La experiencia de Paula Echevarría con sus hijos en redes, según la psicología: "No hay que tener miedo, sino entender que proteger su privacidad también es proteger su huella digital”


La actriz asturiana reflexionaba en una entrevista con ¡HOLA! sobre cómo ha gestionado la imagen de sus hijos Daniella y Miki en redes sociales


Paula Echevarría, con su hija Daniella en su 18 cumpleaños© pau_eche
19 de septiembre de 2026 a las 15:03 CEST

Subir una foto bonita de nuestros hijos a redes sociales o proteger su intimidad a toda costa es una duda recurrente para muchos padres. Encontrar ese punto medio entre compartir el orgullo de la crianza y cuidar su huella digital no siempre es fácil. 

Sobre este dilema reflexionaba Paula Echevarría en declaraciones a la revista ¡HOLA!, donde explicaba cómo ha gestionado la imagen pública de sus hijos a medida que han ido creciendo: "A Miki no le tapé la cara durante unos años, cuando era bebé, que podía ser ese bebé o cualquier otro y que nadie en el cole le iba a decir nada. Pero considero que hay unos años, más o menos donde está Miki ahora y hasta cuando dejé de tapar a mi hija hace unos años, que hay que protegerles", apuntaba la actriz asturiana. "Lo de destapar a Daniella hace unos años fue porque ella quiso y para que cuando cumpliera 18 no se hiciera el despixelado como si fueran a destapar a la Gioconda y creo que lo hicimos bien, porque, de verdad, el día que mi hija cumplió 18 años no había ni un paparazzi en la puerta de mi casa para verle la cara.  Empezamos su padre y yo poco a poco a dejarla ver un poquito, cuando ella también dio su consentimiento, que me parece fundamental".

El debate sobre el sharenting —o cuánto mostramos de la vida de nuestros hijos en redes sociales— nos toca de cerca a casi todos los padres. ¿Hasta qué punto debemos pedirles permiso? ¿Qué implicaciones emocionales tiene para un niño crecer con o sin esa exposición? Analizamos todas estas dudas con Beatriz Gil Bóveda, psicóloga especialista en autoestima y bienestar emocional, y CEO de Psique Cambio.

Beatriz Gil, psicóloga© Chloé Aguilar -Utopic Lovers
Beatriz Gil Bóveda, psicóloga especialista en autoestima y bienestar

Paula Echevarría señala la importancia de cuidar la sobreexposición de sus hijos. Desde la psicología, ¿qué implicaciones emocionales y de desarrollo tiene para un niño crecer sabiendo que su privacidad ha sido preservada frente a la exposición pública?

No podemos afirmar que un niño vaya a estar psicológicamente mejor por no haber aparecido en redes, igual que aparecer en las redes de sus padres no implica necesariamente un daño emocional. Creo que es importante no generar esa culpa.

Lo que sí conseguimos al preservar parte de su privacidad es dejarle algo muy valioso para el futuro: la posibilidad de decidir qué quiere mostrar de sí mismo cuando tenga capacidad para hacerlo. No construimos toda su identidad digital antes de que pueda participar en ella.

Y hoy añadiría también la seguridad. Una vez que publicamos una imagen perdemos parte del control sobre dónde puede terminar, quién puede guardarla o cómo pueden utilizarla. Con la inteligencia artificial, además, una fotografía real puede manipularse para generar imágenes falsas. Por eso no se trata de tener miedo, sino de entender que proteger su privacidad también es proteger su huella digital.

Paula Echevarría, una mamá muy orgullosa: "Uno al último curso de infantil y otra a su primer año de universidad"© pau_eche
Paula Echevarría, una mamá muy orgullosa: "Uno al último curso de infantil y otra a su primer año de universidad"

La actriz tomó la decisión de proteger estrictamente la imagen de su hija mayor cuando era pequeña y comenzar a mostrarla de forma gradual a medida que crecía. Desde el punto de vista del desarrollo emocional, ¿por qué es tan valioso adaptar la exposición pública a la madurez de los hijos en lugar de tomar decisiones definitivas desde que nacen?

