Tu postura corporal influye en tus emociones y ponerte recta es un error, según nuestra fisioterapeuta


Hay un gesto que repetimos con frecuencia cuando sentimos que nuestra postura no es la adecuada y es ponernos rectas. Sin embargo, Bibiana Badenes alerta de que no nos hace bien. Te explicamos por qué


chica ropa deporte© vuoriclothing
11 de mayo de 2026 a las 7:00 CEST

"La postura no es simplemente cómo nos colocamos, es cómo nos organizamos como especie. Pensamos en la postura como una foto fija pero en realidad es una adaptación continua". De esta premisa parte la fisioterapeuta Bibiana Badenes, autora del libro Postura y emociones (ed. RBA). Nos lo aclara al principio de la entrevista porque considera que tenemos que tener muy claro que nuestras posturas se adaptan.

Nos cuenta que la bipedestación, es decir, el hecho de sostenernos sobre dos piernas, es una de las grandes transformaciones evolutivas del ser humano. "A partir de ahí se organiza todo: el equilibrio, la mirada, la respiración, el movimiento… y también la forma en que nos relacionamos con el entorno y con nosotros mismos". 

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Sin embargo, esa organización no es fija. "Es profundamente adaptable, debe serlo. El sistema nervioso está constantemente ajustando el cuerpo en función de lo que ocurre fuera, pero también de lo que ocurre dentro. Por eso la postura no es una forma estática que debamos mantener, sino una respuesta dinámica que refleja cómo estamos en cada momento". Desde esta mirada, la postura deja de ser solo algo físico y se convierte en una expresión de nuestra forma de vivir. 

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El cuerpo refleja nuestras emociones 

Le preguntamos a la experta si hay una memoria postural. "Más que hablar de memoria en el sentido clásico, lo que ocurre es que el cuerpo organiza la experiencia en forma de respuesta", nos aclara. 

Además, agrega que el sistema nervioso es principalmente predictivo no reactivo. "Aprende de lo que hemos vivido y utiliza esa información para anticipar y organizar el presente. Cuando una persona ha estado expuesta durante mucho tiempo al estrés o a la ansiedad, su sistema nervioso tiende a mantener ese modo de funcionamiento, incluso cuando las condiciones externas han cambiado". 

Esa adaptación, nos dice, se hace visible en la respiración, en el tono muscular, en la forma de sostenerse o de moverse. No es una memoria que podamos contar con palabras, pero sí es una organización que se mantiene en el cuerpo. Por eso podemos decir que la postura es, en cierto modo, una biografía en movimiento: una forma en la que el cuerpo sigue respondiendo a lo vivido.

Mujer haciendo yoga© Getty Images

Las señales físicas que revelan nuestro estado emocional 

Hay tres que suelen ser especialmente reveladoras: la respiración, el tono muscular y el apoyo.

  1. "La respiración es una de las más claras", explica. Cuando se vuelve superficial, irregular o contenida, suele indicar que el sistema está en alerta o en un estado de mayor activación. En cambio, una respiración más amplia y móvil suele acompañar estados de mayor regulación.
  2. El tono muscular también aporta mucha información. "La tensión en zonas como la mandíbula, el cuello, los hombros o el abdomen refleja esfuerzo interno, contención o defensa". 
  3. Y por último, el apoyo: "cuando el cuerpo no descansa en la silla o en el suelo, cuando parece que está siempre sosteniéndose, suele estar en un estado de vigilancia"

"Observar estas señales no significa etiquetar una emoción concreta, sino empezar a entender cómo se está organizando el sistema nervioso en ese momento".

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Por qué las posturas y las emociones están conectadas

Preguntada por esta conexión, Bibiana Badenas afirma que "ambas forman parte de un mismo proceso de organización. Somos organismos vivos".

Y detalla que el sistema nervioso no espera a reaccionar a lo que ocurre, sino que está constantemente anticipando, interpretando y organizando la información. Integra lo que sucede en el entorno, lo que ocurre en el cuerpo (como la respiración o la tensión) y la experiencia previa de la persona. A partir de ahí construye una respuesta que incluye tanto la postura como la emoción.

"Por eso no existe una relación universal entre una postura y una emoción concreta. Una misma posición corporal no genera la misma experiencia en todas las personas, porque cada sistema nervioso interpreta esa información desde su propia historia", indica la fisioterapeuta quien  añade que la emoción no es algo automático ni idéntico para todos, es una construcción. Y la postura forma parte de la información con la que esa construcción se realiza.

mujer relajada sentada en un sillón junto a la ventana© Getty Images

El error de asociar una buena postura con estar recta

Todas pensamos que caminar rectas o sentarnos erguidas es la mejor manera de garantizar una buena salud corporal. Sin embargo, para la experta no es así. Y nos explica la causa: "la rigidez, en realidad, limita la capacidad de adaptación del cuerpo".

