Pertenece a una familia ligada al mundo rural y la gestión del campo, donde la tradición agrícola y ganadera ha marcado su identidad desde su infancia. La historia de Silvia Lodares está estrechamente vinculada a esta finca, situada en un enclave privilegiado de Sierra Morena oriental, una zona que pertenece al Parque Natural de Despeñaperros y desde la que se vislumbran las cumbres de Cazorla. Una tierra fértil de llanos, barrancos, riachuelos y extensos horizontes que ha pertenecido durante generaciones a su familia materna, los Flores.
Esta finca fue adquirida en el siglo XIX por la familia Flores, que comenzó a desarrollarla como explotación agrícola y ganadera. Con el paso del tiempo, la actividad evolucionó y fue transformada en coto de caza.
Aunque la propiedad original se dividió entre su madre y sus hermanos, la esencia del lugar se ha conservado intacta. La parte que hoy pertenece a Silvia ha respetado su estructura original, siendo ampliada con el tiempo sin perder su carácter ni su identidad. Ha sido durante décadas un lugar muy especial para su madre, quien la diseñó, decoró y cuidó como un proyecto vital.
Además de dedicarse a mantener este legado familiar, Silvia es la fundadora de The Cook, uno de los "caterings" más importantes de España. Su vida profesional y personal se entrelazan en una misma esencia: la pasión por la tierra, la gastronomía, la tradición y el esfuerzo.
"La finca fue adquirida por la familia de mi madre, los Flores, en el siglo XIX. Se asentaron en La Mancha, entre Albacete, Ciudad Real y Sierra Morena, sacando el máximo provecho a las tierras, tanto en agricultura como en ganadería"
¿Cómo llega hasta ti esta finca?
Fue adquirida por la familia Flores. Carmen, mi madre, es hermana de Samuel Flores, pertenecientes a una saga de destacados terratenientes. Llegaron a La Mancha, entre Albacete, Ciudad Real y Sierra Morena, en busca de tierras fértiles y buenos pastos y comenzaron a adquirir distintas fincas. La familia se asentó "de verdad" en la zona, trabajando y sacando el máximo provecho de todas las tierras, tanto en agricultura como en ganadería. Con el tiempo se decidió convertirla en coto de caza. El terreno se dividió entre mi madre y sus hermanos, y ella, sabiendo de nuestra pasión familiar, me regaló su parte hace poco.
¿Quién diseñó la ampliación y el interiorismo?
Carmen, mi madre, ha diseñado, decorado, disfrutado y mantenido esta casa, que ha sido su 'niña bonita' durante 20 años, y así será a partir de ahora también para mí. Me hace especial ilusión tener a mi madre tan presente.
¿Cómo recuerdas tu infancia en este lugar?
Me encanta el campo. Mis dos familias, Lodares y Flores, son ganaderas y agrícolas, y esta casa resume muy bien mis raíces. ¡Lo he vivido desde que nací! No puedo estar más orgullosa de mi infancia, de todo lo que he aprendido de mis padres en el campo y de todo lo que he disfrutado. Lo llevo en la sangre, tengo recuerdos de las vacas de leche, de los cerdos cuando criaban, de las ovejas manchegas y sus corderos… Llegué a tener incluso una ganadería propia, a la que he defendido siempre con mucho tesón. He vivido el cereal, el maíz, el girasol, las fincas de secano y de regadío... Y por parte de los Flores, también los caballos —sigo manteniendo con su hierro—, los toros de lidia, los festivales, los tentaderos y la caza… Me he criado dentro de todo este mundo maravilloso, en el que he sido, y soy, muy feliz. Todos los momentos más especiales de mi vida han transcurrido aquí; para mí, estar en este sitio me ayuda a desconectar, y doy gracias por ser tan privilegiada.
"Carmen, mi madre, ha diseñado, decorado, disfrutado y mantenido esta casa, que ha sido su 'niña bonita' durante 20 años, y así será a partir de ahora también para mí"
¿Qué significa tu tío Samuel Flores para ti?
Mi tío Samuel, hombre de campo, como mi padre, ha sido una gran figura en mi vida: mi segundo padre. Qué suerte que se juntaran mis dos familias. Y, sobre todo, qué afortunada soy de tenerlo en mi vida. Desde pequeña siempre me he fijado en él y he aprendido muchísimo: a cuidar al prójimo, a hacer el bien por los demás, a escuchar a todo el mundo; él sabe estar tanto con el Rey como con cualquier persona sencilla que le pide consejo, ayuda siempre al que lo necesita... Siempre ha estado para mí, para mi madre y para mis hermanos. Me quedé sin padre con 17 años y él nos cobijó a todos para que no nos faltara de nada, tanto a nivel emocional como en lo cotidiano, invitándonos y acompañándonos durante años hasta que fuimos saliendo de aquella tragedia.
