Con la llegada del calor, la decoración apuesta por una alternativa diferente y natural a las flores tradicionales. Elementos como las ramas, las semillas y las frutas se convierten en los nuevos protagonistas de centros de mesa, arreglos y otros espacios interiores, aportando color, un toque fresco y un estilo más desenfadado. Esta tendencia estival llena de vida el hogar y demuestra que hay un mundo decorativo fascinante más allá de las flores tradicionales. Además, son elementos fáciles de encontrar y que permiten crear composiciones muy diferentes sin necesidad de grandes cambios.
Estos son los principales elementos y variedades que triunfan esta temporada:
Los cítricos, el clásico del verano
Los limones, naranjas, limas y pomelos son una de las opciones más fáciles para llevar a cabo en lugares como un centro de mesa. Colocados en una fuente de cerámica o porcelana, dentro de un cuenco de cristal o repartidos alrededor de unas ramas, crean rincones llenos de color y aportan una sensación de frescura inmediata.
El amarillo, el naranja y el verde son colores que aportan luminosidad y consiguen ese toque mediterráneo que funciona especialmente bien en comidas que se suelen hacer al aire libre cuando hace buen tiempo. También pueden combinarse entre sí para crear composiciones sencillas pero muy llamativas, especialmente en mesas de verano.
Sandías, uvas y más frutas de temporada
Una fruta voluminosa como la sandía también puede convertirse en un elemento decorativo, sobre todo en lugares como la cocina o centros de mesa. Su color verde y rojo aporta un contraste muy llamativo y puede combinarse muy bien con otras frutas como el melón, las cerezas, los melocotones, los higos o las uvas.
Estas últimas, además de aportar un color veraniego, quedan especialmente bien colocadas en pequeños racimos o bandejas de cerámica. Una composición con diferentes frutas de temporada puede sustituir perfectamente a las flores, consiguiendo un espacio más fresco, natural y apetecible. Además, jugar con diferentes tamaños, formas y colores permite crear composiciones mucho más dinámicas y originales.
Ramas y flores secas para un estilo más natural
En cuanto a las ramas, las de olivo son una de las alternativas más elegantes. Sus hojas en tonos verdes y grisáceos aportan un aspecto mediterráneo y quedan muy bien en jarrones de cerámica o botellas de cristal situados en recibidores o salones. También las ramas de eucalipto son una buena opción, especialmente si se busca una composición más ligera y fresca.
Las ramas secas, como las de almendro, las de sauce o incluso algunas variedades de arbusto, permiten crear arreglos sencillos con más volumen. Su aspecto imperfecto hace que cada composición tenga un resultado diferente y funcionan especialmente bien para crear coronas para la puerta de casa, jarrones altos y estructuras colgantes con luces. Son, además, una opción muy versátil que puede adaptarse a diferentes estilos decorativos.
Semillas y espigas para dar un toque diferente
Las espigas de trigo, las semillas secas y las vainas de algunas plantas también pueden ocupar el lugar de las flores en un hogar. Sus diferentes tonos combinan con estilos rústicos, mediterráneos o minimalistas y funcionan muy bien para crear distintos centros de mesa rústicos, cuadros de mosaico con granos y floreros decorados con hilos o legumbres. Además, son fáciles de conservar y no necesitan agua, por lo que podrán mantenerse durante más tiempo y seguir formando parte de la decoración una vez pasado el verano.
En definitiva, el verano nos invita a abrir las puertas a una decoración más relajada, libre y conectada con la naturaleza. Sustituir las flores por frutas, ramas y semillas no solo es un recurso original y sostenible, sino una forma perfecta de celebrar la abundancia de esta época del año. Solo hace falta un poco de imaginación y un paseo por el campo para transformar por completo la atmósfera de tu casa. Al final, la belleza estival se esconde en los detalles más sencillos e imperfectos, aquellos que consiguen aportar personalidad y frescura a cualquier rincón.









