Cuando un hijo adolescente tiene una adicción y un problema de salud mental: así se aborda la patología dual


Problemas serios de salud mental pueden convivir a menudo con adicciones. Hablamos entonces de otro diagnóstico, no tan conocido, por lo que suele haber un retraso en el diagnóstico que complica su evolución y abordaje


Adolescente deprimido con capucha en el sofá© Getty Images
31 de julio de 2026 a las 17:01 CEST

Cuando coexisten a la vez en la misma persona un trastorno mental y una adicción hablamos de patología dual, una realidad que también está presente en la adolescencia, aunque, a menudo, falla la detección precoz y con ella, la posibilidad de trabajar conjuntamente para abordar de forma eficaz el problema.

Hablamos de ello con dos especialistas: José Manuel Zaldúa, psicólogo, socio fundador y director de EsVidas, y con Margarita de la Paz, psicóloga de EsVidas.

Adolescente© Getty Images

¿Qué trastornos y adicciones son los más frecuentes cuando hablamos de patología dual en la adolescencia? 

Margarita de la Paz:  Cuando hablamos de adolescentes, los cuadros mentales que mayor presencia tienen son los trastornos del estado del ánimo, como la depresión o la bipolaridad; los trastornos de ansiedad y estrés postraumático; los trastornos del neurodesarrollo y del control de impulsos, como el TDAH; los trastornos de personalidad; los trastornos de conducta alimentaria y los trastornos psicóticos.

Por otro lado, si hablamos de sustancias y adicción, en los adolescentes predomina, sobre todo, el consumo de alcohol y cannabis. La primera por ser una sustancia legal y la segunda por su amplia disponibilidad.

Margarita de la Paz, psicóloga de EsVidas© EsVidas
Margarita de la Paz, psicóloga de EsVidas

¿Se diagnostica tarde la patología dual en esta etapa, al centrarse solo en una de las ramas del problema? 

José Manuel Zaldúa: El principal error en estos casos es creer que ambos cuadros son independientes y, en consecuencia, tratarlos por separado. ¿Por qué? Porque el consumo de sustancias puede enmascarar los síntomas del trastorno mental o ser el propio malestar psicológico quien esté empujando a la persona a las sustancias. Por eso, es importantísima la valoración inicial del profesional médico para así poder detectar lo antes posible ambos cuadros. Cuando solo se aborda una de las dos partes, la otra permanece activa y sigue alimentando el problema. El tratamiento adecuado en los casos de patología dual debe empezar por contemplar el abordaje simultáneo de los cuadros. 

José Manuel Zaldúa, psicólogo y director de EsVidas© EsVidas
José Manuel Zaldúa, psicólogo y director de EsVidas

¿Qué señales de alerta pueden hacer sospechar a los padres de que su hijo tiene una patología dual? 

Margarita de la Paz: Es importante mencionar que ninguna señal aislada permite confirmar la presencia de una patología dual. Sin embargo, sí existen indicadores que, de manifestarse, deberían motivar a la familia a llevar a cabo una valoración profesional, como cambios intensos en el estado de ánimo; aislamiento; ansiedad; tristeza, sensación de vacío emocional o impulsividad.

Son pensamientos y comportamientos que son difíciles de explicar solamente desde el consumo. Además, es conveniente que la familia se fije en los motivos por los que su hijo consume. Es decir, si lo hace para poder funcionar, para tranquilizarse, dormir o dejar de sentir determinados síntomas. Asimismo, los periodos sin consumo también son reveladores: cuando no producen la mejoría esperada, si el malestar psicológico continua o se hace más visible.

Chica adolescente triste bebiendo alcohol© Getty Images

¿A qué edad suele debutar la patología dual en la adolescencia? ¿También se ve en la infancia? 

Margarita de la Paz: No existe una edad concreta a partir de la cual pueda decirse que la patología dual “empieza”. Esto es así porque cada persona tiene una historia diferente, y en el campo de la salud mental es un error hablar de dos casos iguales. Por eso, la patología dual puede manifestarse en la adolescencia, pero también ser visible en la edad adulta.

