Un psicólogo habla de la importancia de desconectar del móvil delante de los niños, como Quim Gutiérrez: "La tecnología es importante, pero no el centro de todo"


El actor apunta que en su casa hay un rincón 'tech-deck', en el que dejan los aparatos tecnológicos cuando entran en casa


© GTRES
17 de julio de 2026 a las 18:03 CEST

¿Cuántas veces has prometido dejar el móvil a un lado al cruzar la puerta de casa, para acabar media hora después haciendo scroll infinito en el sofá mientras tu hijo te reclama? En plena era de la dispersión digital, predicar con el ejemplo se ha convertido en el mayor reto para muchos padres. Sin embargo, el actor Quim Gutiérrez parece haber dado con una fórmula tan sencilla como brillante que compartió recientemente con Marc Giró en su programa de televisión: lo ha bautizado "tech-deck".

Este rincón físico en casa —donde los móviles y cargadores se quedan "castigados" al llegar— busca desterrar la inercia de mirar la pantalla por puro aburrimiento. "En casa la idea del teléfono en el sofá haciendo scroll no existe. El teléfono es para hacer fotos, para poner música, para hablar...", explicaba el actor sobre esta técnica que tienen en casa para tratar de desconectar del móvil pensando, sobre todo, en sus dos hijos. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto replicar este gesto y qué impacto real tiene en el cerebro de nuestros hijos vernos desconectados? Hablamos sobre todo ello con el psicólogo José Martín del Pliego (@josemartindelpliego).

Si recurrimos al móvil cada vez que tenemos un minuto libre o estamos estresados, ¿cómo afecta esto a la capacidad de los hijos para tolerar el aburrimiento o regular sus propias emociones?

El aprendizaje vicario funciona por imitación. Si los niños observan que, ante cualquier espera o momento de estrés, recurrimos al móvil, tenderán a reproducir ese patrón. Hoy vivimos sobreestimulados y el móvil refuerza la necesidad constante de recibir estímulos. Por eso es esencial entrenar la capacidad de estar sin ellos: aprender a convivir con el aburrimiento y con la falta de estímulos en ciertos momentos.

¿Qué impacto tiene el uso de dispositivos en espacios tradicionalmente de reunión familiar (como la mesa) o de descanso (el dormitorio)?

Los espacios de reunión familiar están pensados para conversar, generar complicidad y fortalecer el sentimiento de pertenencia. Los lugares de descanso deben asociarse únicamente a eso: descansar. Cuando las pantallas entran en esos espacios, se pierde la posibilidad de conexión porque el móvil genera aislamiento social. Se deteriora la comunicación y, con ella, las herramientas de vínculo y apego dentro de la familia. Por eso es importante que en ciertos lugares los móviles no estén nunca.

familia sentada en el sofá, usando pantallas© Getty Images

¿Con qué autoridad moral puede un padre limitar el tiempo de pantalla de su hijo si él mismo pasa el día conectado por ocio?

Más que de autoridad, que tiene que ver con imponer normas, hablaría de coherencia. La coherencia implica hacer lo que digo que hago. Cuando los hijos ven que lo que los padres dicen coincide con lo que hacen, reciben un modelo claro de conducta. Si un adulto permanece constantemente conectado por entretenimiento, el mensaje pierde fuerza.

¿Qué significa, en la práctica, que un padre sea “modelo digital” para su hijo?

Significa entender que la tecnología es importante, pero no el centro de todo. Implica prestar atención plena cuando el niño necesita ser escuchado: si estamos comiendo, comemos; si damos un paseo, paseamos. Hay actividades cotidianas en las que no hay móvil, y otras en las que sí lo permitimos. Los hijos aprenden a relacionarse con la tecnología observando cómo lo hacen sus padres.

Los lugares de descanso deben asociarse únicamente a eso: descansar. Cuando las pantallas entran en esos espacios, se pierde la posibilidad de conexión porque el móvil genera aislamiento social

José Martín del Pliego, psicólogo

¿Cómo afecta a los niños que las normas familiares no coincidan con el comportamiento tecnológico de los adultos?

Los niños se quedan con la conducta, no con el discurso, porque lo que desean es usar el dispositivo. Si las normas que se les imponen no coinciden con lo que ven en los adultos, aparece la sensación de injusticia y rabia. Esa percepción se activa muy rápido en la infancia y genera distancia: sienten que no pueden confiar porque lo que se dice no coincide con lo que se hace.

Niños tumbados en el suelo mirando sus teléfonos móviles© Adobe Stock

¿Es más efectivo establecer "normas para los niños" o "normas para toda la casa" (por ejemplo, zonas libres de tecnología)? ¿Cómo influye esto en la aceptación de las reglas?

Las normas compartidas son mucho más potentes, está demostrado. Funcionan mucho mejor. Cuando toda la familia acepta que hay espacios o momentos sin móvil, el niño no lo siente como un castigo. Son reglas comunes que fortalecen el sentido de pertenencia y se integran con naturalidad: “En esta casa, en ciertos momentos o lugares, no hay móvil”. Y todos lo hacemos en casa.

¿Cómo afecta a los vínculos familiares que los adultos estén distraídos por pantallas durante interacciones cotidianas?

Es fundamental, sobre todo en la primera infancia, que los niños se sientan vistos y escuchados. La interacción va más allá de cubrir necesidades básicas: requiere presencia. Si una madre da el pecho mirando el móvil, se pierde conexión. Ese vínculo es lo que permitirá que, de adultos, se sientan seguros, escuchados y atendidos. Cuando esa interacción no se da —y hoy ocurre con mucha frecuencia— se pierde algo esencial en la relación con los padres. Y se pierde para siempre. Esa sensación de “no están para mí” puede permanecer en la vida adulta, se queda ahí guardada.

Esa idea de “las reglas son para ti, pero no para mí” genera frustración y distancia. No estar en sintonía en el uso de la tecnología dificulta el funcionamiento familiar

José Martín del Pliego, psicólogo

¿Pierde autoridad un padre que pide limitar pantallas mientras él mismo está siempre conectado?

Más que autoridad, pierde credibilidad. Los límites se aceptan mejor cuando forman parte de algo que todos cumplen. Esa idea de “las reglas son para ti, pero no para mí” genera frustración y distancia. No estar en sintonía en el uso de la tecnología dificulta el funcionamiento familiar.

¿Qué riesgos se reducen cuando los padres modelan buen uso tecnológico?

Un niño debe aprender a regularse solo para que, de mayor, cuando esté agitado, nervioso, inquieto, pueda calmarse sin depender de estímulos externos. Si no lo aprende desde pequeño y recurre a dispositivos para obtener alivio inmediato, no desarrolla esa capacidad. En la adolescencia o adultez puede buscar esa regulación en lo que tenga a mano: dispositivos, sí, pero también sustancias, alcohol, comida u otras adicciones. Modelar un buen uso tecnológico ayuda a que el niño aprenda a autorregularse y reduzca estos riesgos en el futuro.