Porque la capacidad de comprender qué significa exponerse públicamente también se desarrolla. Un niño pequeño puede saber que mamá ha subido una foto suya, pero no puede dimensionar realmente qué significa que esa imagen llegue a miles de personas o pueda permanecer en internet durante años.

Al principio somos los adultos quienes tenemos que ejercer ese criterio y, conforme crecen, podemos ir incorporándolos a las decisiones sobre su propia imagen.

Y progresivo no tiene por qué significar “cada vez le muestro más”. Puede ocurrir que un adolescente quiera aparecer o precisamente lo contrario. La clave es que los límites también puedan crecer y cambiar con nuestros hijos.

Un niño pequeño puede saber que mamá ha subido una foto suya, pero no puede dimensionar realmente qué significa que esa imagen llegue a miles de personas o pueda permanecer en internet durante años

Beatriz Gil Bóveda, psicóloga

Ir despixelando o mostrando más a un hijo a medida que se hace mayor implica, idealmente, una conversación y un acuerdo previo con él. ¿Cómo debe abordarse ese diálogo entre padres e hijos para asegurar que el menor comprende lo que significa dar su consentimiento para aparecer en redes?

Yo sería prudente incluso con la palabra “consentimiento” cuando hablamos de niños pequeños. Un niño puede decir que sí porque le gusta cómo sale en una fotografía o le divierte, pero eso no significa que comprenda realmente qué supone publicarla. La responsabilidad en esas edades sigue siendo del adulto.

Conforme crecen sí podemos ir teniendo conversaciones muy naturales: explicarles dónde va a aparecer, quién puede verlo, escuchar qué opinan y, sobre todo, respetar cuando empiezan a decir “esto prefiero que no lo subas” o “no quiero salir”.

No creo que haya que convertir cada fotografía familiar en una negociación. Se trata de algo mucho más sencillo: ir dando voz a nuestros hijos sobre su propia imagen a medida que tienen madurez para ejercerla.

La estrategia de Paula muestra una búsqueda de equilibrio entre la naturalidad de su vida pública y el respeto a la infancia de su hija. ¿Es este enfoque progresivo una de las alternativas más coherentes para que los hijos de figuras públicas se integren en el entorno digital de sus padres sin sufrir un impacto repentino?

Puede ser una alternativa razonable, pero no creo que exista una fórmula psicológicamente perfecta para todas las familias. Además, evitaría asumir que una exposición diferente vaya a producir necesariamente un impacto psicológico.

Lo positivo de ir revisándolo progresivamente es que permite adaptarse a cómo crece el hijo y a cómo vive él esa exposición. Y en las figuras públicas hay algo especialmente importante: sus hijos pueden convertirse en personas conocidas sin haberlo elegido.

Por eso distinguiría entre compartir algún momento de nuestra vida familiar y convertir la intimidad de nuestros hijos en contenido. Una fotografía familiar puntual no es lo mismo que compartir constantemente sus emociones, sus dificultades, sus momentos vulnerables o detalles de su vida privada.

Paula Echevarría y su hija Daniella en el evento de Pantene celebrado el 7 de julio de 2026 en Madrid © GTRES
Paula Echevarría y su hija Daniella en el evento de Pantene celebrado el 7 de julio de 2026 en Madrid

Al ir retirando ese filtro de protección visual a medida que la menor se acerca a la edad adulta, ¿de qué manera se les acompaña psicológicamente para que pasen de ser “protegidos” por sus padres a gestionar ellos mismos su propia huella digital y su imagen pública?

La autonomía digital se aprende poco a poco. Igual que enseñamos a nuestros hijos a desenvolverse en el mundo real, tenemos que enseñarles a hacerlo en el digital.

Y no solo consiste en decirles “cuidado con lo que subes”. Es enseñarles a preguntarse qué quieren compartir, con quién, para qué y qué información están dando sin darse cuenta. Una fotografía puede revelar dónde estamos, dónde estudiamos, nuestras rutinas o las personas con las que nos relacionamos. Y puede ser peligroso.

También me parece importante enseñarles algo que a los adultos a veces también nos cuesta: tener presencia digital no significa tener que hacerlo todo público. El objetivo es pasar progresivamente de protegerles nosotros a que ellos desarrollen criterio para proteger su propia intimidad e imagen.

