A Helena Resano, Biarritz le “ayuda a desconectar completamente de todo. Aquí vuelvo a ser anónima”. Y quizá por eso, la ciudad encaja tan bien en la trama de Las rutas del silencio, su primera novela de ficción, que tiene como protagonista a Amalia, una joven que, tras una tragedia familiar y en plena precariedad de finales de los años 40, cruza la frontera con sus padres para intentar recomponerse después de la Segunda Guerra Mundial. Será allí donde comienza una nueva vida marcada por el trabajo, el amor y el deseo de construir su propia libertad.
El libro está inspirado en una historia real vinculada a las raíces familiares de la periodista, que está atravesando uno de los momentos más dulces de su carrera, y del descubrimiento casual de unos parientes en Francia. Al hablar de él, Helena Resano comenta que “el mayor error de una sociedad es el olvido”. Y es precisamente ahí donde Biarritz cobra sentido: una ciudad que ha cambiado muchas veces de piel, pero que sigue reconociéndose en su pasado, entre la elegancia de la Belle Époque y un Atlántico que se espuma en sus 6 kilómetros de playas.
A pocos kilómetros de la frontera española y muy cerca de Bayona, Biarritz es una de las joyas del País Vasco francés. De ser un pequeño puerto ballenero pasó en el siglo XIX a convertirse en destino predilecto de la aristocracia europea gracias al impulso de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Aquel legado elegante sigue vivo hoy en su arquitectura y en su atmósfera refinada, entre villas señoriales, paseos marítimos y hoteles históricos.
La cara más conocida de la ciudad es la Grande Plage, la gran playa urbana de Biarritz, que concentra buena parte de la vida local y combina el ambiente elegante de su paseo marítimo con la estética clásica de sus coloridos toldos y sombrillas en temporada, junto a un marcado carácter surfero y cosmopolita. Muy cerca se alza el histórico Hôtel du Palais, antiguo palacio imperial de Eugenia de Montijo, hoy convertido en hotel de lujo, cuyas suites han alojado a lo largo del tiempo a numerosas personalidades del mundo del arte, la política y el cine, reflejando su prestigio internacional.
Ese mismo espíritu se percibe en el Casino Municipal de estilo art déco, la capilla imperial y la imponente iglesia de Santa Eugenia, que dominan el frente marítimo.
Pero hay otras obras maestras arquitectónicas que le dan a esta ciudad el aire melancólico y elegante de su pasado, como La Folie Boulart, una gran villa situada en una de las zonas altas de la ciudad. Su origen se vincula a una historia romántica que forma parte de la tradición local: la del influyente empresario Charles Boulart, que habría prometido a su esposa Marthe una residencia tan excepcional como la de la emperatriz Eugenia. Así nació esta gran villa histórica, hoy reconvertida en hotel boutique, que puede alquilarse en su totalidad para estancias privadas, ofreciendo servicios de alto nivel, como mayordomo, conserje, chófer privado y restauración personalizada (lafolieboulart.fr).
Biarritz también invita a bonitos paseos, como el que acerca al faro de la Pointe Saint-Martin, en el extremo norte de la ciudad, y al mirador de la Rocher de la Vierge, una formación rocosa unida a tierra por una pasarela metálica construida bajo la influencia de Gustave Eiffel. Desde aquí se obtienen algunas de las mejores panorámicas del litoral y del oleaje que ha convertido a Biarritz en una de las capitales europeas del surf.
Para profundizar en la identidad marinera del destino, merece la pena visitar el Aquarium, ubicado frente al océano; pasear por el pequeño y encantador Port des Pêcheurs (pescadores); y acercarse al mercado de Les Halles, que concentra buena parte del ambiente gastronómico local. Este mercado cubierto y sus alrededores son perfectos para probar pescados, mariscos y especialidades regionales o sumarse al ritual del aperitivo francés.
Además del barrio de pescadores, Resano también se ha impregnado de muchos otros rincones de la ciudad durante el proceso creativo de su novela, que ha durado casi dos años, como el encantador Château de la Claire de Lune (hotelclairlune.fr), una mansión histórica del siglo XIX rodeada de jardines, y Miremont (@miremontbiarritz), una de las pastelerías más emblemáticas de la ciudad, situada frente al océano.
Quienes busquen una experiencia más cultural pueden descubrir la iglesia ortodoxa rusa de San Alejandro Nevski, testimonio del antiguo vínculo de Biarritz con la nobleza rusa, o explorar sus calles comerciales llenas de boutiques, galerías, librerías y templos del dulce, como Chocolaterie Henriet (chocolaterie-henriet.com), para los amantes del chocolate, o Maison Adam (maisonadam.fr), donde degustar los famosos macarons, cuya tradición se remonta a la boda de Luis XIV.
Así es Biarritz: elegante pero relajada, histórica pero viva, sofisticada y al mismo tiempo profundamente ligada a la naturaleza. Esa dualidad funciona como escenario literario, y la novela Las rutas del silencio, inspirada en esta geografía urbana y marítima, es la prueba más clara.












