Virginia Vargas, experta en comunicación no verbal: "Cuando una persona miente suele mirarte más de lo habitual para observar tu reacción"


Te contamos cómo distinguir lo que es verdad de lo que no según nuestra especialista


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
21 de julio de 2026 a las 17:32 CEST

¿Cuántas veces has pensado que podrías descubrir una mentira solo con mirar a alguien a los ojos? Quizá te haya ocurrido durante una conversación con un compañero de trabajo, una cita o incluso viendo una entrevista en televisión. Nos gusta creer que existen pequeños gestos capaces de delatar a quien no está siendo sincero, como si todos lleváramos incorporado un detector de mentiras invisible. La realidad, sin embargo, es bastante más compleja. 

La comunicación no verbal puede aportar mucha información sobre el estado emocional de una persona, pero no ofrece una fórmula mágica para distinguir la verdad de la mentira. De hecho, buena parte de las ideas que damos por ciertas provienen más del cine y de las redes sociales que de la psicología. Y, aunque nos encanta la idea de tener ese superpoder de poder creer que podemos detectar una mentira de manera fácil, no siempre es así. 

Cómo saber si alguien está mintiendo© Getty Images

Señales de mentira: signos reales vs. mitos

La analista de comunicación no verbal Virginia Vargas (@virginia_vargasmolinero), lo resume con una reflexión que desmonta, desde el principio, uno de los mitos más populares: "Pensamos que observando fijamente a alguien podemos detectar ese pequeño rasguño en la nariz o ese desvío de mirada y saber, con una certeza absoluta, que nos están engañando. Parte de la culpa la tiene el mundo del cine, que ha alimentado esta fantasía a lo largo de los años. Desde Pinocho y su nariz, que crecía con cada mentira, hasta el peculiar abogado de Jim Carrey en Mentiroso compulsivo, donde el engaño se manifestaba con espasmos y sudores imposibles de ocultar".

Pero más allá de estas producciones, recibimos estímulos de otras muchas fuentes. Como explica la experta, "la utopía del 'detector humano' ya no se encuentra solo en las películas. A día de hoy reside, principalmente, en nuestros teléfonos. Cada día circulan por las redes sociales vídeos virales que prometen revelar en segundos si un político miente en una entrevista, si en una pareja hay engaño o si una celebrity está siendo sincera en un photocall.  De inmediato, millones de reproducciones avalan teorías que la ciencia no. La evidencia científica deja claro que no existe ninguna señal universal de engaño y el ser humano no es un detector de mentiras".

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¿Qué ocurre cuando alguien miente?

Aunque no exista un gesto que, por sí solo, permita concluir que una persona está mintiendo, sí hay procesos psicológicos que hacen que engañar resulte más difícil de lo que parece. Inventar una historia coherente exige un esfuerzo mental considerable: hay que construir un relato, recordar qué se ha dicho, evitar contradicciones y controlar al mismo tiempo la propia conducta. Ese trabajo extra puede provocar determinadas respuestas relacionadas con el estrés o con la sobrecarga cognitiva, pero conviene entenderlas como pistas, nunca como pruebas definitivas.

Virginia Vargas explica este proceso así: "No existen señales exclusivas de la mentira, pero sí del estrés y de la carga cognitiva. Mentir cansa, agota muchísimo. El cerebro tiene que hacer un trabajo extra porque debe inventar un relato coherente, contener la verdad para que no salga y, además, recordar no contradecirse. Todo ese exceso de trabajo consume tanta energía que produce 'fugas' involuntarias que pueden arruinar la mentira".

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Uno de los mitos más extendidos afirma que quien miente evita el contacto visual. Sin embargo, la investigación en comunicación no verbal apunta justo a lo contrario en muchas ocasiones. Como explica la experta: "Quien intenta engañar suele mirarte más de lo habitual, observando constantemente tu reacción para comprobar si te estás creyendo o no su historia. Esto nos recuerda a algo que todos hemos visto, un niño pequeño que, antes de contarte una pequeña trastada, te coge de la cara con sus manitas y te clava los ojos con mucha intensidad. De adultos dejamos de tocar la cara del otro, pero el cerebro repite el mismo patrón de vigilancia: seguimos escrutando la respuesta del interlocutor".

