Dr. Antonio Ríos, psicoterapeuta, sobre los adolescentes: "En los últimos años, no se les ha educado a tolerar la frustración y de ahí vienen muchos problemas de salud mental"


La adolescencia es de las etapas más temidas en la crianza y muchos padres se encuentran sin recursos para afrontarla. En esta época, por los condicionantes sociales, puede ser aún más difícil acompañarla. ¿Qué hay que tener en cuenta?


Dr. Antonio Ríos, psicoterapeuta© Molina Alicante
2 de junio de 2026 a las 17:09 CEST

El paso por la adolescencia se puede convertir en un momento de máxima dificultad para muchos padres por las características en sí de esta etapa, que son necesarias, pues configuran a la persona adulta, y por la falta de preparación de muchos progenitores que esperan un mundo como el que ellos vivieron. 

Antonio Ríos es médico psicoterapeuta especializado en terapia familiar y de pareja. Acaba de publicar La travesía de la adolescencia (Ed. Plataforma), un manual para padres donde da las claves para atravesar este periodo de la mano, pero de la forma más adecuada. Hemos hablado con él.

En los últimos 20-25 años ha habido una sobreprotección brutal de los hijos, ha habido una educación en donde no se les ha educado a tolerar la frustración, y de ahí vienen muchos problemas de salud mental

Dr. Antonio Ríos, psicoterapeuta

Cuando llega la adolescencia, ante la gran transformación de sus hijos, muchos padres se preguntan: "¿Qué hemos hecho nosotros mal, o en qué nos hemos equivocado?". ¿Qué decirles sobre esos cambios y su influencia real en ellos?

Es muy importante saber que la vida tiene ciclos evolutivos y que la niñez se termina y comienza la adolescencia, y que esos cambios son normales, entran dentro del proceso de normalidad y de evolución normal. Hay que conocerlos, hay que identificarlos y hay que saber gestionarlos.

Cambia todo, dejan de ser niños, cambian físicamente, hormonalmente, emocionalmente, sexualmente, socialmente, intelectualmente, cambian los criterios, los valores que han regido su vida durante los 11 o 12 años primeros de su vida. Ellos no saben lo que son realmente, pero sí saben lo que no son y es que ya no son niños o niñas y no te volverán a mirar como un niño te miraba. 

Es otra etapa en la que empieza un proceso de búsqueda de su ser, de ir identificando quiénes son, que es el proceso de la adolescencia. Para ellos es muy importante porque cambia toda su vida y tienen que reajustarse consigo mismo; su cuerpo a veces no les gusta... Es un momento para ellos duro, difícil y que tienen que asumir, pero es un proceso normal de la naturaleza y hemos de seguir apoyándoles y acompañándoles, pero ya no como niños, sino de otro modo.

Libro La travesía de la adolescencia© Ed. Plataforma

En el libro comenta que la adolescencia en sentido estricto dura cinco años y medio. Sin embargo, parece que socialmente se alarga cada vez más, hasta pasados los 20. Desde el punto de vista del desarrollo, ¿cuál es la realidad?

Desde mi experiencia propia clínica de 35 años trabajando con familias y con adolescentes, para mí la adolescencia como tal sí que dura cinco años o cinco años y medio. Hay una adolescencia y luego termina la adolescencia y comienza la primera juventud, que es de los 18-19 a los 25 años, y luego viene la segunda juventud, que es de los 25 a los 30 años. A partir de los 18 años es un error que oigo muy a menudo, 'es que ya es adulto'. No es adulto, es un joven de primera juventud.

¿Y eso qué significa? Que tiene que madurar y hay muchos padres que confunden, que creen que al acabar la adolescencia ya van a estar maduros, ya van a pensar como un adulto, ya van a decidir las cosas de una forma madura y no es así. De hecho, la primera juventud aún es muy egocéntrica; hay conductas muy ensimismadas, muy egoístas, muy centradas en sus planes, en sus proyectos, y apenas ven alrededor de lo que hay. Hay padres que esperan que con 18 años ya sean adultos y no son adultos hasta los 30 o 30 y tantos.

La adolescencia es un proceso evolutivo con dos grandes crisis: la crisis de identidad, de los cambios que he referido en la anterior pregunta, y la crisis de afirmación del yo, 'yo ya soy mayor y quiero hacer lo que me dé la gana' y ahí viene el desafío y el conflicto en casa, con los padres sobre todo.

Adolescente haciendo una mueca mientras sus padres le dan un beso© Getty Images

¿Por qué los adolescentes de ahora necesitan o se les brinda más apoyo o acompañamiento que los de otras épocas, hasta el punto, por ejemplo, de hablar con los profesores en la etapa universitaria, en lugar de dejarlos que vuelen solos?