Como las personas se inician mayormente en el consumo de sustancias durante la adolescencia, puede ocurrir que un joven con un trastorno mental de base, todavía latente, consuma sustancias y se manifieste. También puede suceder lo contrario: que el consumo prolongado durante años termine desarrollando un trastorno mental. Un ejemplo claro sería el consumo prolongado de cannabis y la aparición de síntomas psicóticos.

En la infancia, lo que puede manifestarse primero (aunque no siempre) es el trastorno mental o vulnerabilidad previa. Ocurre en algunos niños con TDAH, problemas de impulsividad, ansiedad o experiencias traumáticas. Es importante recalcar que la patología dual aparece cuando, además, se incorpora la conducta adictiva y ambos problemas se retroalimentan.            

Adolescente consumiendo un váper en la calle© Adobe Stock

¿Hay más riesgo cuando algún familiar directo ha tenido o tiene patología dual? 

José Manuel Zaldúa: Ambos problemas pueden compartir una raíz común relacionada con la vulnerabilidad genética, los traumas tempranos o los factores del entorno. Por tanto, los antecedentes familiares pueden indicar una mayor vulnerabilidad, aunque no significan que el adolescente vaya a desarrollar necesariamente una patología dual. No se trata de una relación automática ni de un destino inevitable.

Los antecedentes deben servir para reforzar la prevención, la observación de posibles señales y la intervención temprana. El cannabis está ligado muchas veces al debut en trastorno bipolar o trastornos psicóticos.

La familia debe fijarse en por qué consume su hijo: si lo hace para poder funcionar, para tranquilizarse, dormir o dejar de sentir determinados síntomas

Margarita de la Paz, psicóloga

¿Es el consumo el que dispara estos problemas en individuos predispuestos? 

Margarita de la Paz: No podemos afirmar que el cannabis es la única causa del trastorno bipolar o psicótico. Cada caso responde a una combinación distinta de vulnerabilidad previa, factores genéticos, historia personal, entorno y patrón de consumo. Sin embargo, en personas que tienen cierta predisposición, el cannabis sí puede actuar como un desencadenante y hacer que un trastorno latente se manifieste antes.

Por otra parte, su consumo puede intensificar síntomas que ya estaban apareciendo, como la paranoia, los delirios, las alucinaciones, la desorganización del pensamiento o los cambios extremos del estado de ánimo. Por eso, en algunos adolescentes, el primer episodio psicótico o afectivo aparece de la mano del consumo, aunque la vulnerabilidad existiera previamente. A su vez, el consumo continuado puede contribuir al desarrollo o agravamiento de problemas de salud mental en personas que no habían mostrado síntomas claros hasta entonces. No siempre es posible saber con exactitud qué apareció primero, pero sí sabemos que el cannabis puede empeorar el pronóstico, dificultar el diagnóstico e interferir en el tratamiento.

Psicóloga atendiendo a una adolescente en consulta© Getty Images

¿Cuál es el abordaje terapéutico con mayor éxito en adolescentes con patología dual? 

José Manuel Zaldúa: El abordaje más adecuado, y el que llevamos nosotros, es el tratamiento integrado. Es decir, aquel en el que la adicción y el trastorno mental se trabajan al mismo tiempo y dentro de un único plan coordinado. Tratar primero una parte y dejar la otra para más adelante es un error y puede mantener el círculo que existe entre ambas. El proceso debe comenzar con una evaluación médica, psicológica y psiquiátrica completa. A partir de ella se diseña un plan personalizado que incluya el control del consumo, el tratamiento del trastorno mental, la regulación emocional y un seguimiento continuado que permita ajustar la intervención según la evolución del menor. 

 El cannabis está ligado muchas veces al debut en trastorno bipolar o trastornos psicóticos en el adolescente

José Manuel Zaldúa, psicólogo

¿Un menor con patología dual será un adulto con patología dual? 

José Manuel Zaldúa: No necesariamente. La evolución va a depender de la combinación concreta de trastornos, de su gravedad, del consumo y de que ambas partes se identifiquen y se traten adecuadamente. Lo que aumenta el riesgo de que el problema se mantenga es tratar únicamente la adicción o únicamente el trastorno mental, porque una parte puede seguir alimentando a la otra.