La emoción es real en el campo cuando, a sus 20 años, Carmen grita "¡mamá!". Ella y Beatriz, de 55, juegan en el mismo equipo de rugby y entrenan juntas en DiCaFit Wellness Club, un centro en el que su fundador, Álvaro Díaz Carazo, "hace familia" y fomenta un sentido de pertenencia entre sus clientes, a los que llama "dicatletas". Carmen y Beatriz valoran especialmente poder pasar tiempo juntas y compartir una afición. "La conexión es mutua y vivimos experiencias que unen más que un desayuno", señalan.
Compartir una actividad con alguien va mucho más allá del tiempo que se pasa juntos. También puede convertirse en una forma de construir vínculos. Carmen y Beatriz no son las únicas que han encontrado en el deporte un espacio para compartir.
Esther, de 56 años, y Silvia, de 59, practican pádel juntas y también entrenan en DiCaFit. Ellas pueden confirmar que se han hecho amigas gracias al deporte y no al revés. "Al pertenecer a un club te sientes conectada con gente de distintas edades, capacidades e inquietudes, pero que comparte contigo las ganas y el reto de mejorar", explican.
Hacer tribu: los beneficios de unirte a un club y compartir aficiones
El fenómeno no se limita a las relaciones personales. También está cambiando la forma en la que concebimos los espacios de ocio, trabajo y entrenamiento. Por eso cada vez abren sus puertas más centros que buscan reunir en un mismo entorno actividad, bienestar y comunidad. Es el caso de BuildMode, un centro de entrenamiento para emprendedores creado por Desi Lozoya. "Cada vez valoramos más nuestro tiempo y buscamos espacios que encajen con nuestra forma de vivir. Poder entrenar, trabajar, cuidarte y relacionarte en un mismo lugar simplifica mucho el día a día", apunta Lozoya. Para él, hacer tribu consiste en "crear relaciones donde compartir, aprender y ayudarnos de forma natural".
Sentir que se forma parte de algo ayuda a salir de una mirada excesivamente individual de los problemas
Y precisamente esa capacidad para relacionarnos con los demás tiene mucho que ver con lo que la psicóloga Esther Boada, del centro Sukha, define como "inteligencia social". "Es nuestra capacidad para entender a los demás y saber relacionarnos de una manera adecuada en diferentes contextos. Supone saber escuchar, interpretar lo que la otra persona nos está transmitiendo, empatizar y adaptar nuestra forma de comunicarnos al contexto".
Sentimiento de pertenencia
Para la psicóloga, pertenecer a una comunidad presencial proporciona algo muy importante psicológicamente: sensación de pertenencia. "Sentir que formas parte de algo genera seguridad". También nos ayuda a salir de una mirada excesivamente individual de nuestros problemas. "Compartir tiempo y experiencias con otras personas nos permite apoyarnos, relativizar preocupaciones y sentir que no tenemos que gestionar todo solos", añade la experta.
Cultivar relaciones sociales
"Las relaciones reales necesitan tiempo y naturalidad. Compartir momentos cotidianos y conocernos poco a poco", explica Boada. La especialista advierte de que, con las redes sociales, todo sucede demasiado rápido. Al final, no necesitamos estar rodeados de gente constantemente ni tener una vida social enorme. Requerimos de vínculos significativos y, sobre todo, tiempo para construirlos. Quizá por eso los clubes y las aficiones compartidas están recuperando un valor que va mucho más allá del ocio: nos obligan a escuchar y a apoyarnos. Ahora que podemos hablar con cualquiera en cualquier instante, la presencialidad semana tras semana puede ser una de las maneras más sencillas de volver a sentir que pertenecemos a algo.
Lectura, pádel, running, cerámica... Nunca es tarde para apuntarse a un club o a un taller... y hacerlo con estilo.
Networking natural
En la práctica profesional del networking, somos muy conscientes de que nos relacionamos para establecer contactos, y eso puede hacer que estemos más pendientes de qué decimos, qué imagen damos o qué puede pensar el otro de nosotros. Cuando sentimos que tenemos que resultar interesantes, la espontaneidad se reduce y la relación puede percibirse como más forzada. En cambio, cuando existe una afición compartida, pueden desarrollarse lazos laborales sin que exista ese objetivo previo.
3 beneficios de compartir aficiones y 'membresía'
- Apoyo mutuo. A Andrea de Ayala, coach y responsable del running club de Oysho, el asfalto le ha permitido conocer a sus mejores amigas y también a su marido. Para ella, una de las claves está en el apoyo mutuo. "Creces cuando sientes que estás donde estás, después de mucho esfuerzo, porque alguien ha tirado de ti y ves que, al mismo tiempo, tú has sido el apoyo de otra persona" explica.
- Haces hueco. Según la experta, la pertenencia a un grupo también puede funcionar como un pequeño antídoto contra la tendencia a abandonar aquello que nos cuesta. Quedar para entrenar, acudir a una clase o presentarse cada semana en un club requiere cierto esfuerzo y obliga a priorizar ese momento dentro de una agenda llena.
- Estar presente. Uno de los fenómenos más paradójicos de nuestra época es que podemos estar en contacto con muchísimas personas y, al mismo tiempo, sentirnos solos. Compartir una afición presencial nos aleja del móvil y hace que conectemos de verdad.