Su amor por la cocina
¿En qué momento descubriste tu pasión por la cocina?
En el campo pasé largas temporadas sola con las cocineras Esperanza y Mercedes. A mí me encantaba comer, así que pasaba muchas horas con ellas en la cocina. Más tarde, cuando estaba en mitad de la carrera universitaria y conocí a Luis, mi marido, me aficioné de verdad a cocinar. Empecé como alumna, pero estuve muy poco tiempo porque enseguida pasé a ser pinche y profesora en la escuela de cocina con mi gran amiga Churra del Águila. Desde la primera clase me emocioné y, cuando volví a casa, le dije una frase que a mi madre le dio pánico: "Mamá, quiero ser cocinera". Terminé mi carrera de ADE y me fui directa a Le Cordon Bleu, en París, a formarme.
"Por parte de los Flores me encantan los caballos —sigo manteniendo con su hierro—, los toros de lidia, los festivales, los tentaderos y la caza… Me he criado dentro de todo este mundo maravilloso, en el que he sido, y soy, muy feliz"
¿Qué te aportó esta experiencia en Le Cordon Bleu?
Me dio la libertad de explorar y desarrollar mi propio camino. Me formé allí y sigo haciéndolo, porque es algo que me apasiona profundamente. En París tuve la suerte de contar con una figura clave en ese momento: Jean Bongrain, mi "papá francés", que me acogió y al que toda mi familia quería muchísimo. Allí trabajé en las mejores empresas de "catering" en Francia, como Potel et Chabot y Saintclair Traiteur, además de en la prestigiosa La Maison du Chocolat. Esa etapa me hizo tomar conciencia de que debía decidir si continuar en ese entorno o dar un giro a tiempo y salir de él, porque es un mundo en el que, una vez entras, o sales pronto o te quedas para siempre. Es una decisión importante que exige valentía: al final, quien no arriesga, no gana.
Arriesgaste y fundaste tu "catering" The Cook en 1999, con tan solo 20 años.
Siempre digo que tuve un punto de locura: era muy joven y asumí un riesgo importante. Pero, en realidad, en mi vida todo funciona así: cuando algo me apasiona, no lo dudo.
"Mi etapa estudiando cocina en París, en 'Le Cordon Bleu', me hizo tomar conciencia de que debía decidir si continuar en ese entorno o dar un giro a tiempo y salir de él"
Has servido grandes eventos, ¿cuál recuerdas con más cariño?
Un cliente me dijo una vez: "¿Te vendrías a República Dominicana a cocinar para un plan que hacemos cada año en mi casa?". No supe nada más: ni cuántos serían, ni qué menús había que preparar… ¡nada! Cogimos el avión y al día siguiente ya estábamos en el mercado viendo el producto local para diseñar los platos. Incluso llegué a ir en helicóptero a una huerta para recoger producto fresco. Fue entonces cuando pregunté: "Pero… ¿qué es esto exactamente? ¿Quién viene y cuántos son?". La respuesta me dejó sin palabras: "Todos los presidentes del mundo del momento, invitados durante una semana en casa". Durante el día servíamos comidas tipo bufé en la palapa y por la noche organizábamos cenas de gala para el doble de personas de las que realmente se alojaban allí, porque siempre llegaban más invitados. Aparecieron figuras como Julio Iglesias y Óscar de la Renta. Una experiencia inolvidable.
¿Cuáles son tus recetas más emblemáticas?
En el campo, los platos de caza y las migas son mi gran especialidad. También me encantan los bufés variados, las cremas de temporada, los pescados tratados con mimo y acompañados de sus salsas y carnes con cocciones precisas y guarniciones de temporada. Es una cocina de siempre y con el mejor producto. Además, cuento con dos tiendas, en Aravaca y en Lagasca, donde ofrecemos cremas, platos envasados al vacío, aperitivos, tartas… Todo pensado para que la gente pueda comer bien sin necesidad de cocinar.
"Mi tío Samuel ha sido una gran figura en mi vida. Me quedé sin padre con 17 años y él nos cobijó a todos para que no nos faltara nada"
Su compañero de vida
Hoy nos acompaña Luis, tu marido y padre de tus dos hijos.
Luis ha dedicado toda su vida a asesorar a familias en la gestión global de su patrimonio, pero en mi caso me ayuda y me acompaña en absolutamente todo. No me deja sola nunca; nunca me ha soltado. Es un compañero maravilloso. Tenemos una empatía total. Es un gran amante de la caza, de los animales y del campo, por eso compartimos tanto y nos acompañamos mucho.






























