línea defensiva de búnkeres. 

norámica de Plentzia y la costa de Gorliz, Vizcaya© Shutterstock
norámica de Plentzia y la costa de Gorliz

Lo más asombroso, sin embargo, espera en la roca, pues en estos acantilados perviven huellas fósiles de dinosaurios que caminaron hace unos cien millones de años sobre lo que entonces era una plataforma marina somera. Hacia el lado contrario, en dirección a Barrika, empieza el tramo más espectacular del flysch de Vizcaya, una franja litoral que se extiende entre Getxo y Bakio y que se formó lentamente bajo el mar, resultando en paredes de caliza, marga y arenisca fuertemente plegadas. La etapa clásica sale del pueblo y llega hasta la playa de Barrika siguiendo el Sendero Litoral Europeo E-9, unos 12 km ida y vuelta con parada en la cala de Muriola y, en marea baja, en la plataforma de abrasión, que es donde los estratos inclinados y las fallas se ven en toda su dimensión.

Acantilados cerca de Gorliz, Vizcaya© Shutterstock
Acantilados cerca de Gorliz.

Una parada en el camino

Uno de los mayores atractivos de esta escapada es que no solo la última parada de la línea es atractiva, sino que existen otras en el camino, como Areeta, en cuya salida aguarda el Puente Bizkaia, el primer puente transbordador de estructura metálica construido en el mundo. Se inauguró el 28 de julio de 1893 con diseño del arquitecto Alberto Palacio y Elissague y construcción a cargo del ingeniero francés Ferdinand Arnodin, y en 2006 la UNESCO lo inscribió en la lista del Patrimonio Mundial por considerarlo una de las obras más sobresalientes de la arquitectura del hierro surgida de la Revolución Industrial.

Puente de Vizcaya, Portugalete© Markus - stock.adobe.com

Este transbordador, un sistema en el que una barquilla suspendida se desplaza de una orilla a otra sin interrumpir la navegación por el estuario, une Portugalete con Getxo y puede cruzarse de dos maneras, subiendo a la barquilla o accediendo en ascensor a la pasarela superior, situada a más de 40 metros de altura, desde donde se abarca toda la desembocadura del Nervión.

MUY PRÁCTICO

Dónde está y cómo llegar

Plentzia está en la comarca de Uribe Kosta, a unos 25 kilómetros al noreste de Bilbao. Es la estación terminal de la línea 1 del metro.

Mejor época para viajar

De mayo a septiembre para disfrutar de la playa, aunque a principios de otoño es mejor para las rutas costeras y para ver aves en la marisma.

Tres imprescindibles

El casco antiguo con el arco de Santiago y el museo de la villa, el paseo del flysch y las dunas petrificadas de Astondo.

Qué probar

Los pintxos, un marmitako de bonito y un txakoli de la denominación Bizkaiko Txakolina.

Dónde alojarse

El hotel-restaurante Kaian, un negocio familiar a pie de puerto.

Ideal para…

Familias con niños pequeños y viajeros sin coche que quieran combinar playa, patrimonio medieval y senderismo costero.

El consejo del experto viajero

Consultar la tabla de mareas. Con la bajamar, los dos arenales se unen y el paseo se multiplica, descubriendo la rasa intermareal del flysch.