Siempre me han gustado los masajes, pero esta vez entendí por qué. Y es que la neurociencia tiene una explicación bastante precisa para esa sensación que aparece al terminar una sesión y que va mucho más allá de tener la espalda menos cargada o los hombros más relajados.
Y la neurociencia confirma que este "amor" que le tengo a los masajes tiene una explicación: a mi cerebro también le gustan.
Un masaje que alivió las tensiones de una semana
Hace unos días tuve la oportunidad de probar el masaje Anantara en el spa del Tivoli La Caleta Tenerife Resort, un hotel situado en La Caleta, una de las zonas más tranquilas de Costa Adeje. Rodeado de jardines tropicales, piscinas y con vistas al Atlántico, el complejo ha convertido el bienestar en uno de sus grandes atractivos gracias a su spa Anantara, la marca especializada en wellness del grupo hotelero.
Llegué desde Madrid con el cansancio habitual de una semana de trabajo, pensando en todas las entrevistas que tenía pendientes, los correos sin responder (que se me acumulan) y más preocupaciones que forman parte de nuestra particular mochila. Mucha carga mental.
Nada más dejar la maleta y comprobar que el spa estaba abierto, fui a hacerme un masaje. Realmente, lo necesitaba porque, como he comentado, estaba verdaderamente estresada. Y nada más entrar en ese territorio de bienestar, mi estado de ánimo empezó a mejorar y mi estado de alerta a bajar.
Mientras recibía el masaje tuve la sensación de que el cuerpo se relajaba, sí, pero también de que la mente bajaba el ritmo. La respiración se hacía más lenta, los pensamientos dejaban de atropellarse unos a otros y esa sensación de urgencia fue desapareciendo.
De hecho, cuando terminé, una de las encargadas me constató que mi expresión había cambiado al 100%. En vez de tener la cara tensa, lo que reflejaba era más calma. Yo misma sentía que flotaba y todas esas preocupaciones pasaron a ocupar un pequeño espacio y mi mente. Habían perdido todo el protagonismo porque solo podía pensar en que quería volver a entrar en esa sala para sentirme tan bien. Pero, ¿por qué ocurre todo? ¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando nos dan un masaje?
¿Qué ocurre en el cerebro cuando recibimos un masaje?
Quise entender por qué los masajes nos gustan tanto y se lo pregunté a Ignacio Morgado, catedrático emérito del Instituto de Neurociencias de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. "Los masajes y las caricias liberan opiáceos endógenos, es decir, encefalinas y endorfinas, que producen placer y relajación actuando sobre las mismas regiones cerebrales", me explicó.
Según me contó Morgado, estas sustancias forman parte de los propios mecanismos biológicos que utiliza el organismo para generar bienestar. Es decir, sin duda, el ambiente sereno, las luces tenues, la aromaterapia invitan al relax. Pero sobre todo mi expresión facial había cambiado tanto por las sustancias químicas que se liberaron con el tacto. "Lo principal son los opiáceos endógenos. De hecho, sustancias como la morfina lo que hacen es reproducir artificialmente el efecto de esas moléculas que produce nuestro propio cerebro", añadió.
Dicho de una manera sencilla, el cerebro dispone de su propia farmacia interna que se puede activar con un masaje. Y eso explica por qué esta técnica tan ancestral puede resultar tan agradable incluso cuando no existe ninguna molestia física concreta que aliviar.
¿Por qué sentimos que el cuerpo baja el ritmo?
Esta cuestión se la pregunté a Sandra Díaz, Spa Manager de Tivoli La Caleta. En concreto, me detalló por qué el masaje que recibí me ayudó tanto a relajarme y contó que se trata de una experiencia inspirada en tradiciones asiáticas que combina diferentes técnicas manuales y aceites aromáticos, con un enfoque que busca trabajar tanto el bienestar físico como la relajación mental.
"Durante este tipo de masaje se activa el sistema parasimpático, promoviendo un estado profundo de relajación y reduciendo el estrés", afirmó. Ese sistema parasimpático es la parte del sistema nervioso encargada del descanso y la recuperación. Funciona como el contrapunto del sistema que nos mantiene alerta cuando tenemos que resolver problemas, tomar decisiones o responder a las exigencias del día a día.
Mientras escuchaba su explicación recordé una de las sensaciones más evidentes que tuve durante la sesión: como decía, la respiración era más pausada y mis pulsaciones bajaron (no pude comprobarlo porque me habían hecho quitar el reloj).
