Se conocieron siendo adolescentes y se casaron en 1987. Hansi Flick nació en Heidelberg y Silke, su mujer, en Bammental, que queda a solo 12 kilómetros. Fue en este lugar donde él comenzó su carrera como entrenador, compaginando el trabajo en el banquillo con el de jugador. Dos localidades próximas que forman parte de una historia personal y profesional compartida desde hace décadas.
En la región de Baden-Wurtemberg, Heidelberg tiene mucho más que contar que la historia de amor del entrenador azulgrana. Con unos 155.000 habitantes, nos recuerda un poco a Salamanca: ambas son ciudades universitarias, donde los estudiantes, que representan una cuarta parte de la población, dan ambiente a sus calles; también son monumentales y están atravesadas por un río: el Tormes en la salmantina y el Neckar en la alemana, afluente del Rin nacido en la Selva Negra. La gran diferencia está en el paisaje, mucho más montañoso en esta última.
EL CASTILLO DE HEIDELBERG, UNA RUINA DE CUENTO
La primera imagen que queda grabada en la memoria es la que se contempla desde el puente antiguo que cruza el río, con el castillo en lo alto y los tejados del centro histórico extendiéndose a sus pies. Para empezar a recorrer Heidelberg, hay que subir hasta esta fortaleza, que durante casi cinco siglos fue la residencia de los príncipes del Palatinado. Arquetipo del romanticismo alemán, ocupa una posición privilegiada en la falda norte del monte Königstuhl. Más que un castillo, es una preciosa ruina, considerada una de las más bellas de Alemania, pero con mucho que ver. Se puede llegar a pie, aunque resulta más cómodo hacerlo en funicular hasta la estación de Molkenkur.
Una vez arriba, hay que contemplar las fachadas de los distintos palacios que se abren al gran patio, asomarse a sus terrazas y visitar el Museo Alemán de la Farmacia o la bodega, que guarda la barrica más grande del mundo: ¡fueron necesarios 90 robles para fabricarla! Los jardines que lo rodean ofrecen, además, nuevas vistas de la ciudad.
A ORILLAS DEL NECKAR
Después, las arboladas orillas del Neckar permiten seguir disfrutando de Heidelberg al aire libre. Con buen tiempo, resulta agradable comer en restaurantes como Das Bootshaus (dasbootshaus.com), tomar el sol entre los puentes Theodor-Heuss y Ernst-Walz, montar en bicicleta, correr o hacer una excursión en barco para contemplar la ciudad desde otra perspectiva, con el castillo dominando el paisaje.
AMBIENTE UNIVERSITARIO
El casco antiguo se recorre a pie, con calma, o en bicicleta, como hacen muchos estudiantes. En el camino apetece detenerse en terrazas como la de Heidelberg Kulturbrauerei (heidelberger-kulturbrauerei.de), una antigua fábrica cervecera donde degustar algunas de sus cervezas artesanales y acompañarlas de platos tan sabrosos como el lechón asado, y curiosear en las tiendas que frecuentan los universitarios. No en vano, aquí se encuentra la universidad más antigua de Alemania, fundada por el príncipe Ruperto I en 1386.
Si hay una calle que concentra el ambiente de Heidelberg es Hauptstrasse, la principal arteria comercial del centro histórico, con 1.700 metros donde se suceden tiendas y cafeterías. Desde Bismarckplatz, centro neurálgico del transporte, hasta Karlstor, recorrerla es una buena manera de tomar el pulso a la ciudad. En el camino aparece Universitätsplatz, donde se encuentran el Aula Magna y el Museo de la Universidad. Muy cerca queda el barrio de los jesuitas, con la biblioteca, ante cuya fachada los estudiantes aparcan decenas de bicicletas, y la iglesia de San Pedro, la más antigua de Heidelberg.
Entre las plazas que merece la pena recorrer, en Marktplatz, la del mercado, se concentran el Ayuntamiento, la Haus zum Ritter —una de las casas más bonitas de Heidelberg, hoy convertida en hotel— y la Heiliggeistkirche o iglesia del Espíritu Santo. Este templo protestante tiene pequeños comercios adosados a sus muros y una torre de 38 metros a la que se puede subir para contemplar la ciudad.
El paseo puede continuar por Kornmarkt y Karlsplatz y por las callejuelas repletas de bares. En una de ellas se encuentra la cervecería Vetter, donde probar la Vetter 33, una cerveza de 10,5 grados que llegó a figurar en el Guinness de los récords como la más fuerte del mundo por la densidad de su mosto original. Acompañada de salchichas, embutidos o quesos, es una buena manera de acercarse a la tradición cervecera de Heidelberg.
LAS MEJORES VISTAS
Para terminar, queda el sendero de los Filósofos, un paseo que ya inspiraba a los eruditos de antaño y que al atardecer regala unas magníficas vistas de Heidelberg. Por encima se alza el monte Heiligenberg, recorrido por caminos que conducen hasta las ruinas del monasterio de San Miguel, en la cima, y al anfiteatro Thingstätte. Contemplar desde aquí la ciudad, con el Neckar a sus pies y el castillo recortado en el horizonte, es la mejor despedida a la ciudad de Hansi Flick, que combina como pocas ambiente universitario y romanticismo alemán.