Otro concepto muy conocido son las microexpresiones faciales. Durante años se han popularizado como si fueran la prueba definitiva del engaño, pero la realidad vuelve a ser mucho más matizada: "Además, el estrés que causa engañar puede producir microexpresiones, es decir, destellos involuntarios de la emoción real que sentimos, que duran milésimas de segundo y resultan imposibles de parar. El problema es que el ojo humano, en una conversación normal, rara vez las entiende a tiempo", señala la analista.

Cómo detectar si alguien miente© Getty Images

Cómo se comporta alguien que está diciendo la verdad

Del mismo modo que no existe un gesto universal para detectar una mentira, tampoco hay una postura o una expresión facial que certifique que alguien está siendo completamente sincero. Sin embargo, cuando una persona habla con naturalidad suele mostrarse más relajada, sin tener que invertir energía en controlar cada movimiento o recordar un relato previamente construido.

Para entenderlo mejor, Virginia Vargas explica ejemplos: "Cuando decimos la verdad, nuestras manos suelen acompañar a nuestras palabras con gestos que ilustran el relato de forma espontánea y acompasada. No hay rigidez porque el cerebro no está gastando energía en contener el cuerpo. Además, cuando somos sinceros también tendemos a saltar del final al principio de la historia, añadir detalles irrelevantes o admitir fallos de memoria con total naturalidad como decir 'espera, ahora no recuerdo bien qué hora era o qué ropa llevaba'. El mentiroso no suele permitirse esos titubeos porque su guion está rígidamente cerrado para no cometer errores".

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Un radar que puede marcar la diferencia

Si existe una herramienta realmente útil para interpretar el comportamiento de otra persona, no tiene que ver con memorizar listas de gestos ni con buscar señales milagrosas. La clave está en conocer cómo actúa alguien cuando se encuentra tranquilo, sin presión y siendo completamente natural. En psicología, a esto se le conoce como la línea base.

Pensemos en una amiga con la que llevamos años compartiendo conversaciones. Sabemos cómo habla cuando está relajada, si suele gesticular mucho o poco, si mantiene el contacto visual o si acostumbra a hablar deprisa. Cualquier cambio llamativo respecto a ese comportamiento habitual puede indicar que algo ocurre, aunque no necesariamente que esté mintiendo. 

Virginia Vargas lo explica con un ejemplo que casi todos hemos vivido: el "radar de una madre. Imagina que entras por la puerta de casa, no dices ni una palabra, ella te mira y te pregunta (o directamente afirma) que te pasa algo. No es un superpoder. Es que conoce tu forma habitual de mirar, tu velocidad al hablar y tus gestos a la perfección tras años de observación. Al decir la verdad, te mantienes en tu línea base; pero al ocultar algo, te desvías y su radar lo detecta al instante".

Cómo detectar si alguien miente© Getty Images

¿Es posible entrenarse para parecer sincero?

Otra pregunta habitual es si alguien puede aprender a ocultar las señales del engaño. La respuesta, según la experta, no es tan sencilla como un sí o un no. Existen aspectos de la comunicación que pueden ensayarse. Muchas personas acostumbradas a hablar en público —desde políticos hasta actores o celebrities— saben perfectamente qué imagen transmite confianza y pueden reproducirla de forma consciente. Sin embargo, hay respuestas fisiológicas que escapan completamente a nuestro control.

Virginia Vargas lo explica así:  "Todo lo que depende del control consciente puede entrenarse y fingirse. Un mentiroso experimentado o una persona con mucha presencia pública puede forzar el contacto visual, mantener las palmas abiertas, relajar los hombros o ensayar un tono de voz pausado. Sabe perfectamente lo que la sociedad espera de alguien honesto y simplemente lo reproduce". En este sentido, también señala que "lo que es humanamente imposible de disimular son las respuestas del sistema nervioso ante el estrés de ser descubierto. Es decir, respuestas como la sudoración, la velocidad del parpadeo involuntario, la sutil dilatación de las pupilas o el hecho de que se seque la boca de golpe. Quien miente puede entrenar sus palabras y sus manos, pero ante una pregunta inesperada o un estímulo concreto, el córtex prefrontal pierde el control por una fracción de segundo".

