El 40 aniversario de Les Ballets de Monte-Carlo reunió este 4 de julio a algunos de los nombres más ligados a la historia de la compañía, en una gala organizada en el Grimaldi Forum en homenaje a la princesa Carolina de Mónaco. Madre e hija reaparecieron juntas en una de las citas culturales más importantes del verano en el Principado, confirmando una vez más la complicidad que las une también a través de la moda. Mientras Alexandra de Hannover volvió a demostrar su predilección por el rosa con un vestido de aire romántico, Carolina permaneció fiel a la fórmula que mejor define su estilo: camisa blanca, una histórica falda de Chanel inspirada en Cuba y un espectacular camafeo vintage de perlas.
Alexandra de Hannover confirma que el rosa sigue siendo su color favorito
Si hay un tono que se ha convertido en la firma personal de Alexandra de Hannover, ese es el rosa. La hija menor de Carolina volvió a apostar por él en una ocasión especialmente simbólica, reafirmando una elección cromática que lleva años acompañándola en algunos de sus compromisos más importantes.
Para la gala eligió un vestido largo sin mangas en un delicado rosa empolvado, un diseño de líneas limpias y sofisticadas que respiraba feminidad. El cuerpo, ajustado y muy favorecedor, destacaba la cintura gracias a un elegante lazo lateral que aportaba un aire romántico sin recargar el conjunto.
La verdadera sorpresa aparecía en la falda. Aunque a primera vista parecía un vestido recto, una abertura dejaba ver un segundo tejido plisado mucho más ligero que aportaba movimiento y profundidad al diseño. Ese contraste entre la estructura principal —de acabado satinado— y el plisado interior conseguía un efecto especialmente elegante al caminar, perfecto para una velada dedicada al ballet.
Alexandra vuelve una y otra vez al rosa. Ya lo hizo en el Baile de la Rosa de 2025 con un espectacular diseño de Giambattista Valli que recordaba a una auténtica princesa de cuento, y también durante su visita al Teatro Real de Madrid, donde escogió otro vestido en rosa pastel firmado por el mismo diseñador.
Completó el estilismo con un sofisticado bolso de Prada confeccionado en raso, de tamaño mini, ideal para una gala nocturna, además de su habitual melena larga, lisa y con raya al medio.
Carolina de Mónaco recupera una joya de Chanel diez años después
Carolina de Mónaco volvió a confiar en una combinación que prácticamente se ha convertido en su uniforme: una camisa blanca ligera, con las mangas remangadas hasta crear un favorecedor efecto francés, acompañada por una falda midi llena de personalidad.
Lo más llamativo era precisamente esa falda, una pieza histórica de Chanel perteneciente a la colección Resort 2017, presentada en La Habana en 2016, cuando la firma convirtió la capital cubana en escenario de uno de sus desfiles más recordados.
El estampado rinde homenaje a los icónicos coches clásicos estadounidenses —los célebres "almendrones" cubanos—, mezclando automóviles en tonos turquesa, amarillo o rojo con una explosión de color que transmite optimismo y movimiento.
Los accesorios completaban un look lleno de personalidad: numerosos brazaletes dorados, pendientes de aro, un pequeño bolso de Chanel y, sobre todo, un espectacular camafeo de inspiración vintage, con cadena dorada y delicadas perlas, que aportaba un aire aristocrático perfectamente acorde con la ocasión.
Madre e hija vuelven a demostrar que la elegancia también puede heredarse
La gala conmemorativa del 40 aniversario de Les Ballets de Monte-Carlo reunió sobre el escenario a antiguos bailarines, coreógrafos y artistas que han formado parte de la historia de la compañía creada por Jean-Christophe Maillot, antes de culminar con una gran celebración para los invitados.
Entre todos ellos, la presencia conjunta de Carolina de Mónaco y Alexandra de Hannover fue uno de los momentos más destacados de la noche. Aunque cada una mantiene una identidad estética muy definida, ambas comparten una misma filosofía: apostar por prendas que trascienden las tendencias, con diseños elegantes, femeninos y perfectamente adaptados a cada ocasión.
Alexandra reafirmó su historia de amor con el rosa y el romanticismo, mientras Carolina volvió a demostrar que la verdadera sofisticación no entiende de temporadas, recuperando una pieza de Chanel con casi una década de historia y convirtiéndola, una vez más, en absoluta protagonista.







