La pequeña Venecia escondida en Calabria: el pueblo italiano donde las casas cuelgan del mar


A orillas del mar, esta localidad combina historia, tradición y paisajes espectaculares entre antiguos palacios, pequeñas calles y embarcaderos con mucho encanto.


Scilla, pequeña Venecia, sur Italia, Calabria
Por: Mari Carmen Duarte
7 de mayo de 2026 a las 18:00 CEST

Frente a Sicilia, la región de Calabria despliega uno de los paisajes más sorprendentes del sur de Italia, es la 'Costa Amalfitana' de la punta de la bota. Entre las montañas y la costa se extiende el Parco Nazionale dell’Aspromonte, un territorio de cascadas, senderos y panorámicas donde el mar siempre está presente, y con una gastronomía muy arraigada —el queso musulupa o los capoccoli (salchichas) son productos tradicionales—. En este espacio natural que se desparrama hasta el mar se encuentra el pueblo de Scilla, conocido por el apodo de 'la pequeña Venecia'. Una antigua villa pesquera que tiene encantos tanto fuera como dentro de sus aguas, con fondos marinos comparables a los tropicales. Y es que todo lo que toca el mar Tirreno se convierte en paraíso.

Scilla, Calabria, Italia© Shutterstock

Scilla es un pueblo casi encajonado en el estrecho de Messina  —el brazo de mar que separa Sicilia de Italia continental—, un lugar que en la mitología griega estaba dominado por dos terribles criaturas, Escila y Caribdis, capaces de complicar el paso a los navegantes. Por suerte, hoy no hay que cruzar esos escasos kilómetros de agua para conocer este rincón calabrés que, pese a su nombre asociado a monstruos, también evoca delicadeza y flores.

El pueblo se organiza en tres partes bien diferenciadas: Marina Grande, el barrio de San Giorgio y el núcleo más antiguo, Chianalea di Scilla, conocido como esa 'pequeña Venecia' del sur de Italia, a más de 1000 kilómetros de la original. En esta última, las casas de pescadores parecen surgir directamente del agua en equilibrio sobre las rocas, punteando de color la exuberante vegetación que crece a su alrededor.

Scilla, barcos pescadores, Italia© Shutterstock

El mar, los pequeños embarcaderos y el pequeño puerto se llenan de embarcaciones de colores vivos. Los callejones de piedra que serpentean entre las casas, marcados por fuertes pendientes en su camino hacia el monte, se prolongan hasta el agua. Esa particular disposición ha llevado a otra interpretación del nombre del lugar, ya que recuerda, salvando las distancias, a los canales de la bella Venecia.

Castillo de Scilla, Calabria, Italia© Shutterstock
El castillo Ruffo di Scilla coronando el pueblo.

El barrio de Chianalea, esencia marinera en Scilla

Se cree que los primeros asentamientos de la localidad podrían remontarse a comunidades de origen troyano en el siglo V d. C. Tras atravesar épocas convulsas marcadas por incursiones como las de vándalos y sarracenos, fueron los normandos quienes, en el siglo XI, impulsaron su recuperación, abriendo una etapa de crecimiento y expansión comercial que la llevó a destacar en la región. En ese contexto, el castello Ruffo di Scilla, vigilando desde lo alto el barrio de Chianalea frente al mar, jugó un papel importante en su historia.

Con origen en el siglo V a.C. y con la intención de combatir a los piratas, la fortaleza, ubicada sobre un promontorio rocoso, ahora es un centro cultural que además cuenta en su interior con un faro. En su cima, la vista de las Islas Eolias contrasta con los impresionantes atardeceres de esta zona de la Calabria tirrénica, conocida como la Costa Viola, que tiñe de un tono violáceo sus aguas a causa de una peculiar alga, un fenómeno del que ya habló Platón en sus días. 

Scilla, iglesia de Maria Santissima Immacolata, Italia© Shutterstock
Iglesia de Maria Santissima Immacolata.

Chianalea  es pequeña, pero no hay que dejarse engañar. Este pueblo marcado por su tradición marinera tiene una rica historia y patrimonio que descubrir. Más allá del fuerte de la familia Ruffo, que separa Chianalea di Scilla y Marina Grande, conectándolas también por un pasaje arqueado, en lo más alto del acantilado se alza también la iglesia de María Santísima Inmaculada, considerada la construcción cristiana más antigua de Calabria, del siglo V. Recompuesta en numerosas ocasiones de ataques y desastres naturales, en su interior puede verse un mosaico majestuoso que representa a un ángel iluminando la localidad y una estatua de la Inmaculada Concepción, del siglo XVII. 

