Se habla habitualmente de la Generación de Cristal, pero hace unos días, Elena Ibáñez, experta en trabajos del futuro e incluida en el Top 100 de Mujeres Líderes de España, empleaba otra denominación más gráfica aún si cabe cuando le hicimos unas preguntas para un artículo sobre jóvenes que realizan entrevistas de trabajo en compañía de sus padres: Generación Burbuja. ¿Cómo son los adolescentes y los jóvenes que pertenecen a esta Generación Burbuja? ¿Qué características tienen en común y qué implica para ellos y para su futuro? Nos lo explica Carmen Martínez Conde, doctora en Sociología y coordinadora del Máster Universitario en Orientación Educativa Familiar de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
En los últimos años, cada vez hay más padres que hacen trabajos o tareas escolares de sus hijos, hay profesores universitarios que se quejan de que algunos padres acuden a las tutorías a las que deberían sus hijos… e incluso ahora cada vez se habla más de jóvenes que acuden a entrevistas de trabajo con sus padres. ¿Qué implican estos datos desde el punto de vista de la sociología?
Muestra un cambio de tendencias en un contexto en el que, los modelos de crianza se diseñan poniendo especial foco en la calidad de la atención de los hijos. También expone qué tipo de prioridades se desarrollan más de modo que, en algunos hogares, se entiende el cuidado exclusivamente como presencia y apoyo, sin poner cauces. Por otro lado, puede significar un desarraigo de los modelos educativos que se han heredado.
Es posible que, en algunos casos, esto traiga consigo una minusvaloración de lo que se hacía en tiempos pasados, con el consiguiente desarraigo. En cualquier caso, la sociología siempre nos llama a ser prudentes y a entender que la sociedad la componen individuos distintos, que forman grupos familiares únicos y que son los encargados de generar tendencias y decidir cuáles siguen.
Se evita todo tipo de imperfección, y sin embargo, esta es inevitable.
Hay quien define como ‘Generación Burbuja’ a la de los adolescentes o jóvenes que han nacido entre 1995 y 2000. ¿Ese término es reflejo real de esa generación? ¿Por qué?
Habría que ser cautelosos cuando se definen las generaciones, ya que las descripciones de un grupo social pueden ser imprecisas cuando se observan sin tener en cuenta la generalidad del contexto y su recorrido a través del tiempo. Es decir, necesitaríamos hacer una reflexión longitudinal sobre su comportamiento y sociedad en la que se desarrolla. Hasta no hace mucho, en un contexto no formal, se tenía la referencia de las décadas: los de los setenta, los ochenta, los de los noventa... Eso ha cambiado en algunos sectores, apurándose a etiquetar grupos de personas en función de tramos precisos de año de nacimiento.
El término burbuja nos lleva a pensar en un mundo de personas concretas que vivirían estáticas y dependientes, rodeadas de un ambiente ficticio y sin conexión con la realidad. Esta mirada, a veces juzgadora, no sería una descripción objetiva, sino que estos jóvenes estarían definidos a través de un prisma que pudiera distorsionar la realidad. Es decir, si bien es cierto que sí se pueden observar coincidencias de comportamiento y formas de ver la vida en función de la época en la que se nace, habría que añadir más factores hagan entender el comportamiento de esas personas y descubrir cuál es su denominador común.
¿Cómo describirías a esta generación?
Es una generación todavía joven y que, en muchos sentidos, no lo han tenido fácil. Empezaron a vivir y a madurar en un mundo individualista que se quiere apartar del dolor. Viven en una sociedad de consumo, en la que se prima lo material y lo inmediato. En su mundo falta empatía, cercanía, capacidad de asombro por la vida. Todas las generaciones han tenido sus retos particulares, pero esta en concreto, se enfrenta a crisis, pandemias, encarecimiento del coste de la vida, dificultades para formar una familia...
El desarrollo acelerado de las tecnologías ha cambiado la forma de conectarse con los demás y su uso incontrolado, o desordenado, está cambiando las formas de desenvolverse. Cada individuo y familia hacen lo que pueden en este contexto sin precedentes. Todas las generaciones, incluidas las anteriores, tienen, además, una tarea importante: entenderse y entrelazarse de manera armónica.
¿Los chicos y chicas de esa generación han estado sobreprotegidos en sus familias?
Depende del caso. Hay familias en las que lo están pasando mal, tanto material como humanamente hablando. El aprendizaje para la vida adulta tiene que ver mucho con qué tipo de sistema familiar sostiene a esa persona. Cuando se ponen retos y se expone la vida con realismo, se está dando una oportunidad de crecimiento, y todavía hay familias en las que se toma esa tarea de manera muy responsable. Quizás sí se pueda observar un cambio en ciertos comportamientos, pero habría que ponerlos en el contexto de la vida actual.
A lo largo de la historia, los jóvenes siempre han sido objeto de reflexión. Ya los pensadores clásicos hablaban de las diferencias entre generaciones. Lo que sucede es que, en la actualidad, sí se percibe un apoyo externo con el fin de evitar el dolor, los fallos y el esfuerzo que en otras épocas se manejaba con virtudes como la fortaleza, las redes familiares de apoyo y un sistema de cuidados sólido, entre otros.
También se han debilitado cuestiones tan fundamentales, humana y socialmente, como la autoridad, los límites y los vínculos familiares. Vivimos, pues, en un contexto en el que se sabe lo importante que es el cariño, lo cual es maravilloso, pero que tiene limitaciones en valorar el aprendizaje de experimentar las contrariedades de la vida y sus normas. Se evita todo tipo de imperfección, y sin embargo, esta es inevitable. Quizás esta sea la clave por la que vemos esa sobreprotección.
Cuando se ponen retos y se expone la vida con realismo, se está dando una oportunidad de crecimiento.
¿Qué diferencias hay en la manera de criar que tenían los padres de esa generación a la de padres de generaciones anteriores, como los millennials?
Una de las más grandes diferencias se debe, precisamente, la diferencia de los contextos social y familiar entre generaciones. Con esto me refiero a los cambios que se han dado en los vínculos, los sistemas de cuidados, la educación de la prole y a la tradición, entendida como respeto a la herencia de los antepasados. Todo esto se hacía de manera más comunitaria, valorando los ejemplos, viviendo en un entorno más natural, incluso circadiano si se pudiera denominar así. Conseguir resultados implicaba esfuerzo y no todo estaba al alcance de la mano. La conexión entre generaciones era mayor y el mundo giraba más lento, socialmente hablando.
Si bien es cierto que se han incluido avances que han mejorado mucho la calidad de vida, entre los que están los adelantos médicos y conocimiento pedagógico entre otros, la vida de los responsables de la crianza de los más pequeños se ha acelerado y se le ha sembrado el miedo. La confianza es fundamental para la crianza y en ella habría que animar a las nuevas generaciones de madres, padres y educadores responsables a que se apoyasen.





