Emilia Renedo, experta en viviendas: "No es que una mala etiqueta energetica "hunda" el precio, es que una buena etiqueta empieza a aportar más valor al inmueble"


Con el aumento del coste de la energía y las futuras exigencias europeas, las viviendas eficientes comienzan a ganar atractivo frente a otras similares en el mercado


 Emilia Renedo, Brand Manager de 'Spotahome', plataforma especializada en alquiler de media y larga estancia© Spotahome
11 de mayo de 2026 a las 7:00 CEST

Durante años, la etiqueta energética de una vivienda fue poco más que un trámite obligatorio que muchos compradores e inquilinos apenas miraban. Pero eso está empezando a cambiar. Con el precio de la luz, el gas y la climatización disparando el gasto mensual, cada vez más personas ya no solo calculan cuánto cuesta comprar una casa, sino cuánto costará vivir en ella.

Y ahí es donde entra en juego un detalle que hasta hace poco pasaba desapercibido: la eficiencia energética. No porque una mala letra impida vender o alquilar una vivienda, sino porque empieza a influir en algo cada vez más importante en el mercado inmobiliario: su competitividad frente a otras opciones similares.

eficiencia energética© Getty Images
La etiqueta energética ha pasado de ser un trámite a convertirse en un factor que influye en el atractivo real de una vivienda

Para entender cómo está cambiando este escenario nos ponemos en contacto y hablamos con Elena Fernández, responsable de contenido de 'SotySolar', empresa especializada en autoconsumo y energía solar, y con Emilia Renedo, Brand Manager de 'Spotahome', plataforma especializada en alquiler de media y larga estancia.

¿Puede una mala etiqueta energética afectar ya al valor de una vivienda?

Existe un temor creciente entre muchos propietarios: que tener una vivienda con una letra F o G, las calificaciones más bajas del certificado energético, asociadas a viviendas menos eficientes y con mayor consumo energético, acabe reduciendo su valor o dificultando su venta.  Sin embargo, las expertas coinciden en que el impacto actual es más progresivo que inmediato.

Más que hundirlo, lo que estamos viendo es que puede empezar a influir en la negociación. En algunas zonas y tipos de vivienda, sobre todo cuando hay varias opciones similares, la eficiencia energética se está convirtiendo en un factor más de decisión. No siempre es determinante por sí solo, pero sí puede hacer que una vivienda pierda atractivo frente a otra mejor preparada energéticamente

Elena Fernández, experta en energía

Desde 'Spotahome', Emilia Renedo apunta en la misma dirección, especialmente en el mercado del alquiler: "No de forma drástica ni generalizada. En el mercado del alquiler actual en España, la escasez de oferta hace que los inquilinos prioricen la zona y el precio final por encima de la letra del certificado. Muchos ni siquiera preguntan por ella. Aunque es necesario incluirla en los anuncios".

Aun así, reconoce que la tendencia empieza a cambiar. "Según un informe del Banco de España (2024/2025), las viviendas con etiquetas A o B pueden valer, de media, un 9,7% más que las F o G. No es que una mala etiqueta ‘hunda’ el precio, es que una buena etiqueta empieza a aportar más valor al inmueble".

 Elena Fernández, responsable de contenido de 'SotySolar', empresa especializada en autoconsumo y energía solar© SotySolar
Elena Fernández, responsable de contenido de 'SotySolar', empresa especializada en autoconsumo y energía solar

¿Qué es la etiqueta energética?

Aunque muchas personas siguen viendo el certificado energético como un simple documento técnico, en realidad resume cuánto consume una vivienda para funcionar en condiciones normales.

La etiqueta energética básicamente resume cuánta energía necesita una vivienda para funcionar en condiciones normales: calefacción, refrigeración, agua caliente… Es una especie de fotografía de su eficiencia

Elena Fernández, experta en energía

Para calcular esa eficiencia se tienen en cuenta múltiples factores. Emilia Renedo detalla que se analiza "la envoltura térmica (la 'piel' de la casa) como el grosor y material de las paredes, suelos y techos, así como las ventanas, el grosor del cristal, y posibles puentes térmicos (por donde se fuga la temperatura)".

