Han pasado quince años desde que llegaron a esta casa, su refugio en la región del Valle del Loira. El ritmo de París, la gran metrópoli —con sus más de dos millones de habitantes—, a veces, puede resultar trepidante, pero aquí, en el campo, todo se detiene. “Somos pocos, el aire es fresco y los pájaros cantan. Hay un bosque muy bonito cerca. Pasar tiempo aquí nos hace felices”, nos cuenta la decoradora y diseñadora de interiores Krystyna Dwernicka.
Junto a sus tres hijos, Constantin, Ferdinand y Antoine, nos recibe en este hogar extraordinario, que data del siglo XVIII —aunque una parte se remonta a la Edad Media— y que refleja todo lo que le gusta en decoración. “No es convencional. Rinde homenaje a los artistas, a la artesanía y al folclore. Es cálida, elegante, viva y llena de sorpresas”.
La vivienda data del siglo XVIII, aunque una parte, nos explica, "se remonta a la Edad Media". "Llegamos hace quince años y pasar tiempo aquí nos hace felices"
Su fascinante historia
Hija de la pintora Krystyna Radziwill-Milewska y del historiador Jan Milewski —quien tenía un gran talento para el dibujo—, creció en el seno de una importante familia de artistas e intelectuales, “con grandes figuras que han desempeñado un papel importante en la historia de Polonia” —su país natal—; pero nos confiesa que su heroína es “mi abuela materna, que demostró un valor excepcional durante la guerra”. Salvó a muchos judíos y “recibió el título honorífico de Justa entre las Naciones. Su nombre está grabado en Yad Vashem” —el Museo de la Historia del Holocausto, situado en Jerusalén—.
Krystyna creció bajo el régimen comunista; una infancia que recuerda como “una vida sencilla, feliz y modesta”, aunque acabó forjando su visión creativa. “En esa época no teníamos acceso a objetos de decoración, telas o muebles. Por lo tanto, hacíamos muchas cosas nosotros mismos, con los medios de los que disponíamos, para hacer nuestros interiores alegres, cálidos y coloridos”, nos explica. “Esta forma de crear, de transformar y de dar un nuevo uso a los objetos quedó profundamente arraigada en mí”. Después de casarse, decidió dar el salto definitivo a la decoración: “Quería que nuestra primera casa, la de mi marido y la mía, fuera tan bonita como la de mis padres".
Krystyna define esta casa como “poco convencional”: “Rinde homenaje a los artistas, a la artesanía y al folclore. Es cálida, elegante, viva y llena de sorpresas. Es el reflejo de todo lo que me gusta en decoración”
Su primer trabajo fue en el departamento de restauración de textiles antiguos del castillo real de Varsovia y, desde entonces, ha hecho todo tipo de proyectos. “Fui restauradora de tapices en un museo de Varsovia durante ocho años. También trabajé junto a uno de los fundadores de Solidarnosc para las primeras elecciones libres en Polonia, en 1989, antes de la caída del muro. En 1993 creé una empresa de decoración de interiores en Varsovia con una socia y abrimos una tienda. Hacíamos muebles a medida, de hierro forjado o de madera. Con excelentes tapiceros polacos creábamos muebles inspirados, entre otros, en sofás ingleses y franceses, que tapizábamos con hermosos linos polacos. Además, dábamos a los objetos un uso distinto al original. Los floreros de vidrio polaco podían convertirse en pies de lámpara, combinados con pantallas pintadas a mano por mi hermana, la pintora Elzbieta Radziwill. Esta forma de crear objetos únicos a partir de lo que ya existía, de trabajar con artesanos y de mezclar saberes se convirtió en una verdadera filosofía a la hora de concebir la decoración”.
Hoy continúa su trabajo como decoradora de interiores en París y colabora con Madame d’Ornano en las Casas Sisley. Un trabajo que compagina con su pasión por los collages —“me permite crear de otra manera con los materiales, las imágenes, los colores y los objetos”— y su férreo compromiso con diferentes asociaciones para ayudar a personas que viven en la calle o en situación de gran precariedad.
¿Cuándo llegó a París?
En 2004. Para mi marido, Stanislas, era un regreso, puesto que él había llegado a Polonia desde Francia en 1990. Para mis hijos y para mí, en cambio, era una llegada a Francia. Nunca antes habíamos vivido en un país que no fuera Polonia.
Con su hermana, la artista Elzbieta Radziwill, creó un papel pintado panorámico a medida para la pared del salón de sus hijos: “Quería que nos recordara la felicidad que había en esta casa con mi marido, que ya no está”
¿Qué supuso para usted llegar a esta ciudad?
