Este rasgo de personalidad protege el cerebro y puede retrasar 7 años el deterioro cognitivo, según los neurólogos


Te contamos por qué las personas que siguen aprendiendo y sienten curiosidad tienen una mejor salud cerebral


Mujer riendo leyendo un libro en la arena © Getty Images
2 de junio de 2026 a las 19:00 CEST

Todos conocemos a alguien que nunca deja de aprender. Personas que siempre llevan un libro en el bolso, que hacen crucigramas cada mañana, que se interesan por temas completamente nuevos o se apuntan a idiomas aunque hayan cumplido los 70

Durante mucho tiempo se ha pensado que estas actividades simplemente ayudan a mantenerse entretenido. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto que sus beneficios van mucho más allá.  Hoy sabemos que mantener el cerebro activo no es solo una forma de estimular la mente. También puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para protegerla. 

De hecho, los expertos reunidos en el seminario El cerebro, la última frontera, celebrado recientemente en Sitges y auspiciado por Lundbeck, coincidieron en que la curiosidad es uno factores que influyen en la longevidad. De hecho, es uno de los rasgos de personalidad que comparten las personas más longevas. 

Mujer leyendo un mapa© Getty Images

El enriquecimiento cognitivo reduce el riesgo de alzhéimer y de deterioro cognitivo leve

Uno de los trabajos que más interés despertó durante la intervención del neurólogo José Miguel Láinez, jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, fue una investigación realizada por el Rush University Medical Center de Chicago. El estudio siguió a 1.939 personas mayores durante ocho años para analizar qué factores podían influir en el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y enfermedad de alzhéimer. Los resultados fueron sorprendentes. 

Las personas que habían mantenido un mayor enriquecimiento cognitivo a lo largo de su vida presentaban un 38% menos de riesgo de desarrollar alzhéimer y retrasaban aproximadamente siete años la aparición del deterioro cognitivo leve en comparación con aquellas que habían tenido una menor estimulación intelectual. Y es que el enriquecimiento cognitivo no se refería únicamente a estudiar durante la juventud. 

Los investigadores tuvieron en cuenta actividades realizadas durante distintas etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez. Entre ellas estaban: 

  • La lectura
  • El aprendizaje de idiomas
  • Las visitas a museos
  • La participación en actividades culturales 
  • La escritura 
  • El mantenimiento de intereses intelectuales diversos
Mujer con moño en la playa leyendo un libro© Getty Images

La reserva cognitiva ayuda a que el cerebro envejezca mejor 

Para entender por qué estos hábitos pueden resultar tan protectores, primero hay que conocer el concepto de reserva cognitiva. Según explicó José Miguel Láinez, es "la capacidad del cerebro para tolerar mejor los efectos del envejecimiento o las lesiones cerebrales sin mostrar manifestaciones clínicas significativas". Dicho de una forma más sencilla, dos personas pueden presentar cambios cerebrales similares asociados a la edad y, sin embargo, una de ellas manifestar síntomas muchos años después que la otra. La diferencia estaría en la capacidad del cerebro para compensar esos cambios

Tal y como recordó el especialista, algunas personas desarrollan estrategias mentales más eficientes o utilizan redes neuronales alternativas que les permiten mantener el rendimiento cognitivo durante más tiempo. Es precisamente ahí donde entra en juego la estimulación intelectual acumulada durante décadas

chica leyendo© Getty Images

Por qué es tan bueno leer para aumentar la reserva cognitiva

Cuando se habla de cuidar el cerebro, muchas personas piensan inmediatamente en alimentación o ejercicio físico. Sin embargo, los neurólogos insisten en que la actividad intelectual desempeña un papel igualmente importante. 

En concreto, la lectura aparece una y otra vez en los estudios como una de las actividades más asociadas a una mayor reserva cognitiva. Y no es difícil entender por qué. Cada vez que leemos, el cerebro pone en marcha múltiples procesos simultáneamente. Interpreta símbolos, activa recuerdos, construye imágenes mentales, relaciona conceptos y mantiene la atención durante periodos prolongados. Además, leer expone al cerebro a información nueva de forma constante. Y eso es precisamente lo que más le gusta. 

Y es que, como también explicó durante el seminario la neurocientífica Mara Dierssen, el cerebro es una estructura dinámica que cambia continuamente con la experiencia. No es un órgano estático. Cada aprendizaje deja una huella en sus conexiones neuronales. 

Por eso los especialistas suelen comparar el cerebro con un músculo. Cuanto más se utiliza, más recursos desarrolla para afrontar nuevos retos. 

Mujer madura pintando un cuadro © Getty Images

Las personas mayores también pueden aumentar su reserva cognitiva

Otra de las ideas más optimistas que dejó la intervención de José Miguel Láinez es que el beneficio no desaparece con la edad. De hecho, el neurólogo presentó una experiencia desarrollada con personas mayores que aprendieron a jugar al ajedrez. Después de varios meses de entrenamiento, una parte importante de los participantes mejoró en diferentes pruebas neuropsicológicas relacionadas con el razonamiento, la memoria de trabajo y la capacidad de secuenciación. 

Lo interesante es que los mejores resultados aparecieron precisamente entre quienes nunca habían jugado antes. Y es que el cerebro parece responder especialmente bien a la novedad. Aprender algo completamente nuevo obliga a crear conexiones diferentes y activa circuitos que quizá llevaban años infrautilizados. Por eso los especialistas insisten en que nunca es demasiado tarde para empezar a estimular la mente. 

 Amigas hablando y riendo © Getty Images

El rasgo de personalidad que frena el deterioro cognitivo

Como vemos, para proteger nuestra salud cerebral la prevención es básica. Cuidar nuestro cuerpo pero también mantener nuestra mente activa puede frenar el deterioro cognitivo y reducir el riesgo de alzhéimer. Y es que tener ilusión y seguir aprendiendo es una de las mejores inversiones que podemos hacer para vivir más y mejor. Por ello, insistimos en las actividades que más nos ayudan:

  • Leer unos minutos al día
  • Interesarse por temas nuevos
  • Apuntarse a un curso
  • Recuperar una afición olvidada 
  • Atreverse con un idioma diferente 
  • Aprender a jugar al ajedrez 
  • Quedar con los amigos
  • Conversar y sentir curiosidad por la vida de los otros

Todas ellas son pequeñas decisiones que pueden tener un impacto mucho mayor del que imaginamos. Al fin y al cabo, como muestran las investigaciones más recientes, el cerebro parece premiar la curiosidad. Y este es un rasgo de personalidad que comparten muchas de las personas más longevas.