UNA ESCAPADA AL SUR DE FRANCIA

El pueblo escondido de la Provenza que roba el corazón de Carlota Casiraghi: calma, luz y recuerdos familiares


Este pueblo de la Costa Azul en el que la princesa de Mónaco pasó su infancia junto a su familia reivindica otra forma de viajar más pausada, más íntima y conectada con el entorno. Un destino que no busca impresionar, sino que demuestra que el verdadero lujo está en encontrar un lugar al que siempre apetece regresar.


Saint-Rémy-de-Provence© Shutterstock
6 de abril de 2026 a las 7:30 CEST

Lejos del foco constante de Mónaco, Charlotte Casiraghi tiene un lugar en la Provenza francesa al que regresar siempre que necesita parar: Saint-Rémy-de-Provence. Un pequeño enclave de calles empedradas, fachadas de piedra y luz dorada que parece haberse detenido en el tiempo. Allí, entre olivares y mercados locales, la hija de Carolina de Mónaco se refugia con frecuencia para reconectar consigo misma, recuperar recuerdos de infancia y disfrutar de momentos de calma.

Saint-Rémy-de-Provence, Provenza, Francia© Shutterstock
Un rincón de Saint-Rémy-de-Provence.

Saint-Rémy-de-Provence es un pueblo muy chic de apenas 10.000 habitantes que seduce hoy a quienes buscan tranquilidad, por sus callejuelas estrechas con flores, sus plazas adornadas con fuentes, sus tiendas, sus galerías de arte y cafés llenos de encanto. Su belleza ya conmovió a personalidades como Vincent van Gogh, que se inspiró en estos mismos paisajes que hoy siguen cautivando a los que los visitan, para pintar algunas de sus obras más conocidas. Esa mezcla de arte, naturaleza y tradición ha consolidado al pueblo como uno de los secretos mejor guardados de la Provenza.

Saint-remy-de-provence, France© Shutterstock
Fachadas de piedra de este pueblo con encanto.

Para Carlota y la familia Grimaldi, este lugar del sur de Francia tiene, además, un componente emocional, está lleno de recuerdos que cuentan la historia de su vida. Un rincón ligado a momentos vividos en familia y a una forma de entender el tiempo y el descanso que va más allá del lujo convencional. Fue en Saint-Rémy-de-Provence donde Carolina de Mónaco y sus tres hijos, Andrea, Carlota y Pierre, fijaron su residencia tras la trágica muerte de Stéfano Casiraghi en 1990 y donde lograron sobreponerse a uno de los capítulos más duros de su vida. Por aquel entonces mereció el título del "pequeño Mónaco".

Carlota Casiraghi con la princesa Carolina de Mónaco en Saint-Rémy-de-Provence, Francia© GTRES
Carlota Casiraghi con la princesa Carolina de Mónaco de compras por Saint-Rémy-de-Provence.

Dicen las crónicas de siglos que en 1643 el rey Luis XIII hizo donación de la jurisdicción real de Saint-Rémy-de-Provence a Honorato II Grimaldi, señor de Mónaco. Allí, en la raíz de su árbol genealógico, Carolina dejó de ser princesa para ser la "dama de Saint-Rémy” y criar sola a sus pequeños. Con la discreción que siempre la ha caracterizado, en aquellos días de silencio y huida, fue una lugareña más. Se la veía con frecuencia paseando en bicicleta o por la peatonal rue Victor Hugo llena de tiendas artesanales, o las rues du Château y Carnot. También cruzando la plaza de la République, la principal, o la más tranquila place Favier, y comprando en su mercado de los miércoles por la mañana —uno de los más famosos de la Provenza— quesos, aceitunas o artesanía. Así, recobrando día a día la alegría de vivir, recompuso su corazón roto en mil pedazos. Porque la vida siempre continúa.

carlota dimitri getty© Getty Images
Carlota y Dimitri celebraron su boda religiosa en Saint-Rémy.

En Saint-Rémy-de-Provence fueron crecieron los pequeños príncipes monegascos. Era habitual verlos hacer una vida normal y tranquila en el campo, incluso participando de la fiesta de la Trashumancia. Tanto marcó a la familia este rincón de la Costa Azul que fue elegido por Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam para celebrar en verano de 2019 su romántica boda religiosa. Una celebración en la abadía de Sainte‑Marie de Pierredon que estuvo llena de guiños a su infancia, como el sencillo ramo de lavanda que portaba la novia, símbolo de la Provenza.

Restaurante L’Auberge, Saint-Rémy-de-Provence, Francia© @auberge.de.stremy
Fanny Rey y su compañero y pastelero Jonathan Wahid.
Restaurante L’Auberge, Saint-Rémy-de-Provence, Francia© @auberge.de.stremy
Creación de L’Auberge.

Para un pueblo del tamaño de Saint-Rémy-de-Provence, tener dos restaurantes con estrellas Michelin da una idea de su nivel gastronómico. L’Auberge (aubergesaintremy.com) se ubica en un edificio clasificado como monumento histórico que data de 1690; el otro es La Table del Hôtel de Tourrel (detourrel.com), que ofrece alta cocina en un entorno elegante. Pero luego hay otros bistrós y pequeños y populares locales para disfrutar de la cocina tradicional provenzal con productos de temporada, como Le Bistrot de Saint-Rémy (lebistrotdesaintremy.fr).

Monasterio de Saint-Paul-de-Mausole, famoso porque allí estuvo ingresado Vincent van Gogh.Saint-Rémy-de-Provence, Provenza, Francia© Shutterstock
Monasterio de Saint-Paul-de-Mausole, famoso porque allí estuvo ingresado Vincent van Gogh.

Siguiendo desde el pueblo por un camino muy agradable entre campos y olivares se llega en unos 20 minutos al monasterio de Saint-Paul-de-Mausole, famoso porque allí estuvo ingresado Vincent van Gogh. La visita permite ver su habitación, reproducciones de sus obras más conocidas —como La noche estrellada, Los Lirios o Campo de trigo con cipreses, que se encuentran en museos como el MoMA o el Van Gogh— y pasear por los jardines que le sirvieron de inspiración.

Glanum, yacimiento romano, Saint-Rémy-de-Provence, Provenza, Francia© Shutterstock
Yacimiento romano de Glanum.

A muy poca distancia, prácticamente al lado, se encuentra el Glanum, un impresionante yacimiento arqueológico donde puedes recorrer los restos de una antigua ciudad romana, con templos, termas y monumentos bien conservados. 

Les Baux-de-Provence, pueblo, Provenza, Francia© Shutterstock
Les Baux-de-Provence, encaramado sobre un peñasco.

Como Saint-Rémy-de-Provence está rodeado por el Parque Natural de los Alpilles, hay muchas otras opciones para disfrutar de la naturaleza, como caminatas o paseos en bicicleta tranquilos entre bosques, campos de olivos y almendros o pequeños ríos y manantiales. Más larga es la ruta desde Crêtes, que recorre miradores espectaculares sobre la llanura de la Provenza o acerca al pueblo medieval de Les Baux-de-Provence, encaramado sobre un peñasco. Muchos encantos que sumar a este rincón lleno de autenticidad de la Provenza que encaja perfectamente con la personalidad de Carlota, siempre discreta y alejada de lo ostentoso, y que le permite respirar y reencontrarse con lo esencial.