Averigüé que la ciencia lleva años estudiando este fenómeno. Un estudio realizado por investigadores del Cedars-Sinai Medical Center observó que determinadas sesiones de masaje pueden contribuir a reducir los niveles de cortisol, la hormona más relacionada con las respuestas fisiológicas al estrés.
No significa que los problemas desaparezcan al salir de la camilla. Pero sí que el organismo puede abandonar temporalmente ese estado de activación continua al que nos hemos acostumbrado.
¿Por qué algunas personas salen de un masaje con la mente más despejada?
Esta fue probablemente la sensación que más me llamó la atención. Esperaba sentirme mejor físicamente. Lo que no esperaba era salir con la sensación de que los pensamientos estaban más ordenados. No porque hubiera encontrado respuestas a nada concreto. Simplemente porque el ruido de fondo parecía menor.
Sandra me comentó que muchas personas describen algo parecido después de una sesión. Hablan de relajación física, pero también de calma mental. Y tiene bastante lógica. Durante una hora no estamos respondiendo mensajes, mirando pantallas ni saltando de una tarea a otra. La atención deja de repartirse entre decenas de estímulos y se concentra únicamente en las sensaciones corporales.
Me dije, una vez más, que tenía que lograr conseguir estar un tiempo sin pantallas. Pese a que mi trabajo está relacionado con ellas, sí tenía que intentar pasear a los perros sin mirar el móvil o tener una cena distendida con mis amigas sin estar pendiente de cualquier notificación.
¿Qué papel tienen los aromas en toda esta experiencia?
Los aceites esenciales forman parte importante del ritual Anantara. Antes de empezar me dieron a elegir entre distintos aromas y pensé que era simplemente una cuestión de preferencias personales.
Después Sandra me explicó que detrás hay bastante más. "Los aromas actúan directamente sobre el cerebro, especialmente sobre el sistema límbico, que regula las emociones y la memoria", me contó. Por eso algunos olores tienen la capacidad de transportarnos inmediatamente a un recuerdo concreto o de hacernos sentir cómodos en un lugar desconocido.
La investigación científica también ha estudiado esta cuestión. Una revisión publicada en 2021, que analizó decenas de estudios sobre aromaterapia, concluyó que determinados aceites esenciales pueden contribuir a reducir la ansiedad, favorecer la relajación y mejorar la calidad del sueño.
"Aun así, su efecto es muy personal y depende mucho de lo que cada persona elija en ese momento", añadió Sandra.
¿Por qué dormimos mejor después de un masaje?
Antes de despedirnos le comenté a Sandra algo que me había ocurrido otras veces después de recibir un masaje. "Esa noche suelo dormir especialmente bien", le dije. Y también me respondió que es una observación bastante habitual.
E insistió en que lo que ya me había explicado: "después de un masaje así se activa el sistema parasimpático, que es el encargado de calmar el cuerpo, y se reduce el cortisol, la hormona del estrés. Esto, junto con la liberación de tensiones físicas, crea un estado de relajación profunda que se prolonga en el tiempo y favorece un mejor descanso".
En este sentido, la literatura científica también apunta en la misma dirección. Una revisión sistemática publicada en 2023 concluyó que el masaje terapéutico puede mejorar la calidad subjetiva del sueño en diferentes grupos de población.
¿Necesita nuestro cerebro más momentos así?
Mientras salía del spa y caminaba por los jardines del hotel, la piscina y escuchaba el tranquilizador sonido de las olas, seguía pensando en todo lo que me había experimentado, lo que me habían contado y mi conclusión es que sí, siempre que se pueda tenemos que intentar buscar esos momentos que nos van bien y que nuestro cerebro aprecia.
Y es que vivimos rodeados de estímulos. Consultamos el móvil decenas de veces al día, respondemos mensajes mientras caminamos y seguimos conectados incluso cuando termina la jornada laboral.
Un masaje no nos va a cambiar la vida, pero haber dedicado una hora a algo que rara vez hacemos sí nos puede ayudar
Referencias científicas
- Moyer CA, Rounds J, Hannum JW. A meta-analysis of massage therapy research. Psychological Bulletin. PMID: 21147413.
- Rapaport MH et al. A preliminary study of the effects of repeated massage on hypothalamic-pituitary-adrenal and immune function. PMID: 16162447.
- Field T. Massage therapy research review. PMID: 19283590.
- Kang SY et al. Effects of aromatherapy on sleep quality: systematic review and meta-analysis. PMID: 34166869.
- Zhang Y et al. Massage therapy and sleep quality: systematic review and meta-analysis. PMID: 36823692.












