El actor Dick Van Dyke, protagonista de clásicos como Mary Poppins y Chitty Chitty Bang Bang, va camino de cumplir 101 años, y siempre ha dicho que sonreír y tratar de ver las cosas desde una perspectiva optimista han sido sus grandes secretos de longevidad. Estas dos claves están al alcance de cualquiera y, aunque no sabemos si nos llevarán a soplar cien velas, sí podemos intentarlo para vivir con otra calma y en modo ‘sufrimiento reducido’ las vicisitudes que se nos presenten.
“Solemos pensar en el optimismo como algo que se tiene o no se tiene, casi como el color de ojos. Y la realidad es mucho más interesante”, nos cuenta la psicóloga Diana Jiménez, la experta que nos desvela cómo entrenar el optimismo y aprender a ser positivo de una vez por todas.
¿De dónde viene el optimismo?
Muchas veces, creemos que ser optimista es estar alegre y canturreando todo el día, pero va mucho más allá. Según la especialista: “El optimismo es, sobre todo, una actitud ante la vida: la tendencia a interpretar lo que nos ocurre desde una perspectiva que incluya posibilidad, aprendizaje y acción. No es ver el mundo de color de rosa, ni negar los problemas. Es creer que, pase lo que pase, hay algo que yo puedo hacer. Esa sensación de "puedo hacer algo útil" es una de las raíces más profundas del optimismo.
Buscando el origen de esta capacidad, nos preguntamos si a algunos les viene ‘de serie’, o si puede haber algún componente genético, y la respuesta de Diana Jiménez ha sido que: “Entre un 25 y un 30% de nuestra tendencia al optimismo o al pesimismo tiene base genética, vinculada a variaciones en genes que regulan la serotonina y la dopamina. Pero eso deja ¡nada menos que un 70%! en manos de la experiencia, la educación, los vínculos y las decisiones que tomamos a lo largo de la vida. Así que, aunque nacemos con un punto de partida, el optimismo se construye, se educa, se entrena y se elige”. Ya lo sabemos, no hay excusas.
Cómo entrenar tu cerebro para la 'buena vibra'
Al igual que vamos al gimnasio a ejercitar la fuerza, debemos reservar un tiempo al día para ‘educar’ a nuestro cerebro en el optimismo. Hay ejercicios concretos que te ayudan a conseguirlo. “Son sencillos y se pueden integrar en el día a día sin necesidad de grandes cambios”, nos aclara la experta.
- “El primero y más potente es el diario de gratitud: escribir cada noche tres cosas concretas por las que estás agradecida. No vale "estoy agradecida por mi familia". Has de ser específica: "Estoy agradecida porque mi hijo me ha dado un abrazo espontáneo al llegar a casa". Esa especificidad es la que obliga al cerebro a escanear el día buscando lo bueno, y eso ya es un entrenamiento en sí mismo".
- "El segundo es la reformulación cognitiva. Cuando te digas: "esto es un desastre", párate y pregúntate: "¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿y lo mejor?, ¿qué es lo más probable?". Solo con plantear esas tres preguntas, sacas al cerebro del secuestro emocional y lo devuelves a la corteza prefrontal, que es donde vive el pensamiento racional y la capacidad de perspectiva".
- "El tercero es lo que yo llamo el ejercicio de las tres "C": controlo, cambio o me calmo. Ante cualquier situación que genera malestar, pregúntate: ¿puedo controlarlo?, ¿puedo cambiar algo, o solo me queda calmarme y aceptar? Este ejercicio reduce enormemente la rumiación, que es una de las principales fábricas de pesimismo".
- "Por último, busca la contribución, es decir, cuando estamos centrados solo en nosotros mismos y en nuestros problemas, el pesimismo crece. Pero cuando hacemos algo útil por alguien, aunque sea pequeño, el cerebro libera oxitocina y serotonina, y la sensación de propósito funciona como un antídoto natural contra la negatividad”.
Otros trucos que ayudan
Seguro que cuando empieces a notar los efectos en tu ánimo y en tu percepción de lo que te rodea, te entran ganas de más y más. Has despertado al deseo de sentirte y de vivir en modo optimista. Por eso, si te apetece ir un poco más allá, además de todo lo anterior, nos cuenta la psicóloga que: “Hay tres llaves que abren el corazón de la persona: la gratitud, de la que hemos hablado, el perdón y el ‘por favor’".
"Robert Emmons, uno de los mayores investigadores de la gratitud, demostró que las personas que practican gratitud de forma sistemática experimentan más emociones positivas, duermen mejor, tienen un sistema inmunitario más fuerte y muestran mayor resiliencia ante la adversidad”.
Otros resortes del optimismo son la meditación, que practicada con constancia puede inducir cambios en el cerebro; el sueño de calidad para limpiar el cerebro de tóxicos acumulados durante el día, y para una buena regulación emocional; comer de forma saludable, procurando incluir en la dieta Omega3, triptófano, magnesio y vitaminas del grupo B, y hacer ejercicio de fuerza. Sí, como suena, una vida ordenada y en pos de tu salud te catapulta al pódium del optimismo.
Hazte optimista en 66 días
Una vez ponemos en práctica todo lo que la experta nos ha contado, ¿cuánto tiempo tarda el cerebro en crear nuevas rutas mentales más positivas? Según Diana Jiménez: “Hay una idea muy extendida sobre que hacen falta 21 días para establecer un hábito… Yo tengo muchas dudas sobre ello".
"La investigación de Philippa Lally en el University College de Londres demostró que, de promedio, un nuevo hábito se automatiza en torno a los 66 días, con un rango muy amplio que va de los 18 a los 254 días, dependiendo de la complejidad del hábito y de la persona. Hay estudios con meditadores, por ejemplo, que muestran cambios estructurales en la corteza prefrontal y la amígdala a partir de las ocho semanas de práctica regular".
"Lo que sí puedo decir con seguridad es que la constancia importa más que la intensidad. Es mejor practicar la gratitud cinco minutos al día durante tres meses, que hacer un retiro intensivo de un fin de semana y no volver a practicar. El cerebro necesita repetición y regularidad para consolidar nuevas rutas".
"Y una clave ‘adleriana’ que me parece muy útil aquí es el coraje de ser imperfecto. No se trata de hacerlo perfecto, ni de no recaer. Habrá días en que el pesimismo vuelva con fuerza. Eso es normal. Lo importante es que cada vez que vuelves a elegir la perspectiva constructiva, estás fortaleciendo ese circuito. Dos pasos adelante y uno atrás sigue siendo un paso adelante”.









