Los niños que nacieron en 2010 tienen ahora 15 ó 16 años y están ahora en plena adolescencia. Vinieron al mundo casi ya con un móvil debajo del brazo y, durante su infancia, vivieron en primera persona un evento tan excepcional como la pandemia del Covid-19. Para averiguar cómo les ha impactado todo eso y qué otras características comparte esta generación de adolescentes, hemos hablado con Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil y director de Domínguez Psicólogos (dominguezpsicologosmadrid.com). "A nivel psicológico, las personas que comparten una generación, lo que tienen en común son, unas variables sociales, según la sociedad donde hayan crecido, unos valores -o una falta de valores-y un estatus, aquello que el entorno lo que se ha premiado a nivel social y que todo el mundo desea", nos dice.
Los resquicios de la pandemia en los niños que la vivieron con 10 años
Estos adolescentes de 15 o de 16 años eran niños de 10 cuando llegó la pandemia a sus vidas. Esto, que ahora parece tan olvidado en muchos aspectos, impactó en todos los niños, pero es cierto que de manera diferente en función de la edad que tenían en ese momento. En el caso de los de la generación del 2010, habían pasado ya las etapas de absorción máxima, de aprender a hablar o de aprender a relacionarse, y tampoco habían llegado aún a la adolescencia, etapa en la que surgen otras necesidades e importantes cambios físicos y emocionales, en la que el contacto con los iguales es fundamental. Aun así, con diez años ya se dan cuenta de la gravedad que tiene el asunto por las noticias que escuchas en la tele y sí que les afecta cómo se vive a nivel social. "Por eso, yo creo que estos chavales deberían tener una conciencia como especie, de ser humano en crisis", señala Domínguez. "El resto de generaciones es más probable que, de alguna manera, nos hayamos sentido invulnerables porque nunca nos había pasado esto; está muy de moda el cientifismo y consideramos que lo podemos todo y, para muchos, supuso una cura de humildad como especie".
Es una gran ventaja adaptativa que, como generación, en lugar de pelearse con las tecnologías, las abracen y las incorporen a su día a día y las disfruten
El psicólogo recuerda que estos niños dejaron, como el resto, de salir de casa de la noche a la mañana, dejaron de ir al colegio, y eso fue "un corte" en sus vidas. Además, "vieron a sus padres que estuvieron en emergencia y, en algunos casos, con dificultades, por un lado, para sobrevivir a nivel económico y, por otro lado, para conciliar". Y comenta algo a lo que pocas veces se hace referencia y que, sin embargo, ha impactado psicológicamente en muchos niños: algunos de ellos se vieron como "un lastre", debido a la dificultad que pudieran tener sus padres para conciliar.
Abel Domínguez nos cuenta que los psicólogos están acostumbrados a encontrarse en consulta a niños que se sienten culpables por cuestiones que nada tienen que ver con algo que él o ella haya podido hacer, como el divorcio de sus padres. "Pero es verdad que no estamos preparados para entender el impacto que puede tener en los menores el hecho de que estemos sobrepasados", como ocurría en muchas familias en pandemia. Es habitual que los niños pidan a sus padres que jueguen con ellos (y para ellos esto es importante) y que los progenitores les respondan que no pueden, que están ocupados con algo más importante.
Al final muchos de estos niños lo que buscan es no molestar cuando ven a madre o a su padre que van sobrecargados, y no les piden cosas que necesitan en ese momento. “Son las consecuencias de tener padres no disponibles, que tienen la sensación de creer ser un estorbo o una molestia”.
Eso sí, todo ello no quiere decir que estos chicos arrastren consecuencias traumáticas por esa causa. "Si las ha habido, han dado la cara antes y se han traducido en problemas de ansiedad o de inseguridad", aclara Domínguez, pero en general los niños que tenían 10 años en aquella época "vivieron la pandemia con tanta calma o tanta angustia como les transmitieran sus padres".
La tecnología y su impronta psicológica en los niños que nacieron en 2010
Ya no se habla de nativos digitales y cada vez hay más expertos que reniegan de ese término, viendo los efectos negativos de las pantallas cuando acceden a ellas a edades tempranas o cuando no se hace un uso adecuado de las mismas, pero es evidente que la tecnología es algo cotidiano en sus vidas desde que nacen. "Han nacido con el chip tecnológico puesto y han vivido el boom de la Inteligencia Artificial, de modo que han normalizado hablar directamente cosas personales con la IA, preguntarle cosas con una naturalidad que al resto de las generaciones nos pasma un poco", señala Abel Domínguez. "Nos impacta porque nos genera desconfianza". Ellos, sin embargo, lo mismo comentan una preocupación con la Inteligencia Artificial a la que piden que les haga un resumen para clase. De hecho, ya están muchos están estudiando directamente con la IA y se preparan los exámenes finales o cualquier tipo de trabajo.
"Es una gran ventaja adaptativa que, como generación, en lugar de pelearse con las tecnologías, las abracen y las incorporen a su día a día y las disfruten", afirma con rotundidad. "Han nacido en la era de la inmediatez". Y esto no hace referencia solo a la cantidad de estímulos de respuesta rápida, con las inevitables consecuencias a nivel atencional, sino que influye también en lo social. El psicólogo infanto-juvenil nos pone como ejemplo la manera de comunicarse que tienen los adolescentes de ahora : "mientras a nosotros nos enviaban un SMS o un mensaje de texto el lunes y lo contestábamos el viernes sin problema, sin que hubiera una crisis social o una discusión, porque a lo mejor no teníamos saldo en el móvil, estos chavales pueden llegar a tener un una discusión fuerte o incluso a perder amistades porque no han contestado un mensaje de WhatsApp que la otra persona ha recibido, ha visto, que tiene el doble tick azul”.
Domínguez nos indica que esto genera una serie de nuevos hábitos de comunicación "en los que se permite menos el fallo, donde se posterga menos la respuesta del otro". Y otro hábito de comunicación nuevo y evidente es que "casi está penado llamar", nos dice. "Las llamadas por teléfono se les han olvidado". Les llega a parecer invasivo llamar y han puesto al mismo nivel el envío de un mensaje. "Estos chavales están tan acostumbrados a la inmediatez de los mensajes que efectivamente los equiparan", confirma el especialista. Dan por hecho que vas a estar tan atento del móvil como ellos, y esto genera una frustración importante en las dinámicas comunicacionales.
Están acostumbrados a que todo sea fácil, que todo sea cómodo, que todo sea instantáneo y, como nos comenta el psicólogo, la vida muchas veces tiene puntos en los que eso no es así, en los que hay que esperar, en los que hay que demorar el refuerzo, en los que hay que ahorrar o hay que ser pacientes. "Y, claro, estos chavales presentan una baja resistencia a la frustración; es decir, cuando fracasan, por lo general se desaniman y es un punto importante en el que tienen que trabajar".
Estos chavales pueden llegar a tener un una discusión fuerte o incluso a perder amistades porque no han contestado un mensaje de WhatsApp.
La generación de 2010 y sus fortalezas
Como sabemos, a raíz de la pandemia incrementaron enormemente los problemas de salud mental en menores de edad: ansiedad, depresión… "Estos chavales, como generación, son más sensibles a los problemas de salud mental, lo tienen mucho más incorporado, son menos de echarse los problemas a la espalda y tirar para adelante, como quizás hemos sido otras generaciones anteriores; ellos identifican esa necesidad y le hacen caso", apunta el psicólogo. "Y eso es una ventaja", subraya. "Hay quien señala esa sensibilidad como un rasgo de 'flojos' o de 'blanditos', pero realmente tendríamos que ser todos así".





