Nuestra pasión por las sopas frías cuando el calor aprieta es ilimitada. Como ilimitadas son también sus variantes: de los tradicionales gazpachos, salmorejos, ajoblancos… hasta sopas más originales. Hoy vamos a detenernos en una versión del salmorejo clásico que, en lugar de tomate, incluye remolacha. Realmente no es una variante (en Córdoba pocos llamarían salmorejo a algo así), pero sí que la técnica y el uso de ingredientes como el pan, el aceite y el ajo son iguales.
El resultado es una crema fría, cargada de color y de nutrientes, que se presenta como una opción deliciosa para dar variedad a los menús estivales.
¿POR QUÉ LA REMOLACHA FUNCIONA COMO SUSTITUTO DEL TOMATE?
Aunque el tomate es el ingrediente que define el salmorejo tradicional, la remolacha puede convertirse en una alternativa sorprendente gracias a su textura, su sabor y su capacidad para obtener una crema también sedosa. Al triturarla, especialmente cuando está cocida o asada, aporta una consistencia densa que recuerda a la del tomate maduro y permite conseguir un resultado muy cremoso sin necesidad de añadir grandes cantidades de líquido.
Además, su dulzor natural combina muy bien con el resto de ingredientes característicos del salmorejo, como el pan, el ajo y el aceite de oliva virgen extra. A ello se suma su característico sabor ligeramente terroso, una de las señas de identidad de la remolacha, que aporta profundidad y personalidad a la crema. Para que el conjunto resulte equilibrado, basta con incorporar un toque de vinagre suave o unas gotas de limón, que compensan tanto ese matiz terroso como el dulzor natural de la hortaliza y aportan frescor.
Otra de sus grandes ventajas es el color. La remolacha proporciona un intenso tono fucsia o granate que convierte esta receta en un plato muy vistoso, perfecto para sorprender en una comida de verano sin complicarse demasiado en la cocina.
A diferencia del tomate, cuyo sabor puede variar mucho según la temporada, la remolacha cocida mantiene un perfil más estable durante todo el año. Además, hoy en día es muy fácil encontrarla ya cocida y envasada, lo que permite preparar esta crema fría en apenas unos minutos.
PROPIEDADES NUTRICIONALES DE LA REMOLACHA
Más allá de su llamativo color, la remolacha destaca por ser una hortaliza muy interesante desde el punto de vista nutricional. Puede comprarse fresca para cocerla o asarla en casa, pero también, como decíamos, ya cocida y envasada al vacío, una opción muy práctica que conserva buena parte de sus nutrientes y facilita la preparación de recetas rápidas. Entre sus principales beneficios destacan:
- Es rica en antioxidantes. Su intenso color se debe a las betalaínas, unos pigmentos con capacidad antioxidante que ayudan a proteger las células frente al daño oxidativo.
- Aporta vitaminas y minerales. Contiene folatos (vitamina B9), potasio, manganeso y pequeñas cantidades de vitamina C, nutrientes implicados en funciones como el metabolismo energético o el correcto funcionamiento del sistema nervioso.
- Es una buena fuente de fibra. La fibra favorece la salud digestiva, ayuda a aumentar la sensación de saciedad y contribuye al mantenimiento de la microbiota intestinal.
- Tiene un bajo aporte calórico. Está formada en gran parte por agua y aporta alrededor de 40-45 kcal por cada 100 gramos, por lo que puede formar parte de una alimentación equilibrada.
RECETA DE SALMOREJO DE REMOLACHA, PASO A PASO
Ingredientes (4 personas)
- 500 g de remolacha cocida.
- 120 g de pan blanco del día anterior (preferiblemente con buena miga).
- 70-80 ml de aceite de oliva virgen extra.
- 1 diente de ajo pequeño (sin el germen).
- 1 cucharada de vinagre de Jerez suave o de vino blanco.
- Sal al gusto.
- 50-100 ml de agua muy fría (solo si fuera necesario para ajustar la textura).
Para una versión más cremosa (opcional)
- 2 cucharadas de yogur natural o 80 g de queso fresco batido.
ELABORACIÓN
-Corta el pan en trozos y colócalo en un bol. Humedécelo ligeramente con unas cucharadas de agua para que se ablande durante unos minutos.
-Introduce la remolacha cocida en el vaso de la batidora o del robot de cocina y tritúrala hasta obtener un puré completamente fino.
-Añade el pan escurrido y el ajo. Tritura de nuevo durante varios minutos para conseguir una mezcla homogénea y sin grumos.
-Sin dejar de batir, incorpora el aceite de oliva virgen extra en un hilo fino. De este modo, la crema irá adquiriendo una textura sedosa y brillante, similar a la del salmorejo tradicional.
-Agrega el vinagre y la sal. Prueba la crema y rectifica si fuera necesario con un poco más de vinagre, sal o unas gotas de limón para equilibrar el dulzor de la remolacha.
