Para que todo salga perfecto en el gran día, no hay mejor decisión que ponerse en manos de profesionales capaces de escuchar, interpretar y dar forma a cada idea. Desde el vestido hasta las joyas, cada elección habla de la novia, de su personalidad y de la historia que quiere contar. Conversamos con tres creadores que conocen bien el valor de la artesanía, los detalles y el trabajo a medida. Tres nombres imprescindibles para descubrir cómo nace una pieza única y entender todo lo que sucede antes de que llegue ese esperado 'sí, quiero'.
Hannibal Laguna White
Tomar el relevo de un gran diseñador como Hannibal Laguna es un reto que se vive con respecto y gran responsabilidad, pero también con honor y felicidad. Así nos lo cuenta Sophia Villarroel, directora creativa de Hannibal Laguna White. “Continuar su legado significa cuidar ese ADN -la sofisticación, el romanticismo, la excelencia del patronaje- y, al mismo tiempo, traducirlo a una sensibilidad contemporánea”.
Formada en diseño y patronaje, Sophia siempre ha sentido fascinación por la parte más artesanal de este oficio: “Entender el cuerpo, las proporciones, los tejidos y cómo una prenda puede transformar la seguridad de una mujer”. Y de forma natural, el universo nupcial llamó a su puerta. “Hay algo profundamente emocional en ello: una novia no solo escoge un vestido, elige cómo quiere recordarse. Me enamoró esta idea desde el principio”.
En Hannibal Laguna White, diseña para mujeres que buscan sentirse elegantes, femeninas y, sobre todo, auténticas. “Trabajamos cada colección pensando en una novia concreta: cómo vive, qué le preocupa, qué sueña... A partir de ahí, definimos las siluetas, los tejidos y los detalles. Y, por supuesto, la personalización es una parte muy importante. Cada novia tiene su historia y su cuerpo, y para nosotros es esencial que el vestido se adapte a ella, no al revés”, explica.
Con una sensibilidad única y un gran talento, Sophia Villarroel, directora creativa de la firma, crea diseños elegantes, femeninos y especiales
En su imaginario nupcial, también hay espacio par las invitadas. Para ellas, crea prendas con impacto, favorecedoras y con las que puedan disfrutar muchas veces. En ambos casos, su objetivo es el mismo: “que la prenda realce, acompañe y haga sentir segura a quien la lleve”. Misión cumplida.
Yolancris
Su madre fue quien inspiró su amor por este oficio, por la paciencia y el cuidado del detalle. Yolanda y Cristina, el alma detrás de Yolancris, crecieron entre tejidos, pruebas y clientas. “Para nosotras, la costura no fue una decisión racional; fue algo orgánico, casi inevitable”, nos cuenta Yolanda, con quien nos reunimos para celebrar los más de 20 años que llevan vistiendo los sueños de muchas novias.
“Nos sentimos profundamente agradecidas. Han sido años de evolución constante, de búsqueda, de aprendizaje. Hemos vivido momentos muy intensos, desde nuestros inicios más bohemios hasta la consolidación internacional”.
“Creemos en el oficio, en el saber hacer y en la calidad que nace del tiempo y la dedicación"
Desde esos comienzos, siempre han mantenido la misma visión revolucionaria, aunque son las protagonistas de este día las que han cambiado. “Las novias de hoy son más libres. Hace 20 años, muchas seguían un patrón más establecido. Ahora buscan identidad. Son más conscientes de su estilo, están más informadas y son más valientes a la hora de elegir. Eso nos encanta, porque nos permite proponer sin límites”, explica Yolanda.
Unas novias, sensibles, pero fuertes y con personalidad, que, además, valoran la artesanía y la producción local. “Creemos en el oficio, en el saber hacer y en la calidad que nace del tiempo y la dedicación. Cada vestido pasa por muchas manos expertas antes de llegar a la novia”. ¿Lo más desafiante? Yolanda lo tiene claro: el mayor reto es encontrar ese equilibrio entre innovación y atemporalidad, cuestionando lo establecido sin perder la esencia. También para sus invitadas: “La emoción es distinta, pero el proceso creativo parte del mismo lugar: escuchar a la mujer que lo va a llevar. El objetivo, en ambos casos, es que se sienta segura, poderosa y auténtica”.
The Bright Club
Un día, paseando por las joyerías más icónicas de Nueva York, Gabriela Melguizo imaginó cómo traer a España esa estética de diamantes de gran tamaño, con presencia, a una nueva generación de clientes, democratizándolo. Así nació The Bright Club.
Su ADN: el diamante de laboratorio, que les permite trabajar su excelencia sin límites -purezas altas, tallas excelentes y quilatajes excepcionales-. Es importante aclarar que “es idéntico en composición, dureza y brillo a un diamante de minería. Se certifican bajo los mismos estándares gemológicos internacionales y por los mismos institutos”, explica.
Por ello, “cuando el diamante de laboratorio llegó a nosotros, tuvimos claro que queríamos construir algo diferente. Una firma donde fuera el centro real del diseño, trabajando siempre con las purezas y calidades más altas para crear piezas de alta joyería verdaderamente excepcionales”, explica.
“Más allá del tamañó o de la tendencia, el anillo perfecto es aquel que encaja con ele stilo y la personlidad de la novia"
Cada una de sus piedras son seleccionadas cuidadosamente y, a partir de ahí, construyen el diseño. Después, cada pieza se fabrica en España, de forma artesanal, junto a orfebres de amplia experiencia, en oro de 18 quilates o platino, y donde “la tecnología y la tradición trabajan juntas. Esa combinación es clave en nuestra identidad”, precisa Gabriela.
Su amplia experiencia -incluida la de su socio, Alfonso Martínez, con más de 30 años en el mundo del diamante-, no solo les permite crear piezas únicas y especiales, sino orientar a los novios en tan importante elección.
“Debe ser honesto con quien lo va a llevar. Más allá del tamaño o la tendencia, el anillo perfecto es aquel que encaja con el estilo y personalidad de la novia”, explica. Lo que Gabriela sí recomienda es prestar especial atención a dos características: la talla del diamante -ya que es la que determina su brillo- y el equilibrio del diseño. “Debe sentirse tan natural como su estilo”, concluye.
