Incluso va más allá y detecta más señales que nos pueden ayudar a detectar la mentira: "Para canalizar esa inyección repentina de estrés, entran en juego los gestos adaptadores y tendemos a acariciarnos la nuca, tocarnos sutilmente el cuello, el pelo o reajustarnos en la silla. Son movimientos automáticos que buscan simplemente aliviar la ansiedad de la situación".

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El gran error que solemos cometer al interpretar a los demás

Sin embargo, aunque resulte tentador sacar conclusiones rápidas, la investigación científica lleva años advirtiendo de que interpretar un único gesto puede conducir a errores importantes. Una persona puede tartamudear porque está nerviosa, bajar la mirada porque se siente intimidada o tocarse el cuello simplemente porque está incómoda. Ninguna de esas conductas demuestra, por sí sola, que esté ocultando la verdad.

Virginia Vargas recuerda uno de los estudios más importantes sobre este tema: "No podemos fiarnos de estas señales, al menos de forma aislada. En 2006, los psicólogos Charles Bond y Bella DePaulo publicaron un metaanálisis que revisaba más de 200 investigaciones sobre detección del engaño. Su conclusión fue sorprendente, pues detectaron que, en condiciones normales, el ser humano medio tiene una tasa de acierto de apenas el 54% a la hora de detectar a un mentiroso. Es decir, casi el mismo porcentaje que tendríamos si jugáramos a cara o cruz".

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¿Y por qué fallamos tanto? La experta también tiene respuesta: "Principalmente por el llamado 'Error de Otelo'" (concepto acuñado por el influyente psicólogo Paul Ekman), mediante el cual cometemos el gran error de confundir los signos de estrés con los de culpa. Una persona puede ponerse nerviosa, tartamudear o desviar la mirada por múltiples posibilidades que nada tienen que ver con el engaño: porque se siente juzgada, porque es tímida o porque se asusta ante una situación incómoda", explica, y añade:  "A esto se le suman nuestros propios sesgos, ya que tendemos a creer más fácilmente a quien es carismático, atractivo y nos mira a los ojos con total seguridad... paradójicamente, el perfil que mejor sabe disimular".

Algo que complica detectar cualquier señal es el hecho de que en comunicación no verbal, una misma conducta puede tener significados completamente diferentes según el momento o las circunstancias. Cruzarse de brazos puede indicar frío, comodidad, tensión o simplemente una postura habitual. Por eso los especialistas insisten en que ningún gesto puede interpretarse de forma aislada. Virginia Vargas insiste especialmente en esta idea: "Si un análisis se basara solo en gestos sueltos, la comunicación no verbal sería una pseudociencia. En el comportamiento humano, un gesto sin contexto, sin escenario, es solo un dibujo, no una señal".

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Para explicarlo mejor, ejemplifica: "Imaginemos que estás en una conversación y ves que tu interlocutor comienza a sudar, se cruza de brazos y se toca el cuello. Podrías pensar que está escondiendo algo. Pero ¿y si en la habitación hay una temperatura de 35 grados porque el aire acondicionado está roto? Tu cerebro interpretará culpa donde solo hay calor". Una situación que comenta para hablar también sobre las relaciones de poder: "No es lo mismo responder a una pregunta comprometedora o incómoda en el sofá de casa que hacerlo ante tu jefe en una reunión en su despacho. La autoridad activa la presión situacional. El estrés que detectas no delata una mentira; delata miedo a las consecuencias".

Después de décadas de investigaciones, la conclusión sigue siendo mucho menos espectacular que la que prometen muchos vídeos virales, pero también mucho más útil para entender cómo nos comunicamos. Como concluye la experta: "A día de hoy no existe evidencia científica sólida de que se puedan detectar mentiras a través de la comunicación no verbal de manera sistemática. Las señales corporales delatan la activación emocional, y esta tiene muchas más causas que la mentira, como la timidez, el miedo o la simple sorpresa.