Todos vivimos momentos en los que nos aceleramos. El corazón nos empieza a latir más rápido, aparecen pensamientos repetitivos y nos resulta misión imposible concentrarnos. Son estos momentos en los que podemos poner en práctica una herramienta muy sencilla, muy eficaz y barata: la respiración.
El doctor Pacheco Galván, especialista en Neumología y Medicina Interna y asesor de Wone Health, destaca su importancia y con el potencial de influir en nuestro bienestar físico y emocional. Eso sí, tenemos que respirar bien.
Cuando estamos nerviosos respiramos mal
Aunque respiramos de forma automática desde que nacemos, no siempre lo hacemos de la manera más beneficiosa para el organismo. De hecho, muchas personas pasan gran parte del día respirando de forma rápida, superficial y utilizando principalmente la parte superior del pecho. Es una respuesta habitual cuando vivimos bajo presión, tenemos exceso de trabajo, estamos preocupados o atravesamos una etapa de incertidumbre.
El problema es que este patrón respiratorio envía al cerebro el mensaje de que existe una amenaza. Como consecuencia, el organismo mantiene activados mecanismos relacionados con la alerta y la supervivencia. El cuerpo libera hormonas del estrés, aumenta la frecuencia cardíaca y resulta más difícil recuperar la sensación de calma. Con el paso de las horas o los días, esta activación constante puede traducirse en cansancio, irritabilidad, dificultades para dormir o una sensación permanente de tensión.
Respirar bien mejora la atención, la memoria y la regulación emocional
En los últimos años, la neurociencia se ha dado cuenta de cómo nos afecta si prestamos atención a cómo respirarmos. De hecho, diversos estudios han comprobado que puede influir en la atención, la memoria, la regulación emocional y la respuesta al estrés.
Según explica el doctor Pacheco Galván, dedicar apenas un minuto a respirar conscientemente ayuda a interrumpir ese círculo de activación automática.
Cuando ralentizamos la respiración y alargamos la exhalación, se activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de favorecer estados de descanso y recuperación. En otras palabras, el organismo recibe la señal de que puede bajar la guardia.
Por eso, una respiración lenta y controlada no solo produce una sensación subjetiva de bienestar. También desencadena cambios fisiológicos que contribuyen a reducir la tensión corporal y a recuperar la calma.
Cómo hacer el ejercicio de respirar bien
La técnica es sencilla. Consiste en inspirar lentamente por la nariz durante unos segundos, mantener brevemente el aire y exhalar de forma pausada, intentando que la salida del aire sea más larga que la entrada.
Se trata de un ejercicio que puede realizarse en casa, en el trabajo, en el transporte público o incluso durante una conversación difícil. Muchas personas encuentran útil colocar una mano sobre el abdomen para comprobar que el aire llega a la parte baja de los pulmones y evitar así la respiración superficial.
Lo importante es prestar atención al propio ritmo respiratorio durante unos instantes. Ese simple gesto ayuda a que la mente abandone momentáneamente la cadena de preocupaciones y vuelva al momento presente.
Respirar cinco minutos al día así mejora tu vida
Los especialistas explican que la práctica repetida ayuda a entrenar la capacidad del organismo para responder mejor al estrés. Igual que fortalecemos los músculos con el ejercicio físico, también podemos entrenar mecanismos relacionados con la regulación emocional.
La ventaja es que no hacen falta largas sesiones de meditación ni cambios radicales en la rutina. Incorporar pequeños momentos de respiración consciente antes de una reunión importante, al terminar la jornada laboral o antes de acostarse contribuye a reducir la sensación de saturación mental.
Además, muchas personas descubren que esta práctica les ayuda a identificar antes las señales de estrés. Al prestar atención a la respiración, resulta más fácil detectar cuándo estamos acumulando tensión y actuar antes de que el malestar aumente.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la respiración consciente no sustituye a la atención psicológica o médica cuando es necesaria, pero sí puede convertirse en una herramienta complementaria muy útil dentro del cuidado diario de la salud.








