Así es la casa de Mallorca pensada para disfrutar todo el año: jardín con piscina, pérgola bioclimática y una decoración serena
Construir una vivienda desde cero permite tomar decisiones que transforman la manera de vivirla. En esta casa de Marratxí, la interiorista Isabel Mir participó desde la cimentación para crear un hogar luminoso, cómodo y conectado con el exterior, donde cada espacio responde a las necesidades de sus propietarios y al privilegiado estilo de vida mediterráneo
Encontrar un solar en Mallorca que reúna ubicación, dimensiones y posibilidades no resulta sencillo. Por eso, cuando los propietarios de esta vivienda descubrieron una parcela de unos 600 m2 en Marratxí, a apenas quince minutos de Palma, supieron que no podían dejar escapar la oportunidad. El terreno permitía construir una casa de dos plantas de aproximadamente 140 m2, con espacio suficiente para un amplio jardín.
El proyecto llegó a la interiorista Isabel Mir gracias a la recomendación de un familiar de los dueños. Una circunstancia que, como ella misma reconoce, siempre tiene un significado especial. "La confianza de un cliente es el mejor reconocimiento que puede recibir un profesional", explica. Y esa confianza apareció desde el primer encuentro. "No me marcaron ninguna línea concreta, ni preferencias de estilo, sino que me dieron libertad para decidir materiales, acabados, iluminación, mobiliario y decoración. Solo tenían una idea clara: querían una casa cómoda, que pudieran disfrutar durante muchos años".
Esa idea condicionó la distribución desde el principio. Aunque la vivienda cuenta con dos plantas, Isabel Mir reorganizó el proyecto para que la vida diaria transcurriera en la planta baja. Cocina, salón, comedor, un aseo de cortesía y el dormitorio principal tipo suite. La planta superior quedaría reservada para las visitas, con dos dormitorios y un baño completo.
La piscina ocupa el eje principal del jardín. Frente a ella se colocaron dos hamacas que crean un rincón perfecto para tomar el sol o desconectar después de un baño. El paisajismo se mantuvo deliberadamente limpio para potenciar la amplitud y dejar que la arquitectura respirara sin elementos innecesarios.
La gran protagonista de la terraza es la pérgola bioclimática, concebida para que esta zona pueda utilizarse mucho más allá de los meses de verano. Bajo ella se organizaron dos ambientes bien diferenciados. Por un lado, una salón de verano donde conversar, leer o alargar las sobremesas y, frente a él, un comedor para reuniones familiares y comedidas con amigos. Ambos comparten la misma colección de mobiliario y los mismos acabados, lo que aporta continuidad visual y una sensación de orden muy agradable.
Los grandes cerramientos acristalados permiten que, cuando están abiertos, el interior de la vivienda y el porche se fundan en un único espacio.
Nada más cruzar la puerta principal aparece el corazón de la vivienda:un gran espacio abierto con salón, comedor y cocina. Desde cualquier punto es posible mantener el contacto visual con el resto de la familia, cocinar mientras llegan los invitados o abrir completamente la casa hacia la terraza cuando el tiempo acompaña.
La amplitud de la planta no depende únicamente de los metros cuadrados. También influye la manera en la que se han organizado los recorridos, la continuidad de los materiales y una iluminación diseñada desde el inicio de la obra junto a los especialistas de DLX Iluminación.
La pared se revistió con un papel pintado de la firma Casamance que, sin preverlo, acabó convirtiéndose en uno de los hilos conductores del proyecto. "Nos sobró papel. Así que, en lugar de guardarlo, decidimos aprovecharlo para dar vida a una de las paredes del salón", nos cuenta la interiorista.
Cuando comenzaron a trabajar juntos, la propietaria tenía clarísimo que quería muebles verdes. Era una petición muy concreta y, en cierto modo, una de las pocas condiciones que puso sobre la mesa. Sin embargo, conforme la vivienda fue tomando forma, Isabel Mir le propuso valorar una alternativa más serena y atemporal. La conversación fue larga, pero acabó dando sus frutos. "Finalmente acordamos que una cocina en madera y un color neutro encajaba mucho mejor con el concepto global de la vivienda", nos cuenta.