Esto pasó en la Universidad de Granada, que hubo que poner un cartel de que no se atendía a padres. Es increíble que un padre o una madre vaya a hablar a la universidad sobre su hijo. ¿Esto por qué se da? Porque en los últimos 20-25 años ha habido una sobreprotección brutal de los hijos, ha habido una educación en donde no se les ha educado a tolerar la frustración, no se les ha enseñado que todo no lo van a conseguir, han sido colegas de sus hijos. Y luego se le ha 'almohadillado' todo, se le ha facilitado todo. También el buenrollismo, que es la edulcoración de todo, todo hacérselo dulce, que haya buen rollo en casa.

No puede haber buen rollo en casa durante la adolescencia. Porque están haciendo procesos de afirmación del yo, de desafío, de rebeldía, de afirmar su opinión, su punto de vista, su criterio, sus gustos. Y esta sobreprotección y este colegueo y este almohadillado de todo ha hecho un porcentaje de chavales débiles, vulnerables, no preparados para la vida. Es un tremendo error educativo. Y nos vamos encontrando con los problemas de salud mental. Por lo tanto, ese es un problema sobre todo de los padres, de esa sobreprotección tan brutal que han hecho los padres sobre los hijos.

Adolescentes dándose un abrazo© Adobe Stocke

"Los conflictos con el adolescente tienen su función madurativa y adaptativa", recalca en el libro. ¿Cómo deben responder a ellos los padres?

El conflicto se genera desde esa afirmación del yo. 'Yo soy mayor, yo quiero decidir, yo quiero opinar, yo quiero salir a la hora que quiera, cuando quiera, como quiera, con quien quiera. Soy yo el que decide en mi vida'. Y te dicen: 'pasa de mí, déjame, olvídame, pesada, amargada'. Lo dicen sobre todo a la madre, que es la que a veces está más encima de los hijos. Este conflicto tiene ventajas también y tiene una función madurativa, y es que el adolescente afirma el yo suyo como válido.

Su opinión, aunque sea inmadura, potencia su seguridad al desafiar la autoridad de los padres. Valida su criterio, el suyo. Se arriesga a aceptar o equivocarse. Incluso se entrena para el futuro en no ceder sin más. 'Voy a negociarlo, voy a hablarlo, voy a comentarlo. Si luego no puedo, no puedo, pero me arriesgo, me atrevo'.

Le prepara para solucionar conflictos de la vida adulta. Pero claro, a los padres les supone un conflicto en la vida diaria, durante cinco años discutiendo con sus hijos. Por eso los padres tienen que aprender a no entrar al trapo tan rápidamente, a no entrar al cuerpo a cuerpo, a no quererles convencer inmediatamente, a no quererles decir lo que tienen que hacer porque eso lo tienen que descubrir ellos.

Adolescente estudiando en casa© Getty Images/Westend61

En esta etapa de la adolescencia, los chicos pasan por momentos muy duros, como segundo de Bachillerato, un año en el que muchos sufren problemas serios de salud mental. ¿Cómo arreglar esta situación?

Segundo de Bachillerato es un año de mucha tensión, de mucha presión y, por lo tanto, desencadenante de mucha ansiedad, que es la patología que más se ve en segundo de Bachillerato en alumnos y alumnas. Enormes crisis de ansiedad, de angustia, de preocupación por la nota de corte... ¿Qué hacer en estos casos? Tienen que prepararse en primero y en segundo, pero en cuarto de la ESO, se tendría que empezar ya a gestionar la presión que va a suponer que en dos años te juegues tu nota de corte para que puedas entrar a una universidad, a una carrera concreta.

Tiene que bajar la presión por parte del instituto, también por los padres, y prepararles a ellos en primero de Bachillerato y después en segundo a soportar la presión, a poder encajar los momentos de tensión y también a confiar en ellos mismos y en sus capacidades. Por lo que yo voy viendo en la consulta, los chavales que atiendo de segundo de Bachillerato están presionados en un grado máximo, también porque el centro educativo se juega su fama, se presenta a la PAU a alumnos que luego no aprueban. Entonces, ahí también entra la presión que el centro educativo y la burocracia y la política educativa ejercen sobre los profesores y los profesores sobre los alumnos. Habría que hacer un replanteamiento de todo esto.

Adolescentes beben un batido del mismo vaso con pajitas© Getty Images

Al margen de los estudios, ¿cuáles son los puntos más difíciles y dolorosos para los adolescentes en esta etapa y cómo acompañarlos desde la familia?

Desde mi experiencia profesional, el área que más angustia, preocupación y ansiedad les provoca a los adolescentes es el área social. Es la primera vez que experimentan en su vida el vínculo de amistad por elección. Hay chicos y chicas que ya van desde Educación Infantil juntos, también la Primaria juntos, y llegan a la Secundaria y rompen los grupos, se separan. ¿Por qué ocurre esto? Porque tienen que elegirse. En la primaria se han juntado porque van a la misma extraescolar, van al mismo colegio, sus padres son amigos y quedan los fines de semana, o van de excursión. En la secundaria es donde tienen que identificarse unos con otros y elegirse. Y esa elección es un foco de angustia y de mucha tensión, porque a veces no los eligen, o no son elegidos, o no eligen a la persona apropiada.

