Alexandra de Hannover acaba de estrenar una nueva etapa de su vida y lo ha hecho mirando directamente al armario de su abuela. La hija menor de Carolina de Mónaco, recién comprometida con Ben-Sylvester Strautmann tras una relación de una década, ha recuperado un vestido de Givenchy que perteneció a Grace Kelly y que la princesa de Mónaco llevó en Atenas en mayo de 1962, durante las celebraciones previas a la boda de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia. Más de seis décadas después, la pieza vuelve a escena de la mano de su nieta, con un resultado que demuestra hasta qué punto el estilo de Grace sigue formando parte del ADN de la familia.
El vestido dorado que Grace Kelly llevó en 1962
La pieza es un espectacular vestido largo de Givenchy en un delicado tono amarillo dorado, completamente cubierto de lentejuelas y aplicaciones brillantes. El diseño se ajusta al cuerpo y dibuja la silueta antes de abrirse ligeramente en el bajo, donde incorpora un pequeño efecto de cola que aporta movimiento y una cierta teatralidad. El escote redondeado y la espalda escotada completan una construcción sorprendentemente actual pese a tener más de 60 años.
Alexandra ha optado por llevarlo de una manera mucho más sencilla que su abuela. Con el cabello castaño suelto, joyas discretas, una pulsera de oro y un pequeño bolso negro, deja que el vestido sea el protagonista. Hay además una coincidencia especialmente bonita: el dorado de la pieza dialoga con el llamativo diamante amarillo de su reciente anillo de compromiso.
La noche en Atenas que convirtió el vestido en una pieza histórica
Para entender la importancia del vestido hay que retroceder hasta mayo de 1962. Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia iban a casarse en Atenas y las celebraciones reunieron a representantes de numerosas casas reales europeas. Grace Kelly y Rainiero III de Mónaco también viajaron a Grecia para participar en aquellos actos.
Fue en una de las grandes veladas previas al enlace cuando Grace apareció con el vestido de Givenchy. Su versión del look era mucho más ceremoniosa: añadió largos guantes blancos, una espectacular tiara, un collar y una pulsera de diamantes, además de la banda de la Orden de Beneficencia, una distinción femenina del Reino de Grecia que había recibido pocos días antes. Una pequeña cartera clara completaba el conjunto.
Alexandra vuelve al armario de su abuela
No es la primera vez que Alexandra recurre al archivo personal de Grace Kelly. La princesa ya había rescatado anteriormente una pieza de su abuela para una aparición durante la Fiesta Nacional de Mónaco, demostrando que el vínculo con aquel guardarropa no se limita a una cuestión sentimental.
En su caso, las prendas de Grace funcionan también como una forma de conectar tres generaciones de mujeres de la familia: la propia Grace, convertida en uno de los grandes iconos de elegancia del siglo XX; Carolina, heredera de una parte de aquel lenguaje de moda; y ahora Alexandra, que lo interpreta desde una sensibilidad mucho más contemporánea.
Alexandra elimina buena parte de la ornamentación y deja que el vestido hable por sí solo. Esa manera de tratar una pieza de archivo —sin convertirla en un disfraz de otra época— explica que el resultado se sienta actual.
El vestido de Grace para su nueva vida como prometida
La elección adquiere todavía más significado por el momento en que Alexandra ha decidido recuperarlo. El pasado 11 de septiembre anunció su compromiso con Ben-Sylvester Strautmann, su pareja desde hace aproximadamente diez años, y mostró por primera vez el espectacular anillo de compromiso con un diamante amarillo. La joya, además, comparte gama cromática con el vestido de su abuela.
Alexandra ha elegido, por tanto, una pieza que pertenece a la historia familiar justo cuando comienza otra etapa dentro de ella. Es una coincidencia de moda, pero también una imagen especialmente simbólica: el vestido que Grace Kelly llevó antes de una de las grandes bodas reales de 1962 reaparece ahora sobre su nieta, también recién comprometida.
El legado de Grace, seis décadas después
Grace Kelly sigue presente en el estilo de Alexandra no porque la princesa intente convertirse en su abuela, sino porque algunas de aquellas prendas han demostrado tener una vida mucho más larga que la de una temporada. El Givenchy dorado es un ejemplo perfecto: nació para una gran noche de la realeza europea, permaneció en el armario familiar y, 64 años después, encuentra una nueva protagonista.








