Playa Blanca es el gran destino del sur de Lanzarote, donde una sucesión de arenales de aguas cristalinas se abre paso entre paisajes volcánicos, antiguos caminos de lava y pequeñas calas protegidas del viento. Desde las famosas playas de Papagayo hasta las tranquilas aguas de Flamingo o el animado ambiente de Playa Dorada, este rincón de la isla ofrece opciones para todo tipo de viajeros sin perder la esencia de un litoral privilegiado.
Situada en el municipio de Yaiza, frente al estrecho de La Bocaina que separa Lanzarote de Fuerteventura, Playa Blanca nació como un pequeño pueblo de pescadores y hoy ha sabido conservar un litoral diverso donde se alternan playas urbanas con calas casi vírgenes y algunos de los paisajes más representativos del origen volcánico de la isla.
Papagayo, la joya natural del sur de Lanzarote
Si hay una playa capaz de resumir la belleza del litoral de Playa Blanca esa es, sin duda, Papagayo. En realidad, no se trata de un único arenal, sino de una sucesión de siete calas protegidas dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, un espacio de enorme valor ecológico donde el paisaje permanece prácticamente inalterado.
Aquí las montañas volcánicas descienden hasta el mar formando pequeñas ensenadas de arena dorada bañadas por aguas transparentes de un intenso color turquesa. La orientación de la costa protege las playas de los alisios, lo que convierte este rincón en uno de los mejores lugares de Lanzarote para disfrutar de un baño tranquilo durante buena parte del año.
Cada cala tiene su propia personalidad. Playa Mujeres destaca por ser la más amplia; Caleta del Congrio ofrece uno de los amaneceres más bonitos de la isla; Caleta de Papagayo, recogida entre acantilados, es probablemente la imagen más fotografiada de este litoral, mientras que playa del Pozo conserva un importante valor histórico al estar vinculada a los primeros episodios de la conquista castellana del archipiélago.
Aunque durante el verano suele registrar una elevada afluencia, el conjunto mantiene un marcado carácter salvaje. Apenas existen servicios, más allá de algún establecimiento de restauración cercano, por lo que conviene acudir preparado con agua, protección solar y todo lo necesario para pasar el día.
Cómo acceder a las playas de Papagayo
El acceso al espacio protegido se realiza por una pista de tierra que parte desde Playa Blanca. Los vehículos particulares deben abonar una tasa destinada a la conservación del entorno, mientras que también existe la posibilidad de llegar caminando o en bicicleta para disfrutar del paisaje con mayor tranquilidad.
Una vez dentro, un mismo camino permite acceder a las distintas playas, por lo que resulta sencillo recorrer varias de ellas en el mismo día.
De Playa Dorada a Flamingo: las playas más cómodas para disfrutar en familia
Si Papagayo representa la cara más salvaje del litoral, las playas urbanas de Playa Blanca ofrecen una experiencia completamente distinta, con todos los servicios.
Playa Dorada es una de las favoritas gracias a su amplia bahía de arena fina, sus aguas tranquilas y el paseo marítimo que la conecta con buena parte del núcleo turístico. Muy cerca se encuentra Marina Rubicón, desde donde parten excursiones en barco, salidas de buceo y numerosas actividades náuticas.
Algo más al oeste aparece playa Flamingo, una playa resguardada por diques que la convierten en una de las mejores opciones para familias con niños pequeños gracias a la calma de sus aguas y a la cercanía de restaurantes, comercios y zonas de ocio.
En el centro del municipio se encuentra playa Blanca, la playa que dio nombre a la localidad. De menor tamaño, conserva el ambiente relajado de un antiguo pueblo marinero y es perfecta para hacer una pausa durante un paseo por el frente marítimo.
Costa Rubicón, donde el paisaje volcánico se encuentra con el Atlántico
Entre Marina Rubicón y Papagayo se extiende uno de los paisajes más característicos del sur de Lanzarote. La llamada Costa Rubicón toma su nombre de las tonalidades rojizas que adquieren las antiguas coladas volcánicas y de la cercana Montaña Roja, uno de los volcanes más reconocibles de esta parte de la isla.
En este recorrido aparece también la playa de las Coloradas, mucho más tranquila que las anteriores, y el castillo de las Coloradas o torre del Águila, una pequeña fortificación levantada en el siglo XVIII para proteger la costa de los ataques piratas y vigilar el tránsito marítimo entre Lanzarote y Fuerteventura.
QUÉ VER CERCA DE LAS PLAYAS DE PLAYA BLANCA: NATURALEZA, ARTE Y PAISAJES VOLCÁNICOS
Museo Atlántico, el único museo submarino de Europa
A pocos metros de la costa, frente a Marina Rubicón, se encuentra una de las propuestas más originales de Lanzarote. Este museo subacuático reúne cientos de esculturas creadas por el artista Jason deCaires Taylor, concebidas como arrecife artificial y visitables mediante inmersión con equipos de buceo.
Los Charcones, piscinas naturales entre coladas de lava
Al oeste de playa Flamingo, un paseo junto a la costa conduce hasta estas piscinas naturales excavadas por el océano sobre la roca volcánica. Sus aguas cristalinas y el contraste entre la lava negra y el azul del Atlántico convierten el lugar en uno de los rincones más fotogénicos del sur de la isla.
Los Hervideros, el espectáculo del océano golpeando la lava
Cuando el mar está embravecido, las olas penetran por las cuevas y galerías abiertas en la roca volcánica, lanzando columnas de espuma que parecen hacer hervir el océano. Es uno de los fenómenos naturales más espectaculares de Lanzarote.
Isla de Lobos, una excursión imprescindible desde Playa Blanca
Apenas media hora de navegación separa Playa Blanca de esta pequeña isla protegida situada frente a Fuerteventura. Sus senderos entre volcanes, las playas de aguas transparentes y las rutas para recorrerla caminando o en bicicleta la convierten en una de las excursiones más recomendables para quienes pasan varios días en el sur de Lanzarote.