Los muebles son de líneas depuaradas y frentes lisos y se combinaron con una isla que, ademas de delimitar la cocina propiamente dicha de la entrada de la casa, hace las veces de barra de desayunos. Sobre ella destacan unas luminarias de diseño de Lodes, que la interiorista escogió tanto por su presencia escultórica como por la calidad de la luz que proyectan sobre la superficie de trabajo. Los jarrones de cerámica en tonos verdes son de Mare Blue.
Ubicado entre la cocina y la zona de estar, está formado por una gran mesa de madera acompañada de seis sillas tapizadas especialmente cómodas, y dos lámparas de techo de formas y tamaños diferentes, colgadas a distinta altura que ponen una dosis carácter y sofisticación. Sobre la mesa, varios jarrones de cristal con discretos matices verdes enlazan visualmente con la cocina.
La zona de estar se decoró con un gran sofá con chaise longue,tapizado en un tejido antimanchas en tonos claros, una elección tan práctica como estética. Isabel Mir defiende que una casa debe disfrutarse sin miedo. "Los materiales tienen que resistir el uso diario y seguir conservando su aspecto con el paso del tiempo", dice.
Frente a él, la interiorista diseñó un mueble realizado completamente a medida que acoge el televisor, integrar una chimenea y ofrece una generosa capacidad de almacenaje. A ambos lados vemos el mismo papel pintado de Casamance del recibidor.
En cuanto a la iluminación, se instaló un carril magnético negro que permite modificar los puntos de luz según cambien las necesidades de los propietarios.
Y como toque final, los textiles. Ventanas y puertas acristaladas se vistieron con unos visillos blancos que filtran la luz mallorquina sin restar protagonismo al paisaje exterior, y los asientos se animaron con cojines confeccionados con telas estampadas.
La zona de descanso transmite sensación de calma gracias a una gama cromática dominada por tonos neutros. Solo algunos cojines y un plaid en color mint rompen con esa base. La pared del cabecero se revistió con un papel pintado geométrico de la firma Casamance, en los mismos tonos de la decoración.
Cuando se le pregunta por el rincón del que se siente más orgullosa, Isabel Mir reconoce que le cuesta elegir porque entiende cada proyecto como un todo. Aun así, admite que esta suite ocupa un lugar especial. "Creo que es una zona muy equilibrada, funcional y acogedora, con sus tres espacios bien diferenciados, que refleja perfectamente la esencia de todo el proyecto", dice.
Para reforzar esa idea, el revestimiento del baño combina el mismo papel pintado presente en el dormitorio con unas baldosas texturizadas de relieve acanalado, una mezcla con la que se logró un equilibrio muy interesante entre calidez y sofisticación.
El mobiliario se diseñó a medida y se acompañó de unos nichos de madera realizados en el mismo acabado.
En un principio estaba prevista que fuera en el techo del recibidor, pero al recorrer la casa acabada Isabel Mir comprendió que tendría mucho más sentido trasladarla al pasillo que conduce a la suite, donde podía apreciarse desde distintos puntos de vista. "Los planos son imprescindibles, pero una casa también habla cuando empieza a tomar forma. Escucharla hasta el final permitió ajustar pequeños detalles que terminaron enriqueciendo el resultado", explica.
El verde encontró aquí el escenario perfecto para desplegar toda su personalidad
El revestimiento de las paredes y el mueble de lavabo comparten la misma gama cromática y hacen del aseo de cortesía una auténtica sorpresa para quien recorre la casa. "Es un tono espectacular que aporta muchísima personalidad al espacio y demuestra que el color, utilizado en el lugar adecuado, puede tener un resultado increíble", comenta la interiorista.
Pero más allá del efecto WOW, este espacio escondía un pequeño desafío. Su ubicación bajo la escalera obligó a estudiar cuidadosamente cada centímetro disponible. La altura disponible permitió resolverlo con total comodidad y, además, Isabel Mir convirtió el hueco en un práctico espacio de almacenaje. Para que pasara completamente desapercibido, diseñó una puerta revestida con la misma madera que recorre buena parte de la vivienda.