El vínculo con los padres es una necesidad casi vital para el recién nacido. No puede sobrevivir solo y no solo por la incapacidad de alimentarse o cuidarse a sí mismo, sino porque precisa de afecto y atención. Muchos niños sobreviven a circunstancias muy complejas en sus primeras etapas vitales sin haber contado con ello. Pero esto puede tener una serie de secuelas que no solo se circunscriben al aspecto de sus relaciones y emociones, sino que dejan una impronta en su salud física.
El Dr. Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, y la Dra. María Eugenia Herrero, psiquiatra y consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio, son expertos en el tema y han participado recientemente en el XXVII Ateneo de Bioética, donde se ha reflexionado sobre los efectos adversos de la carencia afectiva en las etapas más tempranas de la vida. Hemos charlado con ellos a este respecto.
¿Qué es lo que espera un recién nacido cuando viene al mundo en sus primeros días de vida en relación a la cercanía con su madre?
Un recién nacido necesita establecer interacciones afiliativas desde el mismo momento del nacimiento. Y esto no ocurre solo en nuestra especie, como atestiguan múltiples estudios en aves, roedores, primates e incluso algunos invertebrados. En los seres humanos (y en primates no humanos) se demuestra también la importancia de establecer vínculos afectivos, que tienen lugar casi de forma restringida en un inicio con la madre o cuidador principal, en quien encuentra proximidad y contacto, primaria y previamente al aporte de alimento, cuidado y protección. La propensión del neonato a establecer ese vínculo afectivo temprano tiene una fuerte base innata, genética y biológica, de cuya interacción precoz con el medio surgirán las conductas de apego.
Si hablamos de apego temprano, ¿qué sucede cuando el bebé sufre una separación prolongada de su madre, por ejemplo, si hay una hospitalización o un abandono?
La importancia de esas interacciones tempranas se evidencia en las graves y a veces muy duraderas consecuencias que tiene la exposición del neonato o la cría en sus primeras etapas de vida extrauterina a condiciones adversas de muy diversos tipos. En el ser humano, la ausencia de una madre o cuidador sustitutivo válido, al igual que la desatención o negligencia graves por parte de estos, son quizá las formas más habituales de maltrato temprano, a veces asociadas con el abuso físico o sexual, la violencia doméstica o la pobreza extrema.
La hospitalización, por sí misma, no debería ser causa de graves consecuencias en el bebé si es acompañado por su madre (o cuidador cercano y afectivo) y es estimulado y acompañado. El abandono, o la negligencia grave respecto a los cuidados que el bebé necesita, sí es causa suficiente para que éste pueda sufrir un trastorno de la vinculación al serle hurtada la paulatina generación de la confianza básica, de ser respondido a sus demandas en sus primarias necesidades de alimentación, sueño, contacto, bienestar... Y es desde esa confianza básica desde donde el recién nacido, día a día, va percibiendo y aprendiendo el contacto con el mundo y podrá, o no, ir sintiéndose seguro y creando bases seguras, pilares de su incipiente salud mental.
Estas condiciones de carencia se asocian de forma significativa con el desarrollo de una variedad de trastornos graves de la salud mental en etapas posteriores de la vida, incluyendo cuadros psicóticos, ansiedad, depresión, impulsividad y dificultades en la adaptación social y trastornos adictivos. Incluso se ha demostrado una asociación significativa entre la acumulación de experiencias adversas tempranas en la infancia y un riesgo de muerte prematura, tanto en humanos como en primates no humanos observados en libertad.
Esas experiencias tempranas que no son ideales en el contacto madre-hijo, ¿dejan alguna impronta en el menor?
Sí, dejan bases de inseguridad, falta o deficiencia en la vinculación afectiva a una figura protectora y necesaria –la madre– y generan un apego deficitario de la relación social y afectiva del niño en crecimiento. Y si son graves y duraderas, las secuelas también lo serán. El niño con apego inseguro no se atreverá a explorar mundo y su maduración cerebral, social, global, presentará déficits, especialmente relacionales.
¿Cómo afecta al cerebro del bebé y a su desarrollo en general que falle de forma continua el apego con sus padres?
Si quisiéramos indicar un solo sistema como centro de los efectos negativos producidos por el maltrato temprano, estos serían los sistemas de regulación y respuesta al estrés crónico y su asociación con los sistemas de motivación y recompensa. En síntesis, una alteración temprana de las respuestas de estrés puede conducir en la etapa adulta, según los casos, a unas exageradas elevaciones de cortisol ante cualquier situación de tensión psicológica, o una incapacidad de reacción ante esas situaciones. La alteración de los sistemas de motivación y recompensa por defecto daría lugar a anhedonia [incapacidad de disfrutar con las cosas] y, por exceso, a las adicciones.
