Los jardines del Palacio de Buckingham han vuelto a acoger una de las tradiciones más emblemáticas de la primavera británica. En esta ocasión, los príncipes de Gales han ejercido de anfitriones en la clásica fiesta de jardín en representación del rey Carlos III. Con las bandas militares marcando el compás y el clásico té de la tarde servido en las impecables praderas de la residencia real, la cita ha reunido a miles de invitados para reconocer y celebrar su valiosa contribución a la sociedad. Kate, como acostumbra, ha estado a la altura de la ocasión con su precioso estilismo tipo cóctel, siguiendo el férreo protocolo que marca el evento.
La fiesta ha congregado a representantes de diversas fundaciones, vinculaciones militares y proyectos impulsados directamente por la pareja real, como el programa Homewards o los miembros del Ducado de Cornualles. Durante su recorrido entre los asistentes, Guillermo y Kate se han detenido a conversar con figuras inspiradoras que han transformado el dolor o el esfuerzo en motor de cambio.
La Princesa, con su sempiterna sonrisa, ha lucido un conjunto que sigue al pie de la letra el protocolo de vestido de cóctel y tocado o pamela con su look firmado por Self Portrait en binomio blanco y negro de falda de lunares, silueta evasé y tejido vaporoso; combinada con chaqueta de cuello cuadrado, doble abotonadura y la manga francesa perfecta para la temporada primaveral. La prenda de abrigo se completa con cinturón y flor en la solapa a tono. Como toque final, tocado de Mitzi Lorenz con bordado floral y lazada.
La etiqueta exige en estos compromisos diurnos, chaqué o traje oscuro para los caballeros y vestido de cóctel acompañado de un tocado o pamela para las damas. En este escenario de pura elegancia, todas las miradas se han centrado de manera inevitable en la princesa de Gales. Su aparición en el césped de Buckingham ha reafirmado su absoluto dominio de la moda diplomática, decantándose por un estilismo que fusiona el respeto por el código de vestimenta de la Casa Real con la frescura propia de las celebraciones al aire libre.
Recordamos su look más viral en el jardín
Es inevitable que nos venga a la mente esta tarde uno de sus conjuntos más celebrados e imitados: el diseño de encaje floral azul bebé, de Elie Saab, que desempolvó para la fiesta del año 2023. Con música de una banda militar en directo, los presentes disfrutaban de sus tradicionales tazas de té, sándwiches y tartas en los jardines del Palacio de Buckingham, siguiendo así una costumbre que comenzó en la década de 1860, bajo el mando de la reina Victoria. En ese momento, llegó Kate, la recién nombrada Princesa, enfundada en un delicado vestido que estrenó cuatro años antes, en las carreras hípicas de Ascot.
Lo que inicialmente parecía un precioso vestido digno de Cenicienta era, en realidad, un atuendo de dos piezas de la colección Resort 2019 del modisto libanés. La blusa destacaba por una mezcla de texturas en su composición, con lazada al cuello, detalles de macramé y un acabado transparente sobre las mangas y el escote, mientras que la falda con la que se creaba este efecto de falso vestido estaba confeccionada en tul con bordados de pequeños puntos.
Sobre su cabeza, Kate lució un tocado ladeado con una gran flor debajo del ala, en sintonía con el vestido, diseñado por el icónico sombrerero Phillip Treacy, quien estuvo a cargo de muchos de los tocados vistos el día de la coronación de Carlos III y asesora continuamente a Kate. Sabemos que la Princesa, sin embargo, encargó este modelo en concreto en 2019, pues debutó a la par que su conjunto azul celeste en la hípica.
De Ivanka Trump a la propia Zara Tindall, incontables figuras públicas le rindieron homenaje tras haber quedado flechadas por este look que aún, tres años después, merece la pena recordar.










