El estreno de una nueva temporada siempre trae consigo días frenéticos de promoción. Son momentos apasionantes para la industria, pero enormemente exigentes en lo personal. Bien lo sabe la actriz Hannah Waddingham, una de las grandes estrellas de Ted Lasso, cuya esperada cuarta entrega llega a las pantallas este 5 de agosto. Mientras los fans celebran el regreso del icónico entrenador—que recientemente fue uno de los grandes protagonistas del espectáculo del descanso en la final del Mundial de Fútbol entre Argentina y España—, el reparto afronta un auténtico encaje de bolillos para conciliar la vida laboral y familiar.
A sus 51 años, la actriz británica saborea un éxito global cosechado tras más de dos décadas de impecable trayectoria. Sin embargo, ni los premios ni la madurez la libran de un sentimiento universal: la culpa materna.
La actriz confesaba recientemente con absoluta honestidad que la sensación de culpa la invade cada vez que tiene que hacer las maletas. "Dios, todo el tiempo. Pero tengo que intentar combatirla", explicaba en una entrevista para The Guardian, poniendo sobre la mesa una realidad que afecta a millones de mujeres.
El peso de las renuncias y la búsqueda de soluciones para conciliar
Tras separarse del empresario Gianluca Cugnetto, la crianza de su hija Kitty (que hoy tiene 12 años) ha guiado en gran medida sus decisiones profesionales. De hecho, Waddingham no ha vuelto a subirse a las tablas del teatro desde principios de la década de 2010 debido a los exigentes horarios del West End londinense, donde se requieren hasta ocho funciones semanales. "No creo que mi hija esté preparada. Necesito encontrar el momento", ha reconocido.
No es la primera vez que gestiona esta tensión. Durante el rodaje de la exitosa serie Juego de Tronos, Kitty tenía apenas nueve semanas de vida. Waddingham dudó en aceptar el papel, pero finalmente lo hizo. Se llevó a la pequeña al set y recuerda con angustia cómo oía llorar a su bebé mientras grababa. Por un lado sentía que trabajaba para mantener a su familia, pero por el otro la invadía una punzada devastadora de ansiedad por separación.
Para mitigar la distancia cuando los proyectos internacionales son inevitables, Hannah no duda en buscar soluciones. Durante el rodaje de la película Ride or Die en Praga, matriculó a su hija en un colegio internacional de la ciudad para no separarse de ella. Gestos como el de los Premios del Sindicato de Actores (SAG) de 2024 demuestran esa complicidad: esa noche, la actriz sorprendió en la alfombra roja al complementar su deslumbrante vestido de gala con una caja de cartón pintada con colores del arcoíris y la palabra Epic escrita en la parte superior. "Lo hizo mi hija. Lo cogí y pensé que tenía más espacio que un bolso de diseñador corriente. Lo llevé a propósito para demostrarle que nunca está lejos de mí", relató.
La actriz decidió incluso llevarse a su hija al set de rodaje cuando apenas tenía 9 semanas para tenerla cerca
La culpa, un sentimiento casi siempre presente
Sin embargo, el hábito de vivir bajo el peso constante de la culpa merece una mirada analítica por parte de los expertos. "El problema con la culpa no es sentirla, sino que se apodere de nuestra experiencia materna; es decir, que nos sintamos culpables muy seguido o por muchas cosas. Cuando esto pasa, se reafirman los roles de género tradicionales, asumiendo que así debemos sentirnos las madres. Además, los peques pueden llegar a sentir que no se pueden cometer errores, transmitiéndoles una exigencia de perfección imposible e irreal", señala la escritora y experta en crianza consciente Ana Acosta.
Por su parte, la psicóloga Mª Jesús Andrés Pérez, fundadora de la consulta Psicomaster, apunta a la brecha que genera el ritmo de vida actual: "Aparece la sensación de estar perdiéndose etapas importantes, de vivir permanentemente con prisa o de no llegar plenamente a ningún ámbito. A veces se alcanza un punto en el que continuar supone renunciar de forma constante a la vida familiar, mientras que cambiar de trabajo implica una renuncia profesional concreta".
Desde una perspectiva sociológica, Carla de la Lá, autora del libro Feminismo Irreverente y profesora en la Universidad San Pablo CEU, define esta culpa como uno de los dispositivos disciplinarios más eficaces que existen: "No necesita leyes ni órdenes. Consigue que la propia mujer se vigile, se juzgue y finalmente se castigue", asegura. "Las mujeres con carreras exigentes soportan una doble trampa: en el trabajo deben comportarse como si no tuvieran hijos —disponibles, concentradas y resistentes—, mientras que en casa deben actuar como si no tuvieran trabajo —presentes, afectuosas y siempre localizables—. Si se entregan a la profesión se sienten malas madres, y si limitan su carrera temen estar traicionándose a sí mismas", apunta.
Un espejo para la maternidad contemporánea
El testimonio de Hannah Waddingham demuestra que los focos y las alfombras rojas no blindan contra los dilemas cotidianos de la maternidad. Al visibilizar sus contradicciones, temores y estrategias para conciliar, la actriz desmitifica la idea de la "madre perfecta" y abre un espacio necesario para la empatía.





