Convertirse en el héroe de la Selección Española y meter a la Roja en los cuartos de final del Mundial 2026 con un gol decisivo es, sin duda, la cima con la que sueña cualquier futbolista. Sin embargo, detrás de los focos y la gloria deportiva del futbolista, se esconde una realidad íntima mucho más compleja. El futbolista del Arsenal tiene el corazón dividido: celebra cada triunfo en el césped, pero lleva por dentro la espinita de estar lejos de Pamplona y de su hijo Marco, nacido a principios de mayo.
Con apenas dos meses de vida del pequeño, la distancia obligada por la concentración ha sido el rival más duro para el jugador. Así lo confesaba el propio Merino, visiblemente emocionado, en declaraciones a DAZN tras el encuentro: "Todo lo bonito que es estar en un Mundial y disfrutarlo con tus compañeros y poder representar a tu selección es una barbaridad, pero al mismo tiempo tiene una parte pues no tan bonita que es el perderme los dos primeros meses de mi hijo, verlo crecer y cambiar. Y los echo muchísimo de menos".
Esa misma nostalgia la reafirmaba en los micrófonos de El Larguero de la Cadena SER, en una charla con Manu Carreño donde desnudaba su faceta más familiar: "Tener a mi mujer y a mi hijo lejos hace que el Mundial, que es lo más bonito que te puede pasar como futbolista, pierda un poco de brillo". Por suerte para el futbolista, los cuartos de final en Los Ángeles supondrán también el ansiado reencuentro con su esposa, Lola Liberal, y su bebé.
El caso de Merino no es aislado, pero abre un debate necesario sobre la paternidad en la alta competición: ¿Cómo se gestiona el éxito público cuando el corazón está a miles de kilómetros? ¿Qué impacto tiene esta ausencia en los primeros meses de vida de un hijo? Para profundizar en la factura emocional de la distancia, la culpa y la construcción del apego a contrarreloj, hablamos con la psicóloga sanitaria Leticia Martín Enjuto.
¿Qué supone emocionalmente para un padre perderse los primeros meses de vida de su hijo, un periodo tan decisivo para el vínculo?
Los primeros meses de vida representan un periodo de enorme intensidad emocional para toda la familia. Para muchos padres, no poder compartir ese tiempo puede generar una sensación de pérdida difícil de explicar, ya que no solo se trata de perderse acontecimientos concretos, sino de no participar en la construcción cotidiana de la relación. Es frecuente que aparezcan sentimientos de tristeza, nostalgia o la percepción de estar viviendo la paternidad "desde fuera".
Es importante recordar que el vínculo afectivo no depende exclusivamente de estar presente desde el primer día. El apego se construye mediante interacciones repetidas, sensibles y consistentes a lo largo del tiempo. Siempre traslado en consulta que, aunque las primeras semanas tienen un valor especial, la calidad del vínculo dependerá mucho más de la disponibilidad emocional y del compromiso sostenido que del número exacto de días compartidos al inicio.
¿Cómo se gestiona la mezcla de orgullo profesional y dolor íntimo cuando la vida te coloca lejos de tu hijo recién nacido?
Se entiende esta experiencia como una situación de ambivalencia emocional, donde dos emociones opuestas pueden coexistir sin anularse entre sí. Sentirse orgulloso de representar a un equipo o alcanzar una meta profesional no elimina el dolor por la distancia, del mismo modo que echar de menos a un hijo no significa arrepentirse de una decisión laboral. Ambas emociones son legítimas.
La mejor manera de afrontar esta situación consiste en evitar la exigencia de "tener que sentirse de una sola manera". Cuando una persona acepta que puede experimentar alegría y tristeza simultáneamente, disminuye el conflicto interno y aumenta la capacidad para adaptarse. Negar cualquiera de esas emociones suele incrementar el malestar psicológico.
Sentirse orgulloso de representar a un equipo o alcanzar una meta profesional no elimina el dolor por la distancia, del mismo modo que echar de menos a un hijo no significa arrepentirse de una decisión laboral.
¿Por qué a muchos padres les cuesta verbalizar la culpa o la tristeza por no estar presentes en los primeros meses?
Considero que todavía existen muchos estereotipos sobre cómo debe vivir un hombre la paternidad. Aunque cada vez se implican más emocionalmente, muchos padres han aprendido que expresar vulnerabilidad puede interpretarse como una señal de debilidad. Esto hace que emociones como la culpa, la tristeza o la sensación de pérdida queden ocultas tras una imagen de fortaleza.
Además, socialmente se ha puesto mucho foco, en el bienestar emocional de la madre durante el posparto, mientras que el proceso psicológico del padre ha recibido históricamente menos atención. Como consecuencia, algunos hombres encuentran pocas oportunidades para expresar lo que sienten o incluso les cuesta identificar sus propias emociones. Hablar de ellas no disminuye el compromiso profesional; al contrario, favorece una adaptación emocional más saludable.
