El salmorejo es, junto al gazpacho, la sopa fría por excelencia de nuestra cocina veraniega que, por su textura más cercana a una crema, puede servirnos para preparar, a su vez, infinidad de otros platos, dándoles un toque inconfundible y delicioso.
Puedes hacerlo con mayor o menor densidad según vayas a emplearlo en unas elaboraciones u otras, y esto puedes conseguirlo echando más o menos aceite de oliva y/o poniendo mayor o menor cantidad de pan. Incluso, te animamos a cambiar y/o combinar el tomate con otros ingredientes: naranja, sandía, fresas, cerezas, etc.
El salmorejo se caracteriza por tener una textura cremosa, un sabor suave y una base vegetal. La receta de esta sopa fría y veraniega es sencilla y rápida, y se elabora con ingredientes muy asequibles —pan, tomate, ajo, aceite de oliva y sal—. No requiere cocción y, además, es un plato ligero y nutritivo, rico en fibra, vitaminas antioxidantes y grasas saludables gracias al aceite de oliva virgen extra. Pero, sobre todo, el salmorejo es increíblemente versátil: puedes tomarlo solo o integrarlo en una infinidad de recetas creativas que van mucho más allá de su presentación tradicional.
Cómo ajustar la densidad del salmorejo según su uso final
Cuando el salmorejo se sirve como plato principal, nos interesa una textura más espesa, casi de “crema untuosa”. Esto se consigue con más pan, más AOVE -emulsiona y aporta su cremosidad característica-, unos tomates que sean carnosos y tengan menos agua, como los de pera, y triturando muy bien para que emulsione gracias al aceite de oliva.
Cómo conservar el salmorejo
El salmorejo casero se conserva 3–4 días en la nevera y mantiene buena textura y sabor. A partir del tercer día empieza a separarse (el agua del tomate sube y la emulsión se rompe), pero esto no significa que esté malo: basta con remover o triturar 10 segundos para que vuelva a quedar cremoso.
Guárdalo siempre en un recipiente hermético, preferiblemente de cristal, para evitar que absorba olores y que la superficie se oxide. Si quieres alargar un poco más su vida, añade un chorrito de aceite por encima antes de cerrar, que actúa como una tapa natural.
Guarda el salmorejo en porciones pequeñas porque se enfría mejor y se conserva más estable. Y evita añadir toppings (huevo, jamón, atún) antes de guardarlo, para incorporárselos al comerlo.
Salmorejo clásico y otras recetas con esta sopa fría
El salmorejo como base de otras recetas es uno de los recursos más versátiles de la cocina veraniega: puede ser crema fría, salsa, aliño espeso, dip para tomar con verduras, acompañamiento o incluso marinada ligera. Su textura, su sabor y su capacidad para transformar carnes, pescados y verduras e, incluso, pastas, lo convierten en un comodín perfecto para platos frescos y rápidos.
Comenzaremos mostrándote la receta clásica, que es perfecta para tomar sola con huevo cocido y jamón serrano picaditos como acompañamiento, para seguir con unas tostas de pan untadas con esta sopa fría, unas croquetas, una gelatina o un helado, entre otras propuestas. Como aperitivo, tentempié, entrante, plato principal o guarnición, te costará elegir cuál te gusta más.
La receta cordobesa tradicional, considerada por cocineros y por cordobeses como la versión más pura del plato, se basa tan solo en tomates maduros, pan del día anterior, ajo, aceite de oliva virgen extra y sal.
Una de las formas más ricas de disfrutar de este plato es untándolo sobre rebanadas de pan tostado, sobre el que podemos poner cecina, queso, jamón, atún, etc.
Para tomar como aperitivo, en vasitos pequeños, el salmorejo nunca falla. Pero, aquí tienes, en lugar del clásico, una versión con cerezas y aguacate. ¡Sírvelo bien frío!
Sin duda, una de nuestras grandes favoritas. Nos encanta el toque refrescante, sabroso y cremoso que el salmorejo le aporta a la berenjena frita y crujiente.
Admitimos que no es lo más habitual, pero como nos gusta probar cosas nuevas, aquí te presentamos el salmorejo en forma de croquetas, a las que damos consistencia con un poco de atún en conserva.
Otra forma diferente de tomar la clásica sopa fría cordobesa es convirtiéndola en una gelatina, para darle una textura diferente, y servirla con distintos ingredientes. En este caso, optamos por un poco de carne de cangrejo.
Lo habitual es tomarlo en frío, pero templado el salmorejo también resulta delicioso, como si fuera una salsa. Y lo ponemos como base de una pasta con aguacate, rape y gambas. ¡Una combinación absolutamente explosiva!
Esta es otra alternativa de poner el salmorejo como salsa de un plato. Le añadimos, además, pimientos del piquillo y el resultado nos sirve para servirlo con unos dados de bacalao confitado y calabacín con pan frito.
Al atún le van de maravilla la cremosidad y el sabor del salmorejo. Cocinamos el pescado a la brasa, pero también lo pu
Si podemos convertir el salmorejo en salsa, ¿por qué no hacerlo como helado? Es perfecto para ponerlo como aderezo de una ensalada, un salpicón y también como acompañamiento de otras sopas frías.


,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)
,type=downsize)



