Con la llegada de los meses estivales, el cambio de armario y las deseadas jornadas de sol, suele aparecer un invitado inesperado que empaña nuestra comodidad: esa incómoda sensación de pesadez que transforma nuestras sandalias favoritas en un calzado estrecho y hace que los anillos apenas salgan de los dedos. ¿Por qué nuestro cuerpo reacciona de forma tan distinta cuando suben las temperaturas en comparación con los meses de invierno?
Para comprender qué le sucede exactamente a nuestro cuerpo durante la época de calor, hemos hablado con Elena Parejo, responsable del área de nutrición del Club Metropolitan (www.clubmetropolitan.com), quien nos desvela la raíz de este fenómeno estival. "Cuando hace calor, nuestro organismo pone en marcha diferentes mecanismos para mantener estable la temperatura corporal. Uno de los efectos más habituales es la sensación de hinchazón, especialmente en zonas como el abdomen, las piernas, los tobillos o las manos", explica la experta.
Por qué te hinchas más en verano
Esta reacción es, en realidad, una respuesta de supervivencia. El cuerpo humano es una máquina perfecta que busca la homeostasis. Traducido a lenguaje natural: para enfriarse, dilata los vasos sanguíneos (un proceso llamado vasodilatación) con el fin de que la sangre fluya más cerca de la piel y disipe el calor. Sin embargo, este alivio térmico tiene un precio secundario: la gravedad y la presión hacen que los líquidos se filtren más fácilmente hacia los tejidos circundantes, acumulándose en las extremidades.
A esta respuesta física natural se le suma un cambio radical en nuestro estilo de vida diario. Las vacaciones y el relax veraniego, aunque necesarios para la mente, a veces pasan factura a la agilidad de nuestro organismo. Según detalla la responsable de nutrición de Club Metropolitan, el origen de este problema es multifactorial: "Modificamos nuestras rutinas y, en muchos casos, reducimos la actividad física diaria, lo que favorece una peor circulación y una mayor retención de líquidos. Además, el calor provoca una mayor sudoración, con la consiguiente pérdida de agua y minerales. Para compensar esta situación, el organismo activa mecanismos de ahorro y retención de líquidos, lo que puede traducirse en una mayor sensación de pesadez e inflamación".
Básicamente, al sudar, el cuerpo entra en una especie de 'modo pánico' si no reponemos los líquidos adecuadamente, guardando reservas de agua de forma interna para no deshidratarse. Si a esto le sumamos que el terraceo, las cenas frente al mar y los aperitivos se vuelven los protagonistas de la agenda, el escenario se complica. "Es frecuente comer más fuera de casa, consumir más alcohol, aperitivos salados, comidas copiosas o alimentos ultraprocesados. Todos estos factores contribuyen a aumentar la retención de líquidos y la sensación de hinchazón", advierte Elena Parejo.
El manual de verano para recuperar la ligereza
La buena noticia es que no estamos destinados a pasar el verano sintiéndonos pesados. Modificando ciertos hábitos estratégicos en nuestra mesa y en nuestro día a día, podemos revertir el proceso de forma natural y efectiva.
Paradójicamente, el primer paso para eliminar el agua sobrante es beber más. La especialista del Club Metropolitan tumba uno de los mitos más extendidos: "La hidratación es la principal herramienta para combatir la hinchazón asociada al calor. Aunque pueda parecer contradictorio, cuanto mejor hidratado está el organismo, menos necesidad tiene de retener líquidos. Por eso es importante beber agua de forma regular a lo largo del día y reponer también los minerales que perdemos a través del sudor".
Nuestra cesta de la compra también debe transformarse para aliarse con la temporada, llenándose de frescura y color. En este sentido, Elena Parejo nos invita a llenar el plato de alimentos inteligentes: "Conviene priorizar alimentos ricos en agua, especialmente frutas y verduras de temporada como la sandía, el melón, el pepino, el calabacín, las fresas o los cítricos. Son productos que aportan hidratación, vitaminas y minerales, y que ayudan al organismo a adaptarse mejor a las altas temperaturas".
Por el contrario, existen ciertos ingredientes de los que conviene huir sutilmente si queremos bajarnos de la báscula de la inflamación. El enemigo número uno en estos meses es, sin duda, el sodio. Así lo confirma la experta: "También es recomendable reducir el consumo de sal, ya que favorece la retención de líquidos. Embutidos, snacks salados, conservas y productos ultraprocesados suelen contener cantidades elevadas de sodio y pueden intensificar la sensación de hinchazón". Como idea: una excelente alternativa para sazonar tus platos veraniegos es sustituir la sal de mesa por especias frescas o un toque de limón.
Como alternativa para contrarrestar los efectos del sodio, existe un mineral que se convierte en el mejor aliado de tus piernas y abdomen: el potasio, encargado de regular los fluidos celulares. "Contribuye al equilibrio hídrico del organismo. Lo encontramos en alimentos como el plátano, el kiwi, las espinacas o las legumbres, que pueden ser grandes aliados durante los meses de calor", asegura Elena Parejo.
Digestiones ligeras y movimiento: la combinación ganadora
El diseño de nuestros menús estivales no solo importa por los ingredientes, sino por el volumen de los mismos. Con los termómetros rozando máximos, el cuerpo desvía la energía a enfriarse, dejando el sistema digestivo en un segundo plano más lento.
Por ello, la experta aconseja adecuar las porciones al clima reinante: "Es aconsejable evitar las comidas excesivamente copiosas o muy grasas. Con las altas temperaturas, el proceso digestivo puede resultar más pesado y lento, generando una mayor sensación de inflamación abdominal. Lo ideal es apostar por comidas más ligeras, con proteínas de calidad, abundantes verduras y una reducción del consumo de alcohol y refrescos azucarados". Un gazpacho fresco seguido de un pescado a la plancha con verduras, por ejemplo, es una opción ideal que mantiene el abdomen plano y el cuerpo con energía.
Claro que, todas estas pautas no servirían apenas si el sedentarismo protagoniza nuestra vida. Para cerrar el círculo del bienestar estival, no debemos olvidar que el movimiento es el motor que activa nuestro sistema linfático y circulatorio, ayudando a bombear los líquidos de vuelta hacia el corazón. "Caminar, nadar o realizar ejercicio moderado favorece la circulación y ayuda a reducir la retención de líquidos. Incluso pequeños gestos como darse duchas frescas o evitar permanecer muchas horas sentado pueden contribuir a disminuir la sensación de hinchazón y mejorar el bienestar general durante el verano", concluye la experta.










