Cómo evitar el colapso a final de curso en niños y adolescentes: "Deben aprender a gestionar la presión y relativizarla"


Las últimas semanas de cada curso son, probablemente, el momento más delicado del año, pues muchos estudiantes se juegan su paso al siguiente nivel, las pruebas de acceso a la universidad o sacar una nota que necesiten. ¿Qué herramientas emocionales y organizativas necesitan para superarlo con éxito?


Estudiante adolescente agobiada delante de los libros© Getty Images/Tetra images RF
29 de mayo de 2026 a las 15:01 CEST

Los nervios de final de curso son un compañero casi inevitable todos los años. Es en el tramo final donde se pueden decidir si se repite o no, si puedes hacer la PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad), si superas alguna materia que te cuesta más que otras... Es un momento de mucha exigencia ante el que muchos estudiantes sucumben.

Pero, ¿qué necesitan realmente para enfrentarse de forma eficaz a estas últimas semanas de obligaciones académicas? Cómo destaca Adrián García Rosado, profesor del Departamento de Humanidades en Secundaria en CEM (Colegio Europeo de Madrid), "es precisamente en este tramo final del curso escolar donde la diferencia entre el agotamiento y la superación puede marcarse con cambios sencillos pero que, sin duda, ayudarán a los estudiantes a evitar el colapso académico y a vivir estas semanas de una forma mucho más eficaz".

Chica adolescente sobrepasada delante de su libreta© Getty Images/Westend61

La importancia de dominar la ansiedad

Tal como recoge el Consejo General de la Psicología en España (COP), basándose en estudios anteriores, entre el 15 y el 25% de los estudiantes presentan niveles elevados de ansiedad ante los exámenes. "En particular, diversos estudios han encontrado que las chicas presentan niveles más altos de ansiedad ante los exámenes que los chicos, así como una mayor intensidad de los síntomas, y que la ansiedad tiende a incrementarse en cursos superiores de la Educación Secundaria Obligatoria, sobre todo, en etapas próximas a la transición académica", destacan.

El nerviosismo ante una prueba es normal e incluso esperable, ya que te ayuda a enfrentarte a la situación, pero cuando ese nivel supera la capacidad de adaptación del estudiante, puede generar un bloqueo significativo que lo lleve a no poder asumir en plenas facultades estas últimas exigencias del curso.

Ese desbordamiento tiene efectos a todos los niveles y, por supuesto, interfiere en el buen rendimiento académico. Algunas de las manifestaciones que lo acompañan son "síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, dificultad para respirar, respiración acelerada, fatiga, temblores o tensión muscular, que pueden ir acompañados de síntomas cognitivos como pensamientos negativos e intrusivos ('voy a suspender', 'no puedo memorizar nada', etc.), dificultad para concentrarse, confusión, bloqueo mental o sensación de fracaso inminente, y de síntomas emocionales y conductuales, tales como enfado, irritabilidad, llanto, evitación...", como detalla el COP.

En esta ansiedad invalidante intervienen factores como la presión académica que tenga el estudiante, las expectativas depositadas sobre él, la proximidad de decisiones importantes, como los estudios superiores a los que va a acceder, o la idea de cómo todo ello puede condicionar su proyecto vital. Este tipo de ansiedad puede aparecer incluso cuando se ha estudiado de forma conveniente, por lo que si se repite de forma cíclica, lo adecuado es pedir ayuda especializada.

Estudiante agobiado delante de un examen© Getty Images

Herramientas para ayudar a llegar al final con serenidad

Tanto la familia como el entorno académico del estudiante son un apoyo imprescindible cuando llega el final de curso y aumenta la presión y el estrés. Es muy posible que el niño o el adolescente lleguen con las fuerzas muy justas a este momento y el cansancio también es un enemigo de la serenidad. 

Estos son los consejos de Adrián García Rosado que insiste en que "los mejores resultados no llegan de la presión, sino del equilibrio entre exigencia y bienestar", para superar lo mejor posible este momento sin llegar al colapso.

  • Organizar el tiempo con un plan realista. "Uno de los errores más frecuentes en esta época del año es confundir la planificación con el perfeccionismo. Elaborar un horario de estudio que no tenga en cuenta los imprevistos, el descanso o las propias limitaciones es una trampa habitual que, por supuesto, los estudiantes deben evitar", destaca. Así, lo ideal es acometer las materias que suponen más dificultad en las horas de más concentración. También ayuda alternar bloques de estudio con descansos activos y establecer objetivos diarios, en lugar de maratones de estudio a última hora. 
  • Identificar en qué materias hay que esforzarse más. Cada estudiante tiene unas áreas que se le dan mejor y que estudia con más interés. En ese sentido, es importante clarificar cuáles necesitan de más refuerzo y cuáles tiene más consolidadas. "Esta jerarquización no implica descuidar ningún área, sino distribuir la energía de forma inteligente. Saber dónde concentrar los esfuerzos es una habilidad que trasciende el ámbito académico y que resulta igualmente valiosa en el entorno profesional", aclara.
  • Incluir el descanso como parte del rendimiento. El sueño es el mejor aliado para tener un buen rendimiento. Así lo explica el profesor de CEM: "Reducir las horas de descanso para ganar tiempo de estudio es una estrategia que, lejos de mejorar el rendimiento, lo deteriora de forma significativa. La consolidación de la memoria, la capacidad de concentración y el estado emocional dependen directamente de la calidad del descanso. Precisamente por ello, en estas semanas finales, mantener una rutina de sueño estable es tan importante como la inversión en horas de estudio y concentración".
  • Aprender a gestionar y relativizar la presión. Hay que vigilar que el estrés que experimente el estudiante para lograr sus objetivos no interfiera en su salud física o emocional. En este sentido, "es muy importante que no llegue a este punto y que sea capaz de identificar los propios límites, pedir ayuda cuando la necesita o permitirse los momentos de desconexión. Todos estos puntos son gestos de inteligencia emocional que no deben interpretarse como debilidad, sino como una parte esencial de cualquier proceso de superación".
  • Asumir que el final de curso no es el final del camino. "Tanto para quienes se enfrentan a la selectividad como para quienes quieren alcanzar notas altas o, incluso, para quienes afrontan la posibilidad de repetir curso, existe siempre un margen de acción", destaca el profesor. La resiliencia y la capacidad de sobreponerse a resultados inesperados es una competencia muy valiosa que se puede entrenar, con ayuda de la familia y el entorno. "Es muy importante apostar por un acompañamiento que tenga en cuenta al alumno en su totalidad: no solo como estudiante, sino como persona en pleno proceso de crecimiento", concluye.