¿Cómo se procesa el miedo a perderse hitos irrepetibles del bebé, como las primeras sonrisas o cambios rápidos?
Suele generar una sensación conocida como duelo anticipado. La persona imagina todo aquello que no podrá vivir y experimenta tristeza incluso antes de que ocurra. Este proceso puede intensificarse cuando la distancia es prolongada y la comunicación con la familia depende de fotografías o videollamadas.
Resulta útil cambiar el foco desde lo que inevitablemente se pierde hacia lo que todavía puede construirse. Ningún padre podrá estar presente en absolutamente todos los momentos importantes de la vida de un hijo, pero sí puede convertirse en una figura de referencia emocional a través de la calidad de las experiencias compartidas cuando está presente.
¿Cómo influye la exigencia laboral extrema —como la de un deportista de élite— en la vivencia emocional de la paternidad?
Los deportistas de élite desarrollan gran parte de su carrera bajo una presión constante para rendir al máximo, controlar las emociones y mantener el foco competitivo. En muchas ocasiones sienten que no existe margen para desconectar psicológicamente del trabajo, incluso cuando atraviesan acontecimientos personales de enorme relevancia.
Esta realidad puede provocar una importante sobrecarga emocional. La mente intenta responder simultáneamente a dos prioridades fundamentales: el compromiso profesional y la necesidad de estar presente en la familia. Cuando no existe un adecuado espacio para procesar las emociones, el estrés acumulado puede afectar al bienestar psicológico y, en algunos casos, también al rendimiento deportivo.
Ningún padre podrá estar presente en absolutamente todos los momentos importantes de la vida de un hijo, pero sí puede convertirse en una figura de referencia emocional a través de la calidad de las experiencias compartida
¿Qué puede hacer un padre cuando regresa para recuperar terreno emocional y reforzar el vínculo con su bebé?
Una de las primeras recomendaciones es abandonar la idea de "recuperar el tiempo perdido". El vínculo no funciona como una cuenta atrás que haya que compensar. Lo importante es construir una presencia emocional consistente a partir del momento del reencuentro, respondiendo con sensibilidad a las necesidades del bebé.
Pequeños gestos cotidianos tienen un enorme valor: participar en los cuidados diarios, sostener al bebé, hablarle, jugar, establecer rutinas compartidas o implicarse en el descanso y la alimentación. La repetición de estas experiencias fortalece la sensación de seguridad del niño y también ayuda al propio padre a sentirse parte activa de la crianza.
¿Qué estrategias permiten a un padre participar en la crianza, aunque esté lejos físicamente?
Aunque la presencia física no puede sustituirse completamente, la tecnología permite mantener una conexión emocional significativa. Las videollamadas frecuentes, grabar cuentos o canciones con la propia voz, enviar mensajes para que el bebé escuche la voz del padre o participar en decisiones importantes relacionadas con la crianza ayudan a mantener la sensación de implicación.
También resulta fundamental cuidar la relación de pareja durante ese periodo. Compartir cómo se siente cada uno, validar el esfuerzo mutuo y mantener una comunicación fluida reduce el riesgo de que la distancia genere una sensación de desconexión familiar. La crianza continúa siendo un proyecto compartido, incluso cuando las circunstancias obligan a vivirla temporalmente desde lugares distintos.
¿Qué supone para un deportista vivir esta ambivalencia emocional en público, con la presión mediática y social añadida?
Exacto, cuando la experiencia personal se convierte en un asunto público, el deportista no solo gestiona sus propias emociones, sino también las opiniones externas. Las redes sociales y los medios suelen simplificar decisiones muy complejas, generando juicios rápidos sobre qué debería haber priorizado una persona.
Esta exposición puede incrementar la presión psicológica y dificultar que el deportista exprese emociones como la tristeza o la culpa por miedo a ser cuestionado. En estos casos resulta especialmente importante disponer de espacios privados, protegidos y libres de juicio donde poder elaborar emocionalmente lo que está viviendo.
Cuando un deportista dice que usa el dolor o la nostalgia como fuerza para rendir mejor, ¿qué lectura psicológica podemos hacer?
Las emociones intensas pueden convertirse en una poderosa fuente de motivación cuando se regulan adecuadamente. Transformar la nostalgia o el deseo de volver con la familia en un propósito competitivo puede ayudar a mantener la concentración y aumentar la perseverancia durante momentos de gran exigencia.
No obstante, existe una diferencia importante entre utilizar una emoción como impulso y reprimirla por completo. Si el dolor solo se canaliza hacia el rendimiento sin encontrar espacios para ser procesado emocionalmente, puede terminar manifestándose posteriormente en forma de agotamiento, ansiedad o bloqueo. El objetivo no es eliminar las emociones difíciles, sino aprender a integrarlas de una manera saludable, permitiendo que convivan con el compromiso profesional sin comprometer el bienestar psicológico.







