En una de las zonas más exclusivas de La Moraleja, en Madrid, Carlos Lavilla e Isabel Rodríguez encuentran su refugio lejos del ritmo frenético que imponen sus trabajos. Una casa que, tras una reforma de dos años, dirigida por su amigo el prestigioso arquitecto Tristán Domecq, transmite elegancia, equilibrio, belleza y autenticidad y refleja una vida construida con paciencia, esfuerzo y valores compartidos.
Pero si hay un rasgo que define su personalidad es su espíritu viajero. Carlos e Isabel comparten una misma pasión, la de descubrir el mundo, y se nota en cada uno de sus rincones. Muchas de las piezas que decoran su vivienda las adquirieron en algunos de los destinos más fascinantes del planeta —de la India a Uganda— y, más que simples objetos, son recuerdos que cuentan pequeñas historias de experiencias compartidas y de su curiosidad inagotable por otras culturas.
Dos mundos
Carlos es uno de los referentes de la banca de inversión, las telecomunicaciones y el capital de riesgo en España. Su padre, Landelino Lavilla, fue una figura clave en la Transición española, por lo que creció en un entorno donde la integridad, el sentido del deber y la vocación de servicio se le quedaron grabados "a fuego". De él heredó la convicción de que la excelencia no se proclama, sino que se demuestra, y esa máxima ha guiado su trayectoria profesional.
Isabel, por su parte, es una de las juristas más prestigiosas de capital riesgo en España. Una pionera que formó parte del pequeño grupo de profesionales que sentaron las bases de un sector que, entonces, era incipiente, aportando el rigor jurídico y la visión estratégica.
En su hogar, conviven piezas que atesoran de sus apasionantes viajes por el mundo con obras de artistas contemporáneos, como Antoni Tapiès y Miguel Ángel Campano
Admiración mutua
"Nos conocimos en un momento de nuestras vidas en el que los dos estábamos muy centrados en nuestras carreras profesionales", nos cuenta Isabel. "Nuestra relación comenzó con un interesante proyecto profesional y, con los años, debido también a la evolución de nuestras propias situaciones personales, terminó transformándose en una relación basada en la admiración mutua, la complicidad y los valores compartidos".
"Lo que más admiro de Carlos es su liderazgo y su extraordinario criterio", nos explica. "Tiene la capacidad de ver oportunidades donde otros ven dificultades y de tomar decisiones complejas con una serenidad admirable. Y en lo personal, destacaría su generosidad, su honestidad, su sentido del humor y su capacidad para estar siempre presente para las personas que quiere. Después de tantos años, me siguen sorprendiendo su curiosidad intelectual y su buen corazón".
"Ella es un apoyo esencial que me permite vivir los días con serenidad y paz interior", apunta Carlos. "Admiro su inteligencia y su honestidad; también que es bondadosa y dulce". Hoy acompañan a Carlos e Isabel en este reportaje los tres hijos de Isabel —Isabelita, de 23 años, y los mellizos Javier y Matías, de 21—, ya que los cuatro hijos de Carlos trabajan y viven fuera de España.
"Nuestro rincón favorito es la biblioteca, porque resume todo lo que buscábamos: luz, calma y sensación de refugio", nos cuenta Isabel
Junto a ellos, disfrutan de una etapa de plenitud en la que el verdadero éxito ya no se mide por los logros profesionales, sino por el privilegio de compartir el tiempo con las personas que más quieren y saborear sin prisas todo aquello que realmente importa.
Equilibrio y belleza sin artificios
¿Cómo llegasteis a esta casa? ¿Qué fue lo que os conquistó de ella?
Llegamos casi por intuición. Habíamos visto muchas propiedades, pero ninguna nos producía esa sensación tan difícil de explicar que te hace imaginar tu vida allí desde el primer instante, y al final resultó que nos quedamos con la primera que habíamos visto. Lo que nos conquistó fue la luz, la proporción de espacios y, sobre todo, el potencial que tenía para convertirse en un hogar verdaderamente nuestro. Vimos lo que podía llegar a ser.
Durante la reforma, ¿hubo algún instante en el que pensasteis: "Ahora sí, esta casa habla de nosotros"?
Sí. Curiosamente no fue al final, sino cuando empezaron a definirse los espacios principales y vimos cómo convivían la arquitectura, la luz y los materiales. Hubo un momento en que dejamos de ver una obra y empezamos a reconocer nuestra forma de vivir reflejada en la casa. Ahí entendimos que no estábamos reformando una vivienda, sino construyendo un hogar. El proceso completo duró aproximadamente dos años y llevamos viviendo aquí otros dos. Aunque la casa ya está plenamente terminada, sigue evolucionando con nosotros.
La pareja confió la reforma a Tristán Domecq: "Trabajar con él fue fácil. Además, tiene la personalidad y la experiencia para insistir cuando realmente cree en una solución"
¿Cómo fue trabajar con Tristán Domecq en la reforma?
