La Albufera, un inmenso brillante
No deberías perderte la poderosa imagen de los reflejos del sol salpicando este humedal ‘bañado’ por arrozales y surcado por aves acuáticas, como tampoco las tradiciones que aún perviven en este oasis costumbrista a diez kilómetros de la moderna ciudad de Valencia. En esta época ofrece su mejor estampa.
El escritor Blasco Ibáñez describió en su célebre libro Cañas y Barro el idílico paisaje de la Albufera, ese “inmenso lluent -poético adjetivo que, literalmente, quiere decir reluciente o brillante-, azul y terso, como un espejo veneciano que retrataba invertidos los barcos y las lejanas orillas con el contorno ligeramente serpenteado”. Pero también detalló la fiereza del marjal, una “selva casi virgen, que se extiende leguas y leguas, donde pastan los toros feroces y viven en la sombra los grandes reptiles”. En este marco de Naturaleza en estado puro los protagonistas del libro de Blasco Ibáñez, humildes pescadores, sobrevivían gracias a la estoica faena, conocida aquí como el arte del redolí, derecho de pesca que otorgó el rey Jaime I hace más de 700 años. Hoy continúan pescando del mismo modo que durante siglos: en una pequeña embarcación sin motor, impulsada por perchas que clavan en el fondo del lago, y cargados con los mornells o volantas, unas mallas armadas en aros que se colocan bajo el agua.
Algunos de los pescadores que viven en los pequeños pueblos perdidos entre los arrozales y el mar ofrecen sus barcas para realizar excursiones guiadas por el lago; durante los meses de octubre a febrero realizan, además, demostraciones de la faena. En el recorrido explican el arte de la pesca de anguilas y lubinas, pero también los tesoros que esconde el parque natural, separado del mar por un cordón de dunas y pinos conocido como Devesa. En los nueve kilómetros de travesía se puede apreciar el hábitat de patos, garzillas o ánades que chapotenan y revolotean entre juncos y cañas.
Antiguamente se mezclaban las cañas con barro y piedras para elaborar el material con el que se construían las barracas, viviendas en las que habitaban los pescadores. Es imprescindible recalar en la isla de El Palmar, en medio del lago, para conocer los detalles de estas viviendas, algunas de las cuales se pueden visitar. Merece la pena también entrar en el taller de un calafateador, donde se construyen y reparan de manera artesanal embarcaciones tradicionales como las albuferencs, pequeñas barquitas, o las catarrogines, barcas de mayor tamaño. Pero quizá el mejor lugar para apreciar el espíritu costumbrista del pueblo es en su lonja, donde se venden los tesoros capturados en el humedal como las llisas, las anguilas o las lubinas. Después de tan delicioso paseo, lo mejor es degustar los manjares que ofrece la Albufera: anguila en all i pebre, olleta de arroz o la típica paella valenciana.
Más tarde hay que visitar El Saler, otro de los pueblecitos de la Albufera; acercarse hasta Muntanyar de la Mona, una zona de pino y matorral donde los lugareños tienen costumbre de pasear; o alcanzar las playas del Mediterráneo, a solo unos kilómetros de esta inmensa y brillante Albufera, bautizada por los árabes como “pequeño mar”.
GUÍA PRÁCTICA
Cómo llegar
La Albufera está situada a 11 kilómetros de la ciudad de Valencia en dirección sur, a través de la carretera de El Saler (CV-502). Además de la línea regular de autobuses a El Saler, desde la capital del Turia se puede viajar cómodamente en el Bus Turistic, que incluye un paseo en barca por la Albufera en una excursión de alrededor de dos horas de duración.
Paseos en barca
La empresa Albufera Parc propone excursiones en barca durante todo el año y demostraciones de la pesca tradicional entre los meses de octubre y febrero por unos 10 € por persona. También ofrecen la posibilidad de realizar excursiones guiadas a la isla de El Palmar, que incluyen comida y visitas a la barraca, al taller de embarcaciones y al Museo Etnológico.
Dónde dormir
Una de las mejores opciones para los amantes del golf es el Parador de El Saler, con uno de los mayores campos de la zona. También el hotel exclusivo Sidi Saler, ofrece una estancia de lujo, con campo de golf incluido.
Dónde comer
El restaurante Sequer de Tonica o L’Andana, en la isla de El Palmar, ofrece comida típica de la Albufera. Casa Carmina, en El Saler, tiene fama de servir uno de los mejores arroces de Valencia. Y en Racó de L’Olla (961 62 01 72) se puede degustar la gastronomía valenciana en pleno lago de la Albufera. Si prefiere comer en Valencia, La Pepica, La Marcelina, La Carmela (Tel. 963 71 00 73) o Casa Clemencia son los clásicos para tomar una buena paella.
No te pierdas
Un atardecer en la isla de El Palmar, donde se pueden escuchar los sonidos de la noche del lago en calma. También la playa de El Saler, en un entorno de extensos campos de arroz, carrizos y naranjos, y de agua mansa y cristalina. Y, por supuesto, la visita a Valencia, donde es imprescindible conocer la moderna Ciudad de las Artes y las Ciencias y la Lonja, la mayor representación del gótico civil declarada Patrimonio de la Humanidad.
Más información
Turismo de Valencia
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