Ya la conocía, porque había tenido ocasión de visitarla antes de mudarme. Venía de una ciudad enteramente destruida durante la guerra, en un país todavía marcado por el comunismo, y descubría una ciudad de luz: el buen gusto a la francesa, los museos más bellos del mundo, floristerías deslumbrantes, grandes intelectuales y personas apasionantes, comprometidas con los demás... París es una ciudad en la que puede ser difícil vivir para muchas personas, pero sigue siendo fascinante.
También es sobrina de Lee Radziwill, admirada en todo el mundo por su estilo y elegancia. ¿Qué recuerdos guarda de ella?
Soy sobrina de uno de los maridos de Lee Radziwill, Stanislas Radziwill, que era el hermano de mi abuelo. Coincidí con Lee dos veces en mi vida. Estoy muy unida a su hija Tina, que es prima hermana de mi madre. A la hermana de Lee, Jackie (Kennedy), le gustaba mucho la pintura de mi madre. Le compró un magnífico cuadro poco antes de su muerte.
Un estilo muy personal
¿Buscaba crear esa sensación de que la naturaleza también forma parte del interior?
En efecto, me gustan mucho las plantas. Es, a mi manera, una forma de hacer entrar el jardín en la casa.
"Cada habitación de la casa es diferente, pero el conjunto sigue siendo coherente. Hay un hilo conductor que une todas las estancias"
Hay espacios muy diferentes entre sí. ¿Buscaba ese contraste?
Cada habitación de la casa es diferente, pero el conjunto sigue siendo coherente. Hay un hilo conductor que une todas las estancias: mi toque personal como decoradora, que se expresa especialmente a través de los colores y los estampados.
¿Cuál es su estancia favorita y por qué?
No tengo una estancia favorita. Paso mucho tiempo en la cocina, donde me gusta cocinar, y en el salón, para leer o conversar con mi familia y mis amigos. El comedor, por su parte, tiene una doble función: allí recibo a mis invitados para cenar y realizo mis collages. Me gusta extender todo sobre la mesa para trabajar. Mi última creación es el salón de los chicos y de sus amigos, que redecoramos hace solo dos años. Con mi hermana Elzbieta, creamos un papel pintado panorámico a medida para la pared del fondo. Fue una sorpresa para ellos. Quería que esa imagen nos recordara la felicidad que había en esta casa con mi marido, que ya no está en este mundo… Quizá sea esta la estancia que más me conmueve, porque mi marido no llegó a verla, pero su nombre está escrito junto a los nuestros en el tejado de la casa, en el papel pintado panorámico.
"A veces dejo que mis hijos añadan algún detalle a la casa, velando siempre por preservar la coherencia del conjunto", nos confiesa
En una época en la que el minimalismo parece ser la norma, ¿cómo se logra crear un equilibrio y una armonía cuando los espacios son todos tan diferentes entre sí?
Efectivamente, el minimalismo no forma parte de mi universo… Sin embargo, me resulta difícil explicar cómo encuentro ese equilibrio. Cuando compongo mis interiores, procuro no recargar demasiado: no quiero crear un ambiente de mercadillo o anticuario. Si un elemento me parece de más, lo retiro.
La casa está llena de objetos. ¿Hay alguno que tenga un valor especial para usted o que le gustaría destacar?
Acoge las obras de numerosos artistas. Mi madre, Krystyna Radziwill-Milewska, pintora y extraordinaria colorista, me transmitió el gusto por los colores y el arte de combinarlos. Me gusta especialmente contemplar sus cuadros. Me remontan a mi infancia, a nuestro pequeño apartamento de Varsovia, cuando la miraba crear un mundo mágico sobre sus lienzos. Mi hermana está muy presente en mi universo creativo. Su estilo también está impregnado de poesía, y tanto a mis hijos como a mí nos encanta.
¿Alguno de sus hijos ha heredado su creatividad?
Mis tres hijos y mi marido siempre han estado muy involucrados en la decoración de la casa. Ha sido pensada para todos nosotros y mi prioridad siempre ha sido que cada uno se sienta bien en ella. A veces dejo que mis hijos añadan algún detalle, velando siempre por preservar la coherencia del conjunto. Creo que, cuando amueblen sus futuras casas, prestarán mucha atención a la decoración de interiores.
“El minimalismo no forma parte de mi universo… Cuando compongo mis interiores, procuro no recargar demasiado: no quiero crear un ambiente de mercadillo o anticuario”





