Calle de Scilla, pequeña Venecia, sur Italia© Shutterstock
Los balcones con flores son una constante en las calles de Scilla.

Las calles de Chianalea, como Vía Grotte, Vía Zagari o Vía Chianalea, dejan testimonio de la presencia del mar en cada detalle. Las flores abarrotan los balcones y los diminutos patios de las casas, algunas del siglo XVII, que parecen sostenerse apoyadas unas a otras. En un paseo entre ellas se pueden admirar fuentes antiguas, como la Fontana Ruffo, del siglo XVI, con el escudo de la familia; la Fontana dei tre Canali, del XVII,  con máscaras y frisos; y la Fontana Canalello.

Muy cerca, Villa Zagari, un edificio de estilo ecléctico de 1933 declarado Monumento Nacional, muestra el palacio natal de Giuseppe Zagari, médico y científico de la época. También a pocos pasos, otro edificio, el Palazzo Scategna, con su doble fila de balcones de piedra, es ahora un hotel que permite ver cómo vivía la noble familia de Nava y Ruffo di Calabria. Entre unos y otros edificios, dos pequeñas iglesias se arriman al mar: Santa Maria di Porto Salvo y San Giuseppe, dos humildes edificios en los que los locales dan rienda suelta a su devoción. 

Por último, es imprescindible subir a la piazza San Rocco, que sirve de trono a la estatua que representa la importancia del misticismo del lugar: Scilla, obra del escultor Francesco Triglia, representada con el monstruo marino que, en la otra orilla, en Sicilia, se enfrenta a su némesis, Caribdis. La plaza, dedicada al patrón de la población y de la iglesia que le da sombra, regala unas vistas privilegiadas del entorno. 

Scilla, en la provincia de Calabria, al sur de Italia, un bonito pueblos costero conocido como 'la Venecia del sur'© Pixelshop - stock.adobe.com

Pez espada, el plato que tienes que probar en Scilla

Si hay algo que aman los calabreses es el mar, y los scillesi no iban a ser menos. Un amor que también es temor, unido al relato mitológico que, en cierto modo, previene de los peligros de la navegación. Pintores como Guttuso, Mirabella y Mazzullo se enamoraron en los 50 de este lugar hasta el punto de crear una escuela de pintura, y es que las escenas que aquí se dan son idílicas y dignas de inmortalizar.

Desde el mar, es posible ver cómo las casas se asoman unas por encima de las otras para no perderse lo que pasa sobre la superficie. Entre ellas, los botes flotan y sirven de automóviles, mientras los locales claman que en este rincón de Italia las casas son barcos y los barcos son casas. Cuando sale el sol, los pescadores venden sus capturas en el Scaro Alaggio, el puerto del lugar, junto al vino Zibibbo típico de la zona. Después, el día se resume en reparar las redes y cuidar de las embarcaciones. 

El pez espada es aquí santo y devoción. Según la leyenda, este animal fue el único que no se amedrentó ante la presencia de Scilla, con lo cual es abundante en la zona y en los restaurantes de Chianalea. Su pesca es tan ritual que requiere de embarcaciones con una bola de madera en lo alto del mástil de proa, con las estrellas de la Osa Mayor dibujadas sobre un fondo azul o rojo y separadas por una banda blanca. Además, los ejemplares pescados han de marcarse con una cruz en la mejilla derecha, algo que puede verse hoy en día si se está cerca del puerto en las descargas. 

Chianalea, Scilla, Italia, Calabria© Shutterstock

Lo más tradicional es disfrutar el pez espada en rollitos, aunque también se prepara a la parmigiana, a la parrilla o con pasta fresca acompañada de berenjena, alcaparras y tomate. En los últimos años, incluso el sándwich de pez espada se ha convertido en una opción muy popular. Parte del encanto de estos platos está también en el entorno: muchos restaurantes se levantan sobre terrazas que se adentran en el mar, sostenidas por pilotes, donde el sonido de las olas acompaña la comida y se mezcla con la leyenda de Scilla, la ninfa transformada en monstruo por Circe.