También influyen "las instalaciones térmicas: aparatos de aire acondicionado, la caldera de agua caliente... y sobre todo la orientación del edificio".

Y todo ello acaba repercutiendo directamente en el bolsillo. "Estas condiciones tienen un impacto directo sobre las facturas y es un hecho que los inquilinos están empezando a tener cada vez más en cuenta", explica Renedo, "especialmente para el alquiler de pisos completos donde el inquilino asume el pago de sus suministros".

El detalle que muchos compradores ya miran antes de decidirse

Más allá de la letra final, los expertos detectan que hay ciertos elementos concretos que cada vez pesan más en la decisión de compra o alquiler.

"Se empieza a valorar si la vivienda tiene sistemas que reduzcan dependencia energética, como renovables o soluciones de climatización más eficientes, porque eso conecta directamente con el coste mensual real", señala Elena Fernández.

Es decir, ya no solo importa cuánto cuesta la vivienda, sino cuánto costará mantenerla durante los próximos años.

Las viviendas con mejor eficiencia energética empiezan a destacar frente a otras similares en el mercado inmobiliario© Getty Images
Las viviendas con mejor eficiencia energética empiezan a destacar frente a otras similares en el mercado inmobiliario

¿Se puede vender o alquilar una vivienda con mala etiqueta energética?

La respuesta, a día de hoy, es sí. Ambas expertas insisten en que una mala calificación energética no impide legalmente vender o alquilar una vivienda.

"Hoy por hoy, una mala calificación no impide vender o alquilar una vivienda. Lo que sí puede pasar es que afecte a su posicionamiento en el mercado o a la rapidez con la que se cierra la operación", afirma Elena Fernández.

Es obligatorio tener el certificado para anunciar el piso, pero puedes alquilar una letra ‘G’ sin problemas. Con la falta de oferta que hay, no estamos en un mercado donde el inquilino rechace un piso por ser letra E, pero sí estamos en el inicio de una segmentación

Emilia Renedo, experta en vivienda

Además, recuerda que Europa ya ha empezado a marcar objetivos más exigentes para los próximos años. "La nueva Directiva europea de eficiencia energética aprobada en 2024 marca que en 2030 todas las viviendas en venta o alquiler deberán tener, como mínimo, una etiqueta E y en 2033 D".

Por eso advierte: "Los propietarios que ignoren esto se encontrarán en 5 años con inmuebles que han perdido valor frente a los que sí se han rehabilitado".

Las obras de eficiencia energética en viviendas pueden reducir la factura fiscal hasta 3.000 euros al año, e incluso 9.000 euros en varios ejercicios si se rehabilita un edificio completo© Getty Images
Ya no solo se mira el precio de la vivienda, sino el gasto mensual real que supone vivir en ella

Qué se puede hacer para no perder competitividad

Las mejoras energéticas empiezan a verse cada vez más como una inversión para mantener el atractivo de la vivienda a largo plazo.

"Lo más importante es entender que la eficiencia energética se ha convertido en un elemento de valor por sí misma", explica Elena Fernández. "Por eso, tiene sentido anticiparse e invertir en mejorar los sistemas de climatización, realizar un cambio de caldera y, en algunos casos, incorporar soluciones como placas solares o aerotermia que reduzcan consumo o dependencia energética".

Eso no significa necesariamente afrontar grandes obras. Fernández recuerda que existen actuaciones relativamente sencillas que pueden ayudar a mejorar el certificado energético y reducir el consumo.

"Hay actuaciones relativamente sencillas que pueden ayudar, como mejorar el aislamiento en puntos concretos, cambiar iluminación a LED, optimizar el sistema de calefacción o incluso ajustar hábitos de consumo que también influyen indirectamente".

Y añade un ejemplo concreto: "Si cuentas con una instalación de placas solares, puedes programar tus consumos para que coincidan con las horas de producción solar".

En algunos casos, además, el impacto puede ser mucho mayor. "Incorporar autoconsumo es el salto más notable ya que permite ahorrar hasta un 70% en tu factura", concluye.

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