Se han descrito múltiples alteraciones de regiones cerebrales, en particular el hipocampo, la amígdala y diversas regiones corticales relacionadas con funciones ejecutivas, cognición social y procesamiento emocional. Además de modificaciones estructurales y conectivas en el cerebro, fueron alteraciones del electroencefalograma (EEG) en jóvenes que habían sufrido en su infancia maltrato físico, sexual o psicológico las primeras en detectarse, hace poco más de 30 años. Ha contribuido notablemente al conocimiento de estas alteraciones duraderas del EEG los estudios de seguimiento de casi tres décadas de los niños de Rumanía recogidos desde su nacimiento en orfanatos muy inadecuados, sometidos a privaciones y abusos diversos desde edades muy tempranas. Tras años de posterior acogimiento o adopción familiar, muchos (aunque no todos) seguían mostrando anomalías biológicas y conductuales, en relación inversa con la duración de su estancia inicial en los orfanatos.
Existen diferencias en los cambios cerebrales estructurales y funcionales que muestran adolescentes y jóvenes según el tipo de maltrato sufrido, por ejemplo, aquellos expuestos a abandono y negligencia, o a agresiones directas tempranas. También influyen en estas diferencias la edad de ocurrencia del estrés/maltrato así como su duración. Y los efectos a largo plazo no ocurren solo en el cerebro. Alteraciones de diversos sistemas hormonales, además de los relacionados con el estrés, un incremento de procesos inflamatorios crónicos, o una aceleración de procesos de envejecimiento y acortamiento de la esperanza de vida son fenómenos asociados a la existencia de maltrato precoz en la infancia.
¿Qué efectos tiene sobre la construcción de la personalidad adulta un apego inadecuado en la edad infantil?
Los efectos duraderos mencionados antes tienen, evidentemente, consecuencias negativas. Y especialmente preocupante es el hecho de que, como se ha demostrado concluyentemente en animales de experimentación, existe una transmisión epigenética, transgeneracional, de efectos negativos de conductas maternales deficitarias sobre las hijas, que a su vez exhibirán los mismos rasgos de conducta sobre sus hijas.
Por el contrario, mejores expectativas ha creado la constatación de que cambios “enriquecedores” del ambiente pueden revertir los efectos del maltrato temprano a niveles moleculares, fisiológicos o psicológicos, y que los períodos “sensibles” o “críticos” en que tales reversiones pueden ocurrir no son cerrados y deterministas, sino probabilísticos, de modo que es posible que, al menos en algunos aspectos, estos períodos de mayor vulnerabilidad, pero también de mayor plasticidad, puedan reabrirse y permitan un reajuste, o “recalibración”, de sistemas que habían sido alterados tempranamente.
Aun aceptando que las consecuencias a largo plazo de los defectos de desarrollo cerebral y psicológico impuestos por el maltrato temprano no sean enteramente suprimibles, esa “recalibración” alberga esperanzadoras posibilidades de generar intervenciones efectivas sobre niños mayores o adolescentes gravemente dañados en su infancia temprana. Y también, y muy importante, que esta recalibración podría asimismo activarse durante el embarazo y periodo perinatal en las madres.
¿De qué forma se puede trabajar un apego inadecuado en el niño y en el adulto?
Si el Trastorno del Apego y de la Vinculación podríamos llamarlo enfermedad de la desconfianza, ¿qué hacer para generar confianza básica en este niño , adolescente o joven vulnerable? ¿Cómo hacerle sentir seguro e importante para alguien? Requiere tiempo y esfuerzo grande el ayudarle en la generación de una autoestima que le haga sentirse válido, no merecedor de abandono, maltrato o abuso, no culpable de ello (como muchos se sienten). Sentirse querido y validado en sus capacidades y deseos y logros. Y que le genere esperanza e ilusión de futuro, de crear proyectos personales y luchar por ellos. Desde la Salud Mental y los equipos profesionales de nuestros Hogares/Comunidades Terapéuticas de Sirio, nosotros tratamos de hacerlo, con un recorrido de casi ya 30 años y con niños, adolescentes y jóvenes que sufrieron mucho en los primeros años de su vida y que hoy, muchos son ya hombres y mujeres con familias, que saben quererse y querer, luchadores y críticos para saber pedir ayuda y también darla.











