"La adolescencia es una etapa de transición, pero el vínculo sólido y seguro actúa como red de protección, incluso cuando parece que la comunicación se reduce al mínimo", destaca Francisco Rivera, psicólogo y manager clínico de Unobravo, plataforma de psicólogos clínicos online.
Y es que los hijos adolescentes pasan por fases en que se alejan de los padres y muestran su disconformidad hacia ellos utilizando la comunicación, de tal forma que pueden dejar de hablarles durante un tiempo para significar su enfado, rechazo o distancia en algún aspecto. Charlamos con Francisco Rivera de cómo afrontar estas situaciones.
La distancia con los padres no tiene por qué significar rechazo; es una manera de decir 'necesito descubrir quién soy', más que 'no quiero a mis padres'
¿Es habitual que los adolescentes pasen por periodos en que dejan de hablar a sus padres?
Sí, es bastante frecuente y suele generar preocupación en los padres, aunque en la mayoría de los casos forma parte del desarrollo. La adolescencia es una etapa de profundos cambios a nivel emocional, cerebral y social. Es habitual que los adolescentes atraviesen momentos de mayor hermetismo o distancia comunicativa. No necesariamente implica un problema, muchas veces responde a su necesidad de intimidad y a un proceso natural de diferenciación.
¿Forma parte de la distancia que deben poner para alejarse de ellos y forjar su propia personalidad?
En gran medida, sí. La adolescencia es el momento en el que se construye la identidad propia. Para lograrlo, el joven necesita separarse simbólicamente de sus figuras de referencia y empezar a cuestionar normas, valores y dinámicas familiares. Esa distancia no significa rechazo, sino búsqueda de autonomía. Es una manera de decir ‘’necesito descubrir quién soy’’ más que ‘’no quiero a mis padres’’.
¿Cómo reaccionar si el adolescente lo hace como forma de protesta ante un límite que se le imponga o un castigo?
Cuando el silencio se utiliza como protesta, lo más importante es no entrar en una lucha de poder. El silencio puede ser una forma de expresar enfado o frustración. Como adultos, conviene validar la emoción (‘’entiendo que estés enfadado’’) sin retirar el límite si es coherente y necesario. Mantener la calma, mostrarse disponibles y evitar respuestas impulsivas ayuda a que la situación no escale. Los adolescentes necesitan sentir que el vínculo no peligra cuando expresan su enfado. Con el tiempo, aprenden que se pueda estar en desacuerdo sin que eso rompa la relación. Muchas veces el silencio no es manipulación, sino falta de recursos emocionales para expresar lo que sienten.
¿Cuándo debe alertarnos la falta de comunicación del adolescente con los padres? ¿De qué otras actitudes puede acompañarse una situación que nos advierta de que está en riesgo?
Debemos prestar atención cuando el silencio viene acompañado de cambios significativos: aislamiento social marcado, alteraciones en el sueño o la alimentación, bajada brusca del rendimiento académico, irritabilidad extrema, apatía persistente o abandono de actividades que antes disfrutaba. Si el retraimiento es profundo y prolongado, puede estar señalando malestar emocional, ansiedad o síntomas depresivos. En esos casos, es recomendable buscar orientación profesional. Más que un cambio puntual, lo importante es observar si aparece un patrón que se mantiene en el tiempo.
¿Es normal que deje de confiar en sus padres y le cuente sus cosas a sus amigos?
Sí, es completamente normal que el grupo de iguales gane protagonismo. En la adolescencia, los amigos se convierten en el principal espacio de validación emocional. Eso no significa que los padres dejen de ser importantes, sino que el adolescente está ampliando su red de apoyo. El objetivo no es competir con los amigos, sino seguir siendo una figura segura y disponible.
¿Qué hacer en esa etapa en que los adolescentes contestan con monosílabos a sus padres?
Es una escena muy común. En estos casos, conviene revisar también cómo estamos preguntando. Interrogatorios extensos o preguntas cerradas suelen generar respuestas breves. A menudo ayuda buscar momentos más distendidos, por ejemplo, durante una actividad compartida o en el coche, y optar por preguntas abiertas y comentarios que no exijan una respuesta inmediata. A veces, el silencio no es desinterés, sino falta de energía para profundizar en ese momento. A veces un ‘bien’ o un ‘no sé’ es simplemente una forma de proteger su intimidad.
¿Cómo mantener el vínculo a pesar de que los adolescentes estén poco comunicativos con sus padres?
El vínculo se mantiene más por la actitud que por la cantidad de palabras. Mostrar interés genuino, respetar su espacio, evitar juicios constantes y generar pequeños momentos de conexión diaria es clave. Se trata de acompañar sin invadir, estar disponibles sin presionar y transmitir un mensaje claro: ‘’aunque ahora hables poco, estoy aquí para ti’’.