En líneas generales, ¿cómo puede afectar a la construcción de su propia identidad y autoestima llegar a la adolescencia y descubrir que su infancia ha sido documentada ante miles o millones de desconocidos?

Aquí sería muy prudente. No podemos establecer una relación directa entre haber aparecido en redes durante la infancia y desarrollar problemas de autoestima o identidad. Habrá adolescentes que lo vivan con absoluta normalidad.

Pero también puede haber otros a los que les genere vergüenza, incomodidad o cierta sensación de pérdida de control descubrir que personas desconocidas conocen momentos de su vida que ellos nunca eligieron contar.

Y la adolescencia es precisamente una etapa en la que estamos construyendo nuestra identidad y nos importa especialmente cómo nos ven los demás. Por eso quizá lo más importante no sea anticipar que nuestro hijo va a tener un problema, sino estar disponibles para escuchar cómo vive él esa huella digital cuando empiece a ser consciente de ella.

No solo consiste en decirles “cuidado con lo que subes”. Es enseñarles a preguntarse qué quieren compartir, con quién, para qué y qué información están dando sin darse cuenta

Beatriz Gil Bóveda, psicóloga

¿Qué ocurre cuando el menor empieza a ser consciente de su imagen en redes y no está de acuerdo con el contenido que sus padres publicaron en el pasado? ¿Cómo se gestiona ese sentimiento de intrusión?

Lo primero sería escuchar sin ponernos inmediatamente a defender nuestras intenciones. Podemos haber publicado una fotografía con todo el cariño del mundo y que nuestro hijo, diez años después, nos diga que le avergüenza. Las dos cosas pueden ser verdad.

Si podemos retirarla, la retiramos. Y tampoco creo que tengamos que vivirlo desde la culpa. Cuando nuestros hijos son pequeños tomamos muchísimas decisiones por ellos con la información que tenemos en ese momento. Cuando crecen aparece una voz nueva en esas decisiones: la suya.

Incluso puede convertirse en un aprendizaje muy bonito: enseñarle que puede poner límites, cambiar de opinión y expresar que algo le incomoda, y que las personas que le quieren pueden escuchar y respetar esos límites.

El sharenting o compartir la crianza en redes no solo afecta a los famosos, sino a familias anónimas. ¿Qué mecanismos psicológicos llevan a los padres a querer mostrar la vida de sus hijos en plataformas digitales, a pesar de los riesgos conocidos?

Pueden compartir fotografías de sus hijos porque están orgullosos, porque quieren recordar momentos bonitos, porque quieren que los abuelos vean un cumpleaños o simplemente porque forman una parte enorme de sus vidas. Es bastante humano.

También existe un refuerzo social: publicamos algo que nos hace ilusión y recibimos cariño, likes, comentarios, atención… Y si además vemos que todo nuestro entorno comparte fotografías de sus hijos, terminamos percibiéndolo como algo completamente normal.

Ahora bien, creo que hoy tenemos que añadir una capa de conciencia que hace unos años quizá no teníamos. Una vez que una imagen está en internet podemos perder parte del control sobre ella: puede guardarse, compartirse, utilizarse fuera de contexto o llegar a personas que nosotros nunca habíamos imaginado. Y la inteligencia artificial añade nuevas posibilidades de manipulación, desde suplantaciones hasta la creación de imágenes falsas o sexualizadas a partir de fotografías reales.

Esto no significa que tengamos que dejar de compartir ni vivir asustados. Significa aplicar sentido común: evitar desnudos o situaciones íntimas, no enseñar información que permita identificar el colegio, la ubicación o determinadas rutinas, revisar quién puede acceder a nuestro contenido y pensar qué estamos mostrando antes de publicar.

Para mí, la pregunta no es “¿está bien o mal publicar a nuestros hijos?”. Es una pregunta mucho más útil: “¿Puedo compartir este momento sin exponer innecesariamente su intimidad o su seguridad?”. Porque podemos compartir nuestra vida familiar y, al mismo tiempo, proteger a nuestros hijos.