Se conocieron en Madrid y, tiempo después, se reencontraron en Miami. Su historia empezó como una bonita amistad que, poco a poco, se fue transformando en algo más profundo. "Siempre digo que, desde que conocí a Pablo, tuve una sensación difícil de explicar: la certeza de que era alguien que iba a cambiar mi vida para siempre". Quien habla es Eva Garzón, empresaria, una de las figuras más prometedoras de la industria inmobiliaria de lujo en Florida y conocida en el universo digital —donde tiene más de 2,7 millones de seguidores— por su pasión por la moda. Un pequeño escaparate de su vida en el que ya ha mostrado algunos detalles de su boda con el también empresario Pablo Fernández, celebrada el pasado mes de julio en Mallorca.
Cuatro vestidos con anécdota y mucho encaje
Mucho antes de saber cómo sería su boda, tenía claro algo: cuando llegara ese día, quería llevar una creación de Galia Lahav, Berta o Dana Harel, tres firmas que había seguido durante años y cuyos diseños había guardado como fuente de inspiración. "Siempre me ha apasionado la moda y recuerdo guardar fotos de sus diseños mucho antes de imaginar cómo sería mi boda", nos explica.
También había imaginado un enlace en dos capítulos, un motivo por el que los vestidos transformables quedaban descartados y prefería llevar dos looks diferentes. El que la acompañaría al altar lo imaginaba romántico, muy femenino y con una cola espectacular. Además, el encaje debía tener un papel protagonista. Junto al equipo de Galia Lahav, fue dando forma a un diseño completamente personalizado que convirtió en la primera prenda que llevó aquel gran día.
El segundo, pensado para bailar y disfrutar hasta el final, fue un modelo de Berta, con cuello halter, también salpicado de encaje y con detalles de pedrería. "Me sentía elegante, pero también con ganas de bailar toda la noche", nos cuenta. Fue precisamente la búsqueda de ese diseño el que dejó una anécdota que, vista ahora, parece de película. Su vuelo a Nueva York, donde está el atelier principal de la firma, se había retrasado por culpa de una tormenta. "Cuando me subí al Uber me di cuenta de que el tráfico hacía imposible llegar a tiempo. En un momento decidí bajarme, comprar un paraguas y salir corriendo por las calles de Manhattan para llegar a la cita. Llegué sin aliento, pero cuando me probé el vestido se me olvidó todo", recuerda divertida.
Aunque, en realidad, hubo más diseños. En el momento del baile lució un traje con escote palabra de honor, el talle bajo y la falda llena de volumen, obra de Dana Harel. La misma firma que eligió para el segundo vestido que llevó en la fiesta, también salpicado de encaje, convirtiéndose así en el tercer vestido con este tejido como protagonista.
Del velo de tul al ramo en tonos blancos
Igual de importante que la elección del vestido es elegir los accesorios adecuados para que el resultado sea armonioso. Eva quiso llevar velo, un sencillo diseño de tul bordeado de encaje, también de Galia Lahav. Completó el estilismo con zapatos de Loeffler Randall, un accesorio que, durante la fiesta, sustituyó por unos Flabelus para estar mucho más cómoda. En cuanto a las joyas, eligió piezas de Lissi Frakia, delicadas y atemporales que poder llevar también en el día a día.
Su ramo, en tonos blancos y verdes, fue creado junto a Cristina, de Aquilea. "El vestido ya tenía muchísima presencia", explica Eva, por eso buscaban un complemento que sumara sin competir.
En cuanto a su look de belleza, lo único que Eva tenía claro era que quería seguir pareciendo ella. "Me gustan los maquillajes luminosos, la piel natural y los peinados sin excesos, así que apostamos por esa línea durante todo el fin de semana. Confié en Rebeca para la boda porque llevaba tiempo siguiendo su trabajo y me encantaba cómo realzaba la belleza natural de cada novia", nos cuenta. Aunque el maquillaje sí era el mismo, el peinado evolucionó con el cambio de vestido. Si durante la ceremonia llevó su larga melena suelta, en la fiesta la recogió en una favorecedora coleta. De su look de preboda, donde llevó un vestido de Valenzuela Atelier, se encargó Andrea, que ya la había maquillado en la boda de su hermano.
Una romántica boda en Mallorca
El pasado 18 de julio, Eva y Pablo se dieron el 'sí, quiero' en Mallorca. "Desde el principio teníamos claro que queríamos celebrarlo allí porque es un lugar al que siempre volvemos y donde hemos vivido momentos muy felices juntos", nos cuenta la novia.
La ceremonia tuvo lugar en la iglesia Nueva, de Son Servera, un templo inacabado de estilo neogótico, y después se trasladaron a la Finca Da Torre, aunque la celebración empezó con una preboda en La Residencia, en Deià. "Más que una boda, sentimos que fue un fin de semana entero compartiendo nuestro lugar favorito con la gente que queremos".
La belleza natural de la isla fue uno de los grandes elementos de la celebración. Junto a Aquilea Flores, Eva y Pablo imaginaron una boda elegante, atemporal y profundamente conectada con Mallorca. La finca estaba completamente vacía cuando comenzaron a diseñarla, lo que permitió crear cada espacio desde cero y construir una atmósfera propia para sus invitados.
La decoración, las flores y la iluminación fueron pensadas para conseguir que cada rincón tuviera personalidad y que quienes acudieran a la boda sintieran que estaban entrando en un lugar mágico. Para coordinar todos los detalles contaron con Mille Papillons, especialmente importante en una celebración en la que los invitados llegaban desde distintos puntos del mundo.
Porque una de las particularidades de esta boda fue precisamente su carácter internacional. Amigos y familiares viajaron desde Miami, Nueva York, Dubái, Madrid y otros lugares para acompañar a la pareja. Algunos invitados hacía años que no coincidían y otros ni siquiera se conocían, pero durante esos días todos terminaron formando parte de una misma historia.
Y aunque anécdotas hay muchas, cuando le pedimos a Eva que nos cuente el momento más especial de aquel día, no tiene dudas: la entrada a la iglesia. "Fue uno de esos momentos que había imaginado cientos de veces, pero que la realidad consiguió superar por completo. Recuerdo ver a Pablo al final del pasillo del altar, emocionado, mientras sonaba la canción de nuestra película favorita. En ese instante todo desapareció: los meses de preparación, los nervios y el ruido alrededor. Solo existíamos nosotros dos y todas las personas que han formado parte de nuestra historia. Fue una mezcla de felicidad, emoción y gratitud que jamás olvidaré".































