La historia de España no solo se cuenta en los libros: se aprende, sobre todo, paseando por las calles de sus ciudades históricas y visitando sus monumentos, entrando en museos y descubriendo castillos, catedrales y esos palacios y residencias que todavía hoy conservan la memoria de siglos de esplendor. Espacios vinculados a grandes familias de la aristocracia que han tenido un papel importante en la historia del país, entre las que sobresalen dinastías como los Alba, los Medinaceli, los Medina Sidonia o los Santa Cruz.
Muchos de estos palacios destacan por su riqueza arquitectónica y artística, así como por una clara intención de mostrar prestigio y estatus. No son solo “casas bonitas”, también son lugares de poder y representación, donde se tomaban decisiones, se organizaba la vida de la nobleza y se proyectaba su influencia política y social. Por ellos han pasado generaciones que han dejado su huella en cada fachada y en cada estancia.
En sus muros aún resuenan ecos de otras épocas, en sus patios se entrelazan estilos y culturas, y en sus salones, donde conviven obras de arte con recuerdos de familia, se han vivido escenas cotidianas que rara vez aparecen en los libros. Para seguir una ruta que enlaza algunos de los más importantes de nuestro país no hace falta ser experto en arquitectura ni en linajes, basta con tener curiosidad y dejar que sean los propios edificios quienes cuenten su historia.
Una casa vivida
La primera parada es el palacio de Monterrey, la residencia en Salamanca del duque de Alba, situada en la peatonal calle Compañía, muy cerca de la Clerecía. Por fuera es un edificio monumental, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura renacentista, y eso que nunca llegó a terminarse, con torreones con escudos de armas y cresterías caladas que son una auténtica filigrana en piedra. Por dentro, en cambio, es una casa vivida, en la que Carlos Fitz-James Stuart se aloja siempre que tiene ocasión. La visita recorre sus distintas plantas y descubre estancias llenas de recuerdos familiares y arte.
Rumbo al sur, la siguiente parada lleva a Ciudad Real para ver, en el pequeño y desconocido pueblo de Viso del Marqués, el palacio del marqués de Santa Cruz. Parece más un palacio italiano que algo que uno espera encontrar en mitad de La Mancha. Fue construido con una clara inspiración renacentista y en su interior alberga el Archivo General de la Marina, lo que resulta curioso en un lugar tan alejado del Mediterráneo y el Atlántico, siendo el principal centro de estudios de la flota española. Lo mandó construir don Álvaro de Bazán —cuya estatua preside la plaza a la que se abre el palacio—, quien hizo traer hasta aquí a algunos de los mejores artistas italianos. Buena parte de sus estancias están decoradas con magníficas pinturas al fresco.
Esencia sevillana
La ruta continúa en la Casa de Pilatos, que encarna la esencia de Sevilla y pertenece a la casa de los duques de Medinaceli desde el siglo XVII. En pleno centro histórico, combina de manera magistral el Renacimiento italiano con el estilo mudéjar andaluz, lo que se traduce en patios frescos, azulejos por todas partes y una sensación de casa habitada, pero en
versión noble y monumental.
Sanlúcar de Barrameda pone el punto y final al recorrido, donde se encuentra el palacio de los Guzmán, ligado a la Casa de Medina Sidonia, emparentada con reyes y grandes de España. Una residencia que recuerda que esta familia tuvo mucho que decir en la España vinculada al Atlántico y al comercio con América.
No te pierdas
- PALACIO DE MONTERREY: los dos paisajes de José de Ribera, el busto del Gran Duque, la cerámica de Talavera del baño y un singular juego de llaves –uno de los tres únicos que se conservan– que abre el sepulcro de Santa Teresa de Jesús, que contó con el apoyo de la casa de Alba para la fundación de sus conventos.
- PALACIO DEL MARQUÉS DE SANTA CRUZ: la bellísima escalera imperial y, en la sala de los Linajes, las extraordinarias pinturas al fresco, junto a maquetas de navíos y enseres de antiguos buques de guerra.
- CASA DE PILATOS: apuntarte a los recorridos exclusivos que, una vez cerradas las puertas al público, son guiados por historiadores del arte que desvelan secretos del palacio. Fíjate en los 24 bustos de mármol que decoran el patio principal.
- PALACIO DE LOS GUZMÁN: dormir en la hospedería que acoge el palacio es disfrutar de unos magníficos jardines, terrazas panorámicas y una cafetería instalada en el antiguo alcázar hispano-musulmán.









