Frase del día

Aristóteles, filósofo del siglo IV a.C., sobre la perfección: "Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia no es un acto, sino un hábito"



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24 de julio de 2026 a las 12:58 CEST

No basta con hacer ejercicio un día, leer un libro de vez en cuando o comer sano una semana. Lo que realmente termina definiéndonos es aquello que repetimos casi sin darnos cuenta. Esa es la idea que encierra una de las frases más conocidas de Aristóteles: "Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito".

Aunque esta formulación resume su pensamiento más que una cita literal, sigue plenamente vigente. La neurociencia confirma que las conductas que repetimos moldean nuestro cerebro y explican por qué cambiar cuesta tanto, pero también por qué nunca es tarde para hacerlo.

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¿Quién fue Aristóteles?

Aristoteles (384-322 a. C.) fue uno de los filósofos más influyentes de la historia. Discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno, dedicó buena parte de su obra a reflexionar sobre cómo las personas desarrollan las virtudes. 

Para él, nadie nace siendo excelente. La práctica y la repetición son las que convierten una conducta en parte de nuestro carácter.

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¿Qué quiso decir con esta frase?

Para el neurocientífico Ignacio Morgado, Catedrático de Psicobiología y Director del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, el mensaje puede resumirse en una idea muy sencilla: "La práctica perfecciona".

No somos únicamente el resultado de nuestras intenciones, sino de aquello que hacemos una y otra vez. Aprender un idioma, tocar un instrumento o adquirir paciencia requiere repetir esas conductas hasta convertirlas en algo habitual.

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¿Por qué los hábitos nos definen?

"Los hábitos que tenemos responden a necesidades cotidianas en nuestro entorno vital acentuadas por la educación que recibimos. Solemos identificar a las personas más por sus hábitos frecuentes que por sus otras cualidades", explica Morgado.

Y es que nuestro cerebro busca ahorrar esfuerzo. Automatizar conductas le permite funcionar con mayor eficiencia y dedicar recursos a tareas nuevas. El problema es que este mecanismo sirve tanto para los buenos hábitos como para los perjudiciales.

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¿Por qué cuesta tanto cambiar?

La respuesta está en el cerebro. "Porque ya ha estabilizado los circuitos neuronales que hacen posible ese hábito", explica el experto.

Cada vez que repetimos una conducta reforzamos las conexiones entre las neuronas implicadas. Cuanto más repetimos un comportamiento, más automático resulta. Por eso abandonar el sedentarismo, dejar de fumar o reducir el tiempo frente al móvil suele requerir mucho más esfuerzo del que imaginamos.

La buena noticia es que el cerebro conserva una enorme capacidad para adaptarse. "Insistiendo en la práctica de algo contrario al hábito perjudicial hasta convertirlo en una alternativa positiva. El cerebro es plástico y se deja cambiar", señala Morgado.

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¿La excelencia depende solo de repetir?

No exactamente. Aunque la práctica es imprescindible para mejorar, no es el único ingrediente. "La excelencia tiene muchas causas, genéticas y educativas que van mucho más allá de insistir en la repetición. Requiere capacidades heredadas, educación adecuada,  y, también, práctica para perfeccionar".

En otras palabras, repetir no garantiza convertirse en excelente, pero sí es el camino para desarrollar cualquier habilidad. Porque, como intuía Aristóteles hace más de dos mil años y hoy confirma la neurociencia, las pequeñas acciones que repetimos cada día acaban moldeando nuestro cerebro y, en buena medida, la persona que llegamos a ser.