La neurociencia explica por qué algunas personas dicen "sí" a todo automáticamente en lugar de intentar ponerse en primer lugar


Nuestra experta en desarrollo cognitivo nos revela qué tres preguntas conviene hacerse antes de aceptar hacer aquello que, en realidad, no podemos o no nos interesa sumar a nuestra lista de tareas.


Una mujer sonriente mirando a cámara sentada en su sofá© Getty Images
Elisa García FayaRedactora de Belleza y Estar Bien
1 de octubre de 2026 a las 6:57 CEST

Hemos aprendido a asociar el "sí" con ser buenos, estar disponibles, ayudar y sentirnos necesarios. La terapeuta, conferenciante, escritora, compositora, mentora y empresaria, Catalina Hoffmann lo tiene claro: "Decir que sí nos hace sentir que estamos cumpliendo con los demás, aunque por dentro sepamos que estamos agotados". Según la también creadora del método Neurofitness, muchas veces creemos que decir "no" va a generar un conflicto, que vamos a decepcionar a alguien o que van a pensar que somos egoístas. Y, ese, sin ir más lejos, es el motivo por el que acabamos aceptando cosas que realmente no podemos asumir. 

Para ella, el problema va más allá del solo hecho de tener que encontrar la manera de gestionar nuestro tiempo para llevar a cabo aquello que nos hayamos comprometido a hacer. "El problema es que ese "sí" que damos hacia fuera muchas veces se convierte en un "no" hacia nosotros mismos", dice Catalina. Pero no todo está perdido. Muchas veces, para respirar tranquilos, solo tenemos que dar carpetazo a ciertas creencias limitantes y ponernos en valor. Las creencias limitantes son pensamientos o idea que una persona acepta como verdades absolutas, a pesar de no tener pruebas reales de que lo son y que, generalmente, frenan su desarrollo.

Una mujer despertándose con la luz del sol en la cama© Getty Images

Lo que vales no depende de lo que haces por los demás 

Según Hoffmann, cuando pensamos que valemos más o menos en función de lo que hacemos o dejamos de hacer por los demás, poner un límite nos puede hacer sentir culpables. "Pensamos: "si puedo ayudar, debería hacerlo". Pero poder hacer algo no significa que tengamos que hacerlo siempre", matiza la experta en desarrollo cognitivo. "Tenemos que aprender a diferenciar entre ayudar porque queremos y ayudar porque sentimos que estamos obligados a hacerlo para sentirnos válidos", sostiene. 

Una mujer con los brazos en alto tomándose un respiro a la luz del sol© Getty Images

Señales de que has llegado al límite y tienes que aprender a decir 'no'

Según Catalina, hay ciertas señales que nos sirven de alerta para saber que tenemos que priorizarnos y dejar de complacer siempre a los demás: "Podemos empezar a estar más irritables, más cansados, tener menos paciencia, dormir peor o sentir que cualquier pequeña cosa nos supone un esfuerzo enorme. También podemos empezar a perder las ganas de hacer cosas que normalmente disfrutamos". Y por encima de estas, Hoffmann habla de una sensación que no podemos pasar nunca por alto: "has llegado al límite cuando empiezas a sentir que todo lo que haces es una obligación y no tienes espacio para ti". 

En ese punto, en palabras de la experta, "conviene parar y preguntarnos: "¿Cuánto de lo que estoy haciendo lo estoy eligiendo realmente y cuánto lo estoy haciendo porque siento que tengo que hacerlo?". Una vez hayamos dado respuesta a esta cuestión, solo toca aprender a decir que "no" sin sentirnos culpables y sin tener la sensación de que estamos siendo demasiado egoístas. En este sentido, nuestra especialista apunta varios pensamientos clave:

  • Poner un límite no significa dejar de cuidar a los demás. También significa empezar a cuidarnos a nosotros mismos.
  • Un "no" no tiene por qué ser una respuesta fría ni agresiva. Podemos decir: "Ahora mismo no puedo", "No llego a esto" o "Prefiero no comprometerme porque no voy a poder hacerlo como me gustaría".
  • Y algo muy importante: no necesitamos justificar cada límite que ponemos.

"La culpa puede aparecer al principio, porque estamos haciendo algo diferente a lo que estamos acostumbrados. Pero sentir culpa no significa que estemos haciendo algo malo", advierte Catalina. "A veces simplemente significa que estamos aprendiendo a priorizarnos", añade. 

Ponte fit desde cero© Born

El truco infalible para empezar a priorizarte

Muchas veces, cuando alguien nos pide algo, decimos que sí automáticamente sin siquiera habernos parado a pensar. Según Catalina, una de las cosas más sencillas que podemos hacer es dejar de responder inmediatamente. "Cuando alguien nos pide algo, en lugar de contestar automáticamente "sí", podemos decir: "Déjame pensarlo y te digo", invita. "Parece una frase muy pequeña, pero nos da un espacio para escucharnos antes de comprometernos", explica. 

"Y en ese momento podemos preguntarnos tres cosas: ¿Tengo tiempo? ¿Tengo energía? ¿Realmente quiero hacerlo?", continúa la especialista. "Si alguna de las respuestas es no, quizá ese "sí" automático necesite convertirse en un límite. Porque aprender a decir que "no" también consiste en aprender a no responder desde el impulso. A veces necesitamos unos segundos para recordar que antes de comprometernos con alguien también podemos preguntarnos qué necesitamos nosotros", recuerda. 

Mujer con manicura natural y cuidada apoyando el rostro sobre la mano© @mathilde_roien

Así que ya sabes, antes de llegar a ese punto de estallido en el que no puedas más, antes de volarlo todo por los aires o romper a llorar, escúchate, pregúntate qué necesitas y date espacio. Decir "no" es muy necesario porque nadie va a cuidar de ti ni va a velar por ti ni te va a priorizar tanto como lo puedes hacer tú y es a partir de tu salud y de tu bienestar desde donde puedes crecer y construir todo lo demás.