La humanización de los cuidados antes y después del parto se va haciendo cada vez más una realidad en la mayoría de las maternidades y hospitales, en la línea de lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras entidades como la IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia) de Unicef.
Por ello, los partos son menos intervencionistas cuando no hay necesidad médica, en las cesáreas ha habido cambios para que madre y bebé puedan estar juntos desde el comienzo y se tiende a la separación cero entre la mujer y su hijo, siempre que las eventualidades de salud lo permitan.
En torno a 4,4 de cada mil partos acaban con la mujer en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por distintas complicaciones que se pueden presentar. Una iniciativa del Hospital Quirónsalud Valle del Henares de Torrejón de Ardoz (Madrid), trata de que ambos puedan permanecer juntos también en este espacio de forma segura.
¿Qué madres se pueden beneficiar de estar junto a sus bebés?
"Las pacientes candidatas suelen presentar patologías que requieren vigilancia intensiva, pero que no afectan a su capacidad para interactuar con el recién nacido", comentan las doctoras Marcela Hómez Guzmán y María Velázquez de Cuéllar, jefas de Servicio de Medicina Intensiva y Pediatría, respectivamente, del citado hospital.
Las situaciones más frecuentes son:
- Preeclampsia o hipertensión arterial posparto.
- Hemorragia obstétrica ya controlada y estabilizada.
- Vigilancia tras cesáreas complejas o complicaciones quirúrgicas.
- Necesidad de monitorización hemodinámica estrecha.
- Alteraciones metabólicas que requieren observación intensiva.
"Por el contrario, suelen constituir criterios de exclusión la ventilación mecánica, la sedación, la inestabilidad hemodinámica o cualquier situación que impida una interacción segura entre la madre y su hijo", comentan. Por ejemplo, cuando hay riesgo vital para la mujer, un nivel de conciencia materno no adecuado para el cuidado del niño, que ella esté aislada por una patología infectocontagiosa que pueda transmitirse al neonato... O bien que el pequeño precise de monitorización continua o controles clínicos frecuentes, o deba permanecer en Cuidados Intermedios o también en Cuidados Intensivos.
Sin embargo, otras situaciones deberían ser evaluadas una por una y no impiden esta estancia conjunta. Por ejemplo es el caso de la necesidad de oxígeno (de alto o bajo flujo) o de la administración intravenosa de suero, analgesia o antibióticos.
Unos cuidados que se asumen en compañía
Este protocolo se basa en una humanización y cuidados centrados en la familia, adaptándolos a una UCI de adultos en la que se integra el recién nacido bajo criterios estrictos de seguridad clínica. "La seguridad del recién nacido es prioritaria. La estancia conjunta solo se autoriza cuando tanto la situación clínica materna como la neonatal cumplen criterios de estabilidad previamente establecidos", señalan.
"La madre y el bebé permanecen en habitaciones individuales. Además, se aplican medidas estrictas de higiene, control de infecciones, limitación de visitas y seguimiento pediátrico diario. El recién nacido no queda expuesto a procedimientos o situaciones de riesgo propios del entorno de cuidados críticos. Su estado clínico es reevaluado diariamente por Neonatología y cualquier cambio que pueda comprometer su seguridad supone la retirada inmediata del programa de convivencia conjunta", explican las Dras. Hómez y Velázquez.
Otra de las pautas básicas de este programa es que debe haber un acompañante principal con la madre y su bebé para que ella no tenga que asumir (aun con la ayuda y supervisión constante del equipo médico) el cuidado en solitario de su hijo.
Los beneficios innegables para la madre y su bebé
Esta práctica, que está poco extendida, pero que tiene precedentes en otros centros médicos internacionales, "ha demostrado beneficios en términos de establecimiento de la lactancia materna, fortalecimiento del vínculo afectivo, reducción de la ansiedad materna y mayor satisfacción familiar", indican las especialistas.
De hecho, tal como subrayan, "existe evidencia sólida que demuestra que evitar la separación precoz madre-hijo se asocia a menores niveles de ansiedad, menor estrés emocional, mejor percepción de la experiencia posparto, mayor confianza en el rol materno y mejores tasas de lactancia materna". Además, diversos estudios sobre mujeres ingresadas en unidades de críticos "identifican la separación del recién nacido como uno de los factores que generan mayor impacto psicológico durante el ingreso".
Madre y bebé pueden permanecer juntos en la UCI siempre que la reevaluación diaria que se lleva a cabo por intensivista, ginecólogo y pediatra sea favorable. "Mientras la madre permanezca estable, el recién nacido continúe sano y se mantengan las condiciones de seguridad establecidas en el protocolo, la convivencia puede mantenerse hasta el alta hospitalaria de la madre. Si aparece cualquier situación que comprometa la seguridad de alguno de los dos, el programa se suspende de forma inmediata y se establece una alternativa asistencial para el recién nacido", concluyen.