También es el primer amor y el primer desamor. Empieza a aparecer la sexualidad, aparece el deseo sexual, y se ven atractivos y no atractivos. Pero, claro, es siempre en el mundo social con sus iguales. Sus padres le pueden decir que son muy guapos y muy guapas, y que le queda muy bien esa ropa, pero mientras no se lo digan sus amigos o amigas, no lo van a creer, sobre todo las chicas, fundamentalmente.

Del mismo modo es difícil para ellos el ámbito familiar, por las desavenencias que ven entre progenitores y cómo a veces ven a sus progenitores enfrentarse el uno con el otro.

Padre observa a su hijo adolescente© Getty Images

Según recoge en el libro, algunos progenitores, al llegar a la adolescencia, comentan que, de haber sabido que era una etapa tan dura, se lo hubieran pensado antes de ser padres. ¿Falta información, paciencia, sobran expectativas...?

Es una expresión que se produce en un momento de angustia, de hartura, de cansancio, que es lógico en cinco o cinco años y medio que dura el proceso de la adolescencia. Sí que es verdad que a veces hay padres que no estaban preparados porque hacen referencia a su adolescencia y la recuerdan de un modo bueno, con algunos cambios y enfados con los padres, pero para nada como nos encontramos ahora.

Y es cierto, la adolescencia de ahora es muy diferente a la adolescencia de los progenitores que tienen hijos de 13, 14, 15, 16 años. Cuando ellos eran adolescentes hace 30 años, no había Internet, no había redes sociales, no había los cambios sociales que tenemos ahora ni tanta alternativa, y luego había unos valores que quedaban muy fijos como era el valor de la autoridad, del respeto por el adulto, por el profesional. En cambio, en la sociedad actual ha habido un cambio de valores, de referencias, de criterios y un influjo tremendo de Internet y las redes sociales.

Esto hace que la adolescencia de hoy sea totalmente diferente a la adolescencia de sus padres. El proceso evolutivo, psicológico, es el mismo. El de hace 30, 50 y 60 años es igual que el de ahora, pero lo que ha habido es un cambio global con la irrupción de Internet y las redes sociales, y los padres a veces no están preparados para gestionar y manejar la adolescencia actual. De ahí que pues tenga que prepararse, estudiar y leer libros como este que he publicado yo.

Adolescente con sus padres© Getty Images

¿Cuál es el secreto para mantener vínculos de forma saludable en esta etapa con los hijos?

El secreto para mantener un vínculo saludable con un adolescente se basa en pocas premisas. La primera es escuchar mucho y hablar muy poco. Escucharles a ellos, cuando vengan a hablar, aunque sea la hora más inoportuna, en el lugar más inapropiado, cuando tú estás en peores condiciones, escúchales, no hables casi, no digas nada. Después, negociar y también contener. La contención de su conducta tiene que llegar a través de la negociación.

Y por último, hay que ir a todo lo que hagan, pero de otro modo a como ibas de niño. De niño te ponías en las primeras filas, bajabas al escenario, a la cancha de deportes... Ahora no. Pero tiene que verte que estás en todo lo que él o ella hace, pero de otro modo, en la penumbra, que te vea de lejos, pero que sepa que estás ahí.

padres hablando con su hijo adolescente en un banco al aire libre© motortion - stock.adobe.com

Si no hay acuerdo entre los progenitores sobre cómo actuar en la adolescencia, ¿qué principio debería regir?

Aquí diferenciaría si los progenitores están juntos y viven con los menores en la casa o están separados. Si están juntos, la estrategia que también aquí en el libro insisto mucho, que para mí es lo más novedoso, es, si están juntos los progenitores, no tomar decisiones unilaterales. La frase 'lo hablaré con tu padre' o 'o lo hablaré con mamá y luego te diré' hay que sustituirla por 'hablaré con papá o con mamá y luego te diremos'. No descalificar y no desautorizarse delante de los menores, aprender a callarse y luego hablar a solas y negociar entre los progenitores y que haya una sola voz, es fundamental para la educación de los hijos.

Y si están separados, lo que cada uno haga en casa no se puede cuestionar por el otro progenitor, respeto absoluto por el otro, no descalificar al progenitor del cual está separado o separada y ante los hijos su padre o su madre son lo más importante, lo hacen lo mejor que saben y no se puede hacer una alianza perversa con el hijo en contra del otro progenitor. Esto es nocivo a más no poder para el menor. Si hay algo que no esté bien hecho, se va vía abogado, se habla... pero no se le dice al menor hablando mal del otro progenitor.