-Si queda demasiado espesa, añade poco a poco agua muy fría hasta alcanzar la consistencia deseada.
-Guarda el salmorejo en la nevera durante al menos una hora para que esté bien frío y los sabores se integren por completo.
VARIANTES Y TOPPINGS: CÓMO PERSONALIZAR TU SALMOREJO DE REMOLACHA
Una de las ventajas del salmorejo de remolacha es que admite múltiples versiones. Se puede modificar ligeramente la receta base para cambiar su sabor o su textura, y también personalizar el plato con distintos toppings justo antes de servir.
Algunas variantes:
- Con yogur natural o queso fresco batido. Incorporar un par de cucharadas durante el triturado aporta una textura todavía más cremosa y un ligero toque ácido que equilibra el dulzor de la remolacha.
- Con fruta incorporada a la crema. Añadir media manzana verde o una naranja pelada al triturado proporciona un punto más fresco y afrutado, ideal para los días más calurosos.
- Con remolacha asada en lugar de cocida. Al asarla en el horno, la remolacha concentra más sus azúcares naturales y desarrolla un sabor más intenso y complejo.
- Con un toque de especias. Una pizca de comino, pimienta negra o incluso jengibre fresco rallado aporta matices diferentes sin enmascarar el sabor de la remolacha.
Algunas ideas de toppings:
Una vez preparado el salmorejo, estos ingredientes ayudan a aportar contraste de sabores y texturas:
- Queso de cabra o queso feta. Su punto salino y ligeramente ácido equilibra el dulzor de la remolacha y aporta un interesante contraste cremoso. También es buena opción un queso tipo cottage.
- Huevo duro picado. Es el acompañamiento más clásico del salmorejo y también funciona perfectamente en esta versión, añadiendo proteínas y una textura suave.
- Jamón serrano crujiente. Unas virutas de jamón ligeramente tostadas en la sartén o en el horno aportan un contrapunto salado muy agradable.
- Frutos secos. Nueces, avellanas o pistachos picados añaden un toque crujiente y combinan especialmente bien con la remolacha.
- Frutas frescas. Dados de naranja, gajos de mandarina o manzana verde aportan un extra de frescor y una acidez que equilibra el conjunto.
- Hierbas aromáticas. Eneldo, cebollino, menta o albahaca fresca realzan el aroma del plato sin restar protagonismo a la remolacha.
- Semillas. Sésamo, pipas de calabaza o semillas de girasol ligeramente tostadas ofrecen un acabado crujiente y muy vistoso.
IDEAS DE EMPLATADO
El salmorejo de remolacha destaca por su intenso color, por lo que merece la pena cuidar la presentación.
En platos hondos blancos, el contraste cromático resulta especialmente llamativo y permite lucir los diferentes toppings.
Si se sirve como primer plato en una comida informal, los cuencos individuales de cerámica o barro ayudan a mantener la crema fresca durante más tiempo y aportan un aire más casero.
Para un aperitivo o un cóctel de verano, una buena opción consiste en presentarlo en pequeños vasos o vasitos de chupito, decorados con unas gotas de aceite de oliva, brotes tiernos o queso desmenuzado.
También puede servirse en copas bajas de cristal transparente, donde el color intenso de la crema se convierte en parte de la decoración de la mesa.
ERRORES MÁS COMUNES AL PREPARAR UN SALMOREJO
Como ves, la preparación de esta receta es muy sencilla, pero es preciso tener en cuenta algunos errores habituales para evitarlos y obtener así el mejor resultado.
- Utilizar demasiado ajo. La remolacha tiene un sabor más delicado que el tomate, por lo que un exceso de ajo puede dominar completamente la receta.
- Elegir un pan inadecuado. Lo ideal es utilizar pan del día anterior con abundante miga. Si se emplea pan muy duro, integral o con semillas, la textura final puede resultar menos fina.
- Añadir el aceite de golpe. Incorporarlo poco a poco mientras se bate favorece la emulsión y consigue una crema mucho más sedosa.
- No equilibrar el dulzor. La remolacha necesita un toque de acidez. Si se omite el vinagre o el limón, el resultado puede resultar excesivamente dulce.
- Servirla sin enfriar. Como ocurre con el salmorejo tradicional, el sabor mejora notablemente después de reposar en la nevera durante al menos una hora.
- No triturar lo suficiente (ni colar la crema si es necesario). Un batido prolongado permite obtener una textura fina y homogénea. Si la batidora no es muy potente o quedan pequeñas fibras de la remolacha o restos del pan, pasar la crema por un colador fino o un chino ayudará a conseguir un acabado mucho más sedoso.
- Preparar demasiada cantidad para varios días. Aunque se conserva bien en el frigorífico durante dos o tres días en un recipiente hermético, conviene removerla antes de servirla, ya que con el tiempo puede separarse ligeramente la emulsión.










