¿Qué hace que una persona nos caiga bien? Cuando pensamos en alguien a quien queremos de verdad, probablemente no lo hacemos porque tenga un buen coche, un trabajo importante o una casa espectacular. Tampoco porque vista especialmente bien o porque tenga un currículum brillante. Con el paso del tiempo, lo que termina quedando de las personas es el cómo son, cómo nos tratan y cómo hacen sentir a quienes tienen alrededor. Es precisamente ahí donde Víctor Küppers sitúa uno de los valores que considera fundamentales: la bondad.
"Hay un concepto fundamental, que es el concepto de la bondad. El ser buena persona", explica el profesor y escritor en Aprendemos Juntos, el proyecto educativo de charlas de BBVA. Su reflexión parte de una idea que, aunque parece sencilla, puede hacernos pensar en cómo hemos aprendido a medir nuestro propio valor y el de los demás: "Las personas que te conocen te quieren, te aprecian y te valoran por cómo eres, no por tu nivel de inglés. A ti te quieren, te aprecian y te valoran por tu manera de ser. Y tú a los demás exactamente igual" comentó durante la charla poniendo sobre la mesa de debate la definición de compasión y su diferencia con la empatía.
Para explicar bien su idea, Víctor Küppers propuso algo tan cotidiano como repasar mentalmente a los jefes y jefas que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Cuando recordamos a aquellas personas que realmente nos marcaron, seguramente no pensamos primero en su despacho, en la ropa que llevaban o en el cargo que ocupaban. Recordamos cómo nos trataron, si nos escucharon, si confiaron en nosotros o si hicieron que trabajar a su lado fuera más fácil. "Estoy 100 % seguro, no tengo ninguna duda, de que no lo vas a elegir ni por su despacho ni por su manera de vestir. No, lo vas a elegir por su manera de ser".
Es lo que, para Víctor Küppers, termina definiendo a cualquier persona por encima de sus posesiones o sus éxitos: "Así definimos a las personas. Las definimos por su calidad humana. Y así te definen a ti". De ahí que su reflexión se aleje de la idea de que el valor personal depende de aquello que hemos conseguido y se centre en algo mucho más íntimo. "Tú no vales tu coche, tú no vales el tamaño de tu televisor, tú no vales tu cargo profesional… Tú vales tu calidad humana". Y lo resume con una frase que funciona casi como una declaración de intenciones: "No hay nada más grande a lo que aspirar en la vida que ser buena persona. Y nada más gratificante".
¿Qué es realmente la compasión?
Esa defensa de la bondad la realiza para dar paso a otro concepto que considera esencial para entender cómo nos relacionamos con los demás: la compasión. Una palabra que solemos asociar con sentir pena o emocionarnos ante el sufrimiento de otra persona, pero que, para Víctor Küppers, implica bastante más. "La bondad está muy relacionada con un concepto, que es la compasión en un mundo, en una sociedad que cada vez somos más insensibles al sufrimiento ajeno".
La diferencia está en que la compasión no termina en la emoción. Podemos sentir empatía por alguien, comprender que está pasando un mal momento e incluso imaginar cómo nos sentiríamos nosotros en su lugar, pero todavía falta algo. La compasión, según él, "está compuesta por dos actitudes. Una es la empatía, ponerte en lugar de los demás. Pero hay un segundo componente que es el querer ayudar a esa persona". En otras palabras, no basta con entender el dolor ajeno, sino que también existe un deseo de hacer algo para aliviarlo.
Víctor Küppers lo explica de una forma todavía más directa: "El concepto de empatía tiene que ver con eso, con querer ponerme en tu posición, pero sobre todo querer ayudarte, querer que estés mejor, querer solucionar si tienes un problema, aliviar tu sufrimiento… Eso es la compasión". De este modo, según él, ayudar a alguien no siempre significa solucionar un problema enorme. A veces consiste simplemente en estar un poco más pendiente.
Ir demasiado deprisa, obstáculo para la compasión
Aquí aparece una de las reflexiones más interesantes de su discurso, uno de los motivos por los que más ha calado. Víctor Küppers no cree necesariamente que, a pesar del individualismo que comentó, nos hayamos convertido en personas peores. Su explicación es, en cierto modo, más cotidiana. Él cree que estamos saturados, vivimos en burn out. Tenemos nuestras propias preocupaciones, mensajes pendientes, trabajo, problemas familiares, obligaciones y una lista interminable de cosas que resolver. Y, cuando vamos demasiado deprisa, es fácil dejar de mirar lo que ocurre alrededor.
"No es que seamos malas personas, porque no es una cuestión de ser mala persona. Es una cuestión de que vamos todos tan acelerados, vamos todos tan rápido, traemos tantos problemas y preocupaciones, que hemos aprendido a pensar que 'yo lo mío y los demás'". La frase resume una dinámica bastante habitual, esa en la que no necesariamente queremos ignorar al otro, pero estamos tan concentrados en nuestras propias circunstancias que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que alguien necesita nuestra ayuda.
La compasión también está en los detalles
Lo interesante de la propuesta de Víctor Küppers es que no convierte la compasión en una cualidad extraordinaria reservada a personas especialmente altruistas. Todo lo contrario: insiste en que se puede practicar en situaciones absolutamente normales, y en que podemos encontrar oportunidades para ejercitarlo prácticamente todos los días.
