“Sentí una gran emoción y quise abrazarla, sabía que la soberana estaba muy dolida, pero aunque estábamos solos yo no podía tocarla, (es la Reina y no una princesa)... Yo no vi la preocupación y el dolor de una Jefa de Estado, sino el de una madre y el de una abuela", declara Paul Burrell refiriéndose a su encuentro con la Reina.
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“El veneno que invadió a Diana nada tenía que ver con la Reina. Su Majestad no es capaz de lastimar a nadie y Diana sabía, cuando murió, que la Soberana no era uno de sus enemigos. Nunca había existido odio entre ambas y nunca hubo rivalidad".



6 NOVIEMBRE 2002
Paul Burrel, el hombre de confianza de Lady Diana, recientemente absuelto del proceso en el que se le acusaba de apropiarse de 310 objetos personales de la Princesa gracias al excepcional testimonio indirecto de la reina Isabel II, ha vuelto su mirada a atrás y ha relatado al Daily Mirror, el periódico en el que se están publicando sus memorias, la angustia que sufrió la Soberana después de la muerte de su nuera y su desesperación ante las frías relaciones entre el palacio de Buckingham y el palacio de Kensington, la que fuera residencia de la Princesa de Gales.

Tuvo lugar esta cita secreta entre la Reina y el mayordomo de la Princesa de Gales meses después de que ésta falleciera en un trágico accidente de coche en París... Y fue, sin lugar a dudas, este acercamiento de la Soberana a un antiguo sirviente, un hecho sin precedentes en el palacio de Buckingham. Isabel II estaba desesperada por estrechar lazos con la princesa Diana y llamó a Paul Burell para decirle: "Intenté alcanzarla y hablar con ella muchas veces. No pudo ser”.

Su Majestad no era un enemigo
Sentados uno enfrente del otro, en su residencia de Londres, la Reina le expresó su preocupación y le hizo partícipe del abatimiento que sentía al no haber podido conseguir llegar al corazón de Diana. En un tono solemne y reservado, la Soberana compartió con el mayordomo su angustia diciéndole: “Le escribí muchas, muchas cartas, Paul." El mayordomo le respondió conmovido: "Sé de la existencia de esas cartas, las vi, y también sé que la Princesa le contestó siempre, pero el problema era, Su Majestad, que usted hablaba en blanco y negro y la princesa en color”

...Eran palabras llenas de afecto y comprensión, como ha reconocido cinco años después de aquel encuentro privado con la Reina: “Sentí una gran emoción y quise abrazarla, sabía que la soberana estaba muy dolida, pero aunque estábamos solos yo no podía tocarla, (es la Reina y no una princesa)... Yo no vi la preocupación y el dolor de una Jefa de Estado, sino el de una madre y el de una abuela. Sentía su sufrimiento y su pena y la consolé diciéndole que Diana sabía que Su Majestad no era un enemigo... La gente creía que había cierta tirantez entre ambas, pero eso no era verdad. Lo que no se sabía es que se cartearon hasta el final y que aquellas misivas, escritas de su puño y letra, fueron enviadas por la Reina con la intención de recuperar la comunicación con Diana... Su Majestad le escribía en momentos muy difíciles y la Princesa respondía mostrando su respeto y devoción por la Soberana, encabezando sus cartas con ‘Querida mamá’... Es cierto que las relaciones entre los Windsor y Diana estaban rotas, pero ambas mujeres compartían un deseo: reunir a una familia feliz.”.

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