Sociedad

La emocionante boda de Javier y María en el Real Casino de Madrid

La pareja, que tuvo que posponer su boda por culpa de la pandemia, se dio el 'sí, quiero' el pasado mes de abril

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Javier Bosch y María Hernández celebraron su boda en el Real Casino de Madrid.
©Liven Photography

Hay historias que comienzan con una simple mirada, mientras que otras empiezan a escribirse poco a poco, con el paso del tiempo. Éste fue el caso de Javier Bosch Minguet y María Hernández Pérez-Tomé. Sus caminos se cruzaron por primera vez en una noche de otoño de 2012, pero entonces ninguno de ellos reparó en el otro.

A día de hoy, ni se acuerdan de la fecha exacta de aquel primer encuentro. Tampoco imaginaron que el azar les volvería a unir, año tras año, en el cumpleaños de una amiga que tienen en común. Sin embargo, así fue, y en una de esas fiestas se animaron a hablar. Tras una cita, descubrieron que compartían muchas más cosas de las que pudieron creer en un principio, y en la primavera de 2015, empezaron su relación. “Parece que fue ayer y ya han pasado seis años”, nos aseguran.

También nos confiesan que los inicios de su noviazgo fueron un tanto complicados, marcados por la distancia (primero, Javier fue a estudiar un máster a Estados Unidos, y después sería María quien viajaría al otro lado del charco para trabajar). A pesar de los miles de kilómetros que les separaban, siguieron juntos, y cuando María regresó a nuestro país, se comprometieron y fijaron la fecha de su boda.

Aunque un nuevo obstáculo amenazó con trastocar sus planes (la peor pandemia del último siglo), no cayeron en el desánimo y, finalmente, consiguieron que su enlace siguiera adelante.

El pasado 27 de marzo, celebraron su pedida de mano en el Real Casino de Madrid. Un día muy especial para ambos, y también íntimo, puesto que, debido a las circunstancias sanitarias, sólo pudo estar presente su familia directa. Ese día ella recibió un solitario de la firma Suarez, y él unos gemelos con sus iniciales de la joyería Arturo.

Unas semanas más tarde, el 10 de abril, la pareja pasaba por el altar en la iglesia del Colegio Nuestra Señora del Pilar, la escuela donde María había cursado sus estudios.

La novia confió su vestido a Cristina Valenzuela (Valenzuela Atelier). Un modelo desmontable con sobrefalda y lazo en tafetán, y cuerpo en crepe. El velo, de tul, también de la misma firma, llevaba bordadas a mano las iniciales de su abuela materna, María Victoria Codina Maura; y de su tía, Almudena Pérez-Tomé Codina, que fallecieron recientemente.

Su ramo, de Bora diseño floral, estaba compuesto por anémonas, fresias, ammi, eryngium, flor de cera y flor de arroz traída de la Albufera de Valencia (tierra el novio). Y, en su pelo, lució el mismo tocado que su madre llevó el día de su boda.

Tomás Minguet Civera, primo hermano del novio, se encargó de oficiar la ceremonia, en la que María José Minguet (madre de Javier) y Luis Hernández (padre de María) ejercieron de padrinos.

El matrimonio rememora la lectura de los votos como el momento más emotivo. Al fin, pese a las adversidades, habían logrado celebrar su ‘sí, quiero’, y “lo más importante, estábamos seguros de lo que hacíamos y de que si habíamos llegado allí era, sin duda alguna, por la fuerza que juntos habíamos sacado para conseguirlo”.

El acto finalizó con una grata sorpresa para los recién casados: el sacerdote les entregó la bendición del Papa a los novios. Algo que les hizo mucha ilusión y que no esperaban en absoluto.

En el mismo escenario de su pedida de mano, el Real Casino, ubicado en pleno corazón de la capital, tuvo lugar el banquete, con un menú que corrió a cargo del chef Paco Roncero, que cuenta con dos Estrellas Michelin.

En ese marco de excepción, Javier y María festejaron, rodeados de los suyos, que por fin eran ‘marido y mujer’. Entre los muchos recuerdos que guardarán de aquel día, está el lanzamiento del ramo.

La novia tiene muchas amigas que están a un paso del altar, por lo que decidió dividir su ramo en tres partes y lanzarlos desde las escaleras del Real Casino, al ritmo de la canción All the single ladies.

Una amiga de la infancia de María se hizo con el codiciado detalle, pero no cabe duda de que los bouquets más significativos los recibieron la madre de la novia y la del novio. La primera, mientras sonaba Slipping through my fingers; la segunda, al tiempo que sonaba New York, New York, su canción preferida.

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