Bienestar

'Soft hiking': la mejor manera de caminar, hacer senderismo por la montaña y mantener relaciones sanas si te unes a un club


Las caminatas en entornos naturales no solo ejercitan tu cuerpo, también calman tu mente. Y si además lo haces en compañía, la sensación de plenitud es mayor


Mujeres caminando y riendo© merrelhikingclub
27 de agosto de 2026 a las 20:01 CEST

Caminar por la montaña no tiene por qué convertirse en una carrera por alcanzar una cima, acumular kilómetros o superar un desnivel determinado. Frente a esa visión más deportiva del senderismo, en los últimos años ha ganado protagonismo el soft hiking, una forma más pausada de recorrer la naturaleza en la que importan tanto el movimiento como el paisaje, las paradas y la compañía. Por ello, los clubs que practican esta disciplina están ganando más adeptos

Y ¿qué es exactamente esta modalidad de senderismo? "Consiste en salir a caminar, disfrutar de la naturaleza y de la compañía del resto de la comunidad", explica Claudia, embajadora de Merrell Hiking Club España. Es decir, hacer senderismo sin obsesionarse con el rendimiento, disfrutando del recorrido y adaptando el ritmo a cada persona.

Y es que caminar por la montaña suma a los conocidos beneficios de andar el estímulo de un terreno irregular, las pendientes y el contacto con un entorno natural. Pero también tiene una vertiente emocional: obliga a levantar la vista, prestar atención al camino y, durante unas horas, alejarnos de muchas de las distracciones que nos acompañan en el día a día.

Mujer feliz caminando por la montaña© Getty Images

¿Qué es el 'soft hiking' y por qué es diferente al senderismo tradicional?

Aunque no se trata de una disciplina deportiva con unas reglas establecidas, el término soft hiking se utiliza para describir una manera más relajada de hacer senderismo. El objetivo no es caminar más rápido, llegar más lejos ni conquistar la cima, sino disfrutar del recorrido y adaptar la experiencia a las capacidades de cada persona.

Esta es precisamente la filosofía que Claudia destaca en las salidas del Merrell Hiking Club, una comunidad principalmente liderada por mujeres que busca acercar la montaña a más personas y enseñar también las habilidades necesarias para disfrutar de ella con seguridad.

"Nuestro objetivo no está centrado en los tiempos o en el rendimiento, sino en el bienestar", señala. De ahí que las rutas se adapten "a todos los ritmos y niveles". Eso no significa, sin embargo, que debamos lanzarnos a caminar por senderos sin ninguna preparación.

Mujeres felices en la montaña© Getty Images

Caminar por la montaña es un ejercicio más completo de lo que parece

Aunque lo percibamos simplemente como caminar, movernos por senderos naturales exige al cuerpo adaptarse continuamente. Subidas, bajadas, piedras y cambios de superficie hacen que la pisada no sea tan previsible como cuando caminamos por una acera o sobre una cinta.

Esto implica a la musculatura de las piernas y los glúteos, pero también requiere equilibrio, coordinación y estabilidad. Además, dependiendo de la duración, el desnivel y el ritmo de la ruta, hacer una ruta de montaña supone un ejercicio cardiovascular de intensidad variable.

Una de sus grandes ventajas es precisamente que la intensidad puede regularse con facilidad. Un recorrido sencillo y a un ritmo cómodo puede convertirse en una buena manera de romper con el sedentarismo, mientras que aumentar progresivamente la distancia y el desnivel supone un desafío físico mayor.

Mujer haciendo senderismo contemplando un bosque© merrelhikingclub

No hace falta llegar a la cima para que una ruta haya merecido la pena

Esta es quizá una de las ideas más interesantes del senderismo a ritmo suave: cambiar la manera en la que medimos el éxito de una actividad física. No todo tiene que traducirse en kilómetros, calorías, tiempos o metas alcanzadas.

Claudia insiste en la importancia de los descansos incluso cuando el ritmo no es especialmente exigente. "El cuerpo muchas veces necesita ese momento para parar, hidratarse y recuperar", explica.

Las pausas permiten beber, comer si la duración y las necesidades individuales lo requieren y recuperar fuerzas. Pero tienen otra función que encaja especialmente bien con esta forma de entender la montaña: parar también forma parte del camino.

"Muchas veces nos centramos solo en llegar a la cima o terminar la ruta, pero lo bonito también está en esos momentos en los que paramos, charlamos y compartimos la experiencia", recuerda.

Mujer estirándose en la montaña© setactive

Caminar en la naturaleza también puede ayudarnos a desconectar

Los beneficios de una caminata no terminan en los músculos. Caminar en la naturaleza y pasar tiempo en espacios alejados del entorno urbano puede convertirse también en una oportunidad para reducir el ritmo mental y dirigir nuestra atención hacia lo que tenemos alrededor.

El propio terreno obliga a estar más presentes: hay que mirar dónde pisamos, observar el sendero y prestar atención al entorno. A ello se suma la distancia temporal respecto a pantallas, obligaciones y estímulos cotidianos.

Claudia lo ha comprobado además a través de las experiencias de las mujeres que participan en este club. Recuerda especialmente el caso de una participante de Madrid que sufrió un ictus y que, tras conseguir volver a caminar y reaprender a hablar, ha participado en varias rutas e incluso realizó con el grupo el Camino de Santiago.

"Ella nos cuenta que muchas veces se siente bloqueada, pero que cuando sale a caminar vuelve a conectar consigo misma", explica Claudia. Una experiencia individual que no puede extrapolarse ni sustituye ningún proceso médico o rehabilitador, pero que ilustra el valor emocional que puede adquirir el movimiento para algunas personas.

Mujeres caminando y riendo© merrelhikingclub

Hacer senderismo en compañía también tiene beneficios

Salir de ruta puede hacerse en solitario, pero hacerlo en compañía añade otro ingrediente: la conexión social. Compartir una caminata permite conversar mientras avanzamos, apoyarnos cuando aparece el cansancio y disfrutar conjuntamente del recorrido.

Además, caminar en un grupo en el que existen diferentes edades y condiciones físicas puede ayudar a desmontar la idea de que la montaña está reservada únicamente a personas muy entrenadas. "Lo importante es que todas puedan disfrutar de la experiencia y sentirse cómodas", señala.

Mujer feliz de hacer ejercicio© dashandstars

¿Hay que estar en forma para salir a caminar por la montaña?

No necesariamente, siempre que escojamos una ruta adecuada a nuestra condición física. Claudia recomienda contar con una preparación mínima, pero insiste en que hay otros aspectos que tampoco debemos pasar por alto.

Antes de salir es importante conocer el terreno, planificar la ruta, llevar una equipación apropiada y tomar las precauciones necesarias. La distancia por sí sola tampoco determina la dificultad: el desnivel, el tipo de terreno, la altitud o las condiciones meteorológicas pueden transformar por completo una caminata.

Si llevamos tiempo sin hacer ejercicio, lo más prudente es empezar por recorridos sencillos y relativamente cortos e incrementar poco a poco la distancia o el desnivel. Y, especialmente si existe una enfermedad, una lesión o una limitación física importante, conviene consultar previamente con el profesional sanitario correspondiente.

Porque precisamente una de las enseñanzas de esta manera más tranquila de hacer senderismo es que no necesitamos convertir cada actividad física en un reto. Caminar, detenernos cuando lo necesitamos, mirar el paisaje y continuar a nuestro propio ritmo también es hacer ejercicio. Y quizá ahí se encuentre parte de su atractivo: la montaña deja de ser únicamente un lugar al que ir a superarnos para convertirse en un espacio en el que simplemente disfrutar de movernos.