Cuando alguien intenta "ponerse recto" desde el esfuerzo, suele tensar el cuerpo, contener la respiración y perder movilidad. Esa postura puede parecer correcta desde fuera, pero no es funcional desde dentro.

Y nos insiste en que una postura saludable no es una forma fija que se mantiene, "sino una organización flexible que permite respirar, moverse y ajustarse a las demandas del momento". Encontrar una postura propia tiene que ver con esa coherencia interna, no con alcanzar un ideal externo. "El sostén es la clave, bipedestación por sostén no por rigidez. Puedes estar muy recto y tener muchas dificultades para moverte", señala. 

También apunta a otro error: intentar cambiar la postura únicamente desde fuera. "Muchas personas intentan colocarse bien forzando la espalda o tensando el cuerpo, sin tener en cuenta lo que está ocurriendo a nivel interno", explica.

Ese esfuerzo excesivo, lejos de ayudar, suele generar más rigidez y más tensión. Y vuelve a insistir en la idea anterior: "la postura no se impone desde fuera, se reorganiza desde dentro".

mujer relajada caminando por la playa sobre la arena© Getty Images

Cómo el estrés y la educación modelan el cuerpo

"El cuerpo no se organiza solo desde lo biológico, sino también desde la experiencia y como he dicho desde el entorno", recuerda. El estrés mantenido en el tiempo genera patrones de activación o de colapso, pero la cultura y la educación también influyen en cómo ocupamos el espacio, en cómo nos mostramos o en cómo nos contenemos. "Hay personas que han aprendido a sostener mucho, a no expresar, a hacerse pequeñas o a estar siempre disponibles. La ropa que llevamos también nos influencia muchísimo", explica Bibiana Badenes. 

Todo eso se incorpora en la forma de estar en el cuerpo. Por eso hablamos de una biografía corporal: no solo de lo que hemos vivido, sino de cómo lo hemos aprendido a sostener.

Mujer sentada en el suelo© Getty Images

Como volver a conectar con nuestro cuerpo, nuestra postura y emociones

El primer paso es muy sencillo, pero no siempre fácil: parar y observar. "No hace falta hacer grandes cambios ni aplicar técnicas complejas. Basta con empezar a notar cómo se respira, dónde hay tensión, cómo se apoya el cuerpo. Lo importante es hacerlo sin juicio, sin intentar corregir inmediatamente lo que se percibe", detalla. Y agrega que "la reconexión no empieza cambiando el cuerpo, empieza reconociéndolo"

La respiración ocupa un lugar central dentro de su propuesta terapéutica porque actúa como uno de los principales organizadores del cuerpo. "Una respiración más amplia y móvil facilita una mayor sensación de estabilidad y adaptación, mientras que una respiración contenida tiende a mantener estados de alerta", explica.

Aunque no exista una respuesta automática idéntica en todas las personas, la respiración sí modifica la información que recibe el sistema nervioso y, con ello, influye en cómo nos sentimos. "Al final nuestra respiración es también un reflejo de cómo está nuestro organismo".

Las prácticas de movimiento consciente forman parte esencial de su método porque ayudan no solo a mejorar la movilidad, sino también la relación con el propio cuerpo. "A nivel físico, se suele notar más facilidad en el movimiento, menos tensión y una respiración más libre", señala.

Sin embargo, el cambio más importante suele producirse a nivel emocional y de percepción personal. "Las personas dejan de abordarlo desde la exigencia y empiezan a hacerlo desde la comprensión".

mujer respirando y sonriendotumbada sobre en el suelo © Getty Images

El gesto sencillo que puede cambiar cómo se siente el cuerpo

Por último, le pedimos que nos dé un consejo para mejorar nuestra conexión corporal y emocional. "Si tuviera que recomendar un único punto de partida para mejorar el bienestar físico y emocional, diría uno: empezar por sentir el apoyo de los pies, de los movimientos. Darnos cuenta de que el cuerpo puede descansar más de lo que creemos. Notar el contacto con el suelo o con la silla y permitir que el peso esté sostenido", recomienda.

Ese gesto tan simple cambia la información que recibe el sistema nervioso. A partir de ahí, la respiración se modifica, el tono cambia y el cuerpo empieza a reorganizarse. "Me sigo emocionando al hablar de esto porque de verdad veo unos cambios en las personas impresionantes", concluye. 

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