Una de sus propuestas consiste en adoptar una pregunta como una especie de actitud vital: "La compasión no se trata únicamente de esperar a que alguien nos pida algo, sino de mirar alrededor y preguntarnos qué podemos hacer nosotros". No hace falta que nadie nos diga explícitamente que está cansado o que necesita ayuda. A veces basta con conocer a la persona que tenemos delante y darnos cuenta.
Por eso su ejemplo doméstico resulta tan fácil de reconocer. Imaginemos que llegamos a casa y nuestra pareja está agotada después de un día complicado. Le corresponde poner el lavavajillas, pero sabemos que hoy está especialmente cansada. Podemos hacerlo nosotros. No es una gran hazaña y probablemente nadie nos va a dar una medalla por ello, pero sí supone elegir durante unos minutos las necesidades de otra persona por encima de nuestra propia comodidad. Quizá esa sea precisamente la meta: la compasión no consiste en disfrutar permanentemente de sacrificarnos por los demás, sino en decidir que, a veces (y aunque cueste o nos pueda dar rabia momentánea) merece la pena hacerlo.
Hay otras formas de compasión mucho menos visibles. La escucha activa, por ejemplo, puede parecer un gesto pasivo, pero para alguien que necesita sentirse acompañado puede significar muchísimo. En una época en la que muchas conversaciones transcurren mientras miramos el teléfono, pensamos en qué vamos a contestar o esperamos nuestro turno para hablar, prestar verdadera atención se ha convertido casi en un acto de generosidad.
Víctor Küppers lo resume de manera muy sencilla: "Cuando escuchas a una persona, le estás ayudando mucho, mucho". También habla de otra forma de salir de esa dinámica centrada exclusivamente en nosotros mismos: "Cuando haces voluntariado, descubres cosas fantásticas tuyas que no conocías. Y, además, descubres lo maravilloso que es que una persona esté mejor gracias a ti". Es una idea que conecta con algo que probablemente todos hemos experimentado alguna vez: ayudar a alguien también puede hacernos sentir útiles, conectados y parte de algo que va más allá de nuestras propias preocupaciones.
La pregunta más importante: ¿qué clase de persona quieres ser?
Al final, toda la reflexión de Víctor Küppers vuelve al concepto de bondad: "Las personas que admiramos, las admiramos por su calidad humana". Y, en su opinión, recuperar esa mirada resulta especialmente necesario en el momento actual: "En esta sociedad que se ha vuelto tan hostil, tan agresiva, tan egoísta, tan individualista, necesitamos reivindicar la importancia de la bondad, de la compasión, del altruismo, de la solidaridad". No se trata de ser ingenuos ni de convertirnos en personas que dicen que sí a todo. Él mismo hace una precisión importante: "Necesitamos buenas personas, pero no en el sentido tonto de la palabra, en el sentido más grande, más digno".
Por eso propone cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos constantemente si estamos teniendo éxito, si estamos haciendo suficiente o si hemos llegado donde queríamos, quizá de vez en cuando deberíamos detenernos y pensar en algo más básico: "¿Tú cómo quieres ser?". Porque hay muchas cosas de nosotros mismos que no podemos elegir, pero nuestra forma de relacionarnos con los demás pertenece a un terreno diferente. Así lo determina el conferenciante: "Tú no eliges tu estatura, tú no eliges tu número de pie, tú no eliges a lo mejor el color de tus ojos. Pero tú puedes elegir cómo quieres ser".
Un ejercicio sencillo para practicar la compasión
Para aterrizar toda esta reflexión, Víctor Küppers propone un ejercicio que no requiere ninguna herramienta especial ni demasiado tiempo. Solo hace falta sentarse un momento y coger papel y bolígrafo. La pregunta es sencilla, pero puede resultar bastante reveladora: "Escribe cómo te gustaría que te definieran tus hijos". Después podemos trasladarla a nuestra pareja o a nuestros amigos: "Si le preguntamos a tus hijos o tu pareja, ¿cómo te gustaría que te definiera tu pareja? O cómo te gustaría que te definieran tus amigos". Quizá aparezcan palabras como cariñoso, divertido, honesto, generoso, atento, cercano o íntegro. Sea cual sea la lista, para Víctor Küppers contiene una información importante: "Lo que ahí escribes, ese es tu ideal de persona. Eso es lo que significa para ti ser una persona grandísima, ser una buena persona, ser... Eso es lo que tú quieres".
Después, dice, viene la parte más interesante: mirar esa lista y preguntarnos cuánto de ella está presente en nuestra vida cotidiana. No desde la culpa ni desde la exigencia de ser perfectos, sino como una especie de dirección hacia la que podemos avanzar. Porque, en el fondo, ser la persona que queremos ser no es algo que se consiga de una vez y para siempre. Es una suma de pequeñas decisiones.
Y ahí es donde vuelve a aparecer la compasión. En escuchar un poco más, en acordarnos de alguien, en preguntar cómo podemos ayudar, en hacer una tarea que hoy aliviará a nuestra pareja o en detenernos para recoger aquello que otra persona ha dejado caer. Son gestos pequeños, casi invisibles, pero que pueden decir mucho de nosotros. Porque, como concluye Víctor Küppers, "El camino entre donde estás ahora y ese ideal, ese es el gran reto que tiene la vida".