Fue una de las mejores decisiones que tomamos, porque desde el primer momento entendió perfectamente qué tipo de casa queríamos y supo traducir nuestras ideas en un proyecto con sensibilidad extraordinaria. Trabajar con él fue fácil: escucha, no impone; es flexible y sabe adaptarse a las necesidades y gustos de quienes van a vivir en la casa. Al mismo tiempo, tiene la personalidad y la experiencia para insistir cuando realmente cree en una solución. Ha conseguido crear una casa elegante, serena y atemporal que refleja quiénes somos.
“Con el paso de los años, hemos aprendido a valorar más la calidad que la cantidad, la autenticidad frente a la apariencia y la serenidad por encima de la urgencia”
La casa transmite serenidad, equilibrio y una belleza sin artificios. ¿Es también un reflejo de vuestra forma de entender la vida?
Absolutamente. Con el paso de los años, hemos aprendido a valorar más la calidad que la cantidad, la autenticidad frente a la apariencia y la serenidad por encima de la urgencia permanente que padecemos hoy día. Queríamos una casa que transmitiera calma, que invitara a quedarse, a conversar y a disfrutar de las pequeñas cosas. De alguna manera, representa bastante bien el momento vital en el que nos encontramos.
¿Cuál es vuestro rincón favorito?
Probablemente la biblioteca, porque resume todo lo que buscábamos: luz, calma y sensación de refugio.
¿Y vuestra pieza preferida?
Nos cuesta escoger una sola. Todas ellas han sido elegidas con sumo cuidado y atención, tienen su propia historia y, además de su valor estético, una carga emocional especial.
Cuando recibís invitados, ¿qué estancia se convierte en el corazón de la reunión?
En verano, nuestro porche, y en invierno, los salones interiores. Nos gusta recibir sin demasiadas formalidades, creando un ambiente relajado en el que todo el mundo se sienta cómodo desde el primer momento. Para nosotros la hospitalidad tiene más que ver con la calidez que con la perfección.
Isabel es una de las juristas con más prestigio en el sector de capital riesgo en nuestro país. Un mundo al que llegó cuando apenas había abogados especializados en ello
¿Cómo sería un día perfecto de descanso para vosotros aquí?
Un día sin horarios. Desayunar despacio, leer, pasear, compartir tiempo con la familia y los amigos y terminar el día con una agradable cena. Cuando tienes agendas profesionales muy exigentes, el verdadero lujo es disponer de tiempo y poder disfrutarlo sin prisa.
En casa, ¿se habla mucho de inversiones, fondos y operaciones?
Es inevitable que algunos temas aparezcan, porque forman parte de nuestro mundo, pero hemos aprendido a establecer límites saludables. Nos interesa mucho lo que hace el otro y disfrutamos intercambiando ideas, pero procuramos que el trabajo no monopolice nuestras conversaciones. La familia, los amigos, los viajes, la cultura y los proyectos personales ocupan un espacio mucho más importante.
Cuando comenzaste tu carrera, no había muchas mujeres en puestos de liderazgo financiero. ¿Qué barreras encontraste?
Debo decir que he tenido la suerte de no haber encontrado grandes barreras por el hecho de ser mujer. Yo siempre intenté centrarme en el trabajo, en la excelencia técnica y en la construcción de relaciones profesionales basadas en la confianza.
Habla Carlos
¿Qué fue tu padre para ti?
Creo que mi padre fue un hombre bueno que hizo, junto a otros, cosas importantes por España sin buscar su provecho personal. Para mí ha sido un ejemplo y estoy muy orgulloso de haber sido su hijo. La enseñanza más valiosa que me dejaron mis padres fue la misma: el verdadero valor de la persona se mide por su honestidad y su integridad.
Has sido testigo de grandes cambios en los sectores de la telecomunicación, los medios de comunicación y el capital de riesgo. Echando la vista atrás, ¿cuál ha sido la decisión profesional más compleja que has tenido que tomar?
Conformar el equipo de personas con las que uno trabaja, eligiendo a unas y descartando a otras. Elegir es muy gratificante y descartar es, además de difícil, muy duro.
¿Y cuál dirías que ha sido la mejor inversión de tu vida, al margen de los negocios?
El tiempo que les he dedicado a Isabel y a mis hijos.
“Cuando tienes agendas profesionales muy exigentes, el verdadero lujo es disponer de tiempo y poder disfrutarlo sin prisa”
¿Qué es lo que más ilusión te hace de esta etapa?
Hoy mi prioridad son mis hijos e Isabel. En el ámbito profesional sigo haciendo lo que siempre he hecho, aunque con un ritmo algo más pausado, y eso también me aporta una gran satisfacción. En esta etapa valoro especialmente las cosas sencillas: que todos estemos bien, que la familia disfrute de salud y de tranquilidad y que cada día llegue acompañado de alguna pequeña buena noticia. Al final, son esos momentos los que realmente dan